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6 Opinión MIÉRCOLES 9 11 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA ANTONIO CERDÁ CERDÁ CONSEJERO DE AGRICULTURA Y AGUA DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA DE MURCIA EL OFICIO MÁS ANTIGUO A Conferencia de París de 1902 incluyó entre sus acuerdos uno internacional para la lucha contra la prostitución y, en aquellos años primeros del XX, fueron diversas las iniciativas de la Sociedad de Naciones para tratar de remediar los males, desde higiénicos a morales, que se derivan de la que algunos llaman la profesión más antigua del mundo. Un siglo después, como para demostrar que nunca pasa nada, seguimos en las mismas. Ha cambiado, quizás, la etiología social del mal; pero ellas- -y, aunque menos en número, también ellos- -siguen ahí, en las esquinas, en una situación de alegalidad que acentúa los males que, para la sociedad y para las M. MARTÍN personas, se derivan de FERRAND tan triste oficio. Según Alberto Ruiz- Gallardón, que no sé cómo los habrá contado, novecientos mil hombres utilizan cada día en España los servicios de las prostitutas. Muchos parecen, pero ahí está Madrid como punta de lanza en tan viejo como ineficaz combate. El Ayuntamiento, a mitad de camino entre la pudibundez y la responsabilidad, ha puesto en marcha una campaña que trata de erradicar el mal. Porque tú pagas existe la prostitución nos dice Gallardón a dúo con su concejala de Servicios Sociales, Ana Botella. Eso viene a ser como discutir si fue primero el huevo o la gallina, un ejercicio dialéctico tan entretenido como estéril y, en consecuencia, bastante superficial. Supongo que en lo que atañe a la prostitución habrá un cierto equilibrio entre la demanda- -los que pagan- -y la oferta- -las que cobran- Centrar la responsabilidad en una sola de las partes es, además de ingenuo, una fórmula típica del sermoneo en el desierto. La prostitución es un mal, una desgracia social, en la que concurren dos conjuntos de fracasos: el de las prostitutas os y el de sus clientes. Perseguirlas a ellas u hostigarles a ellos, como con distintas intensidades se hizo siempre, no traerá la solución del mal. En nuestro tiempo, además, la prostitución no sólo es consecuencia del más o menos ordenado deseo sexual de sus practicantes y usuarios, sino, sobre todo, alivio para el síndrome de soledad que nos sacude. Todo cuanto existe y, no siendo deseable, no resulta posible erradicarlo, solo puede ser reconducido y acotado en su perversidad con un planteamiento legal. Sé que no van por ahí las voces dominantes en los púlpitos y en los parlamentos; pero, a partir de la existente realidad, sólo la legalización de la actividad, su normativa y su acotamiento a escenarios no públicos, aliviarían, cuando menos en lo sanitario y en lo cívico, los males de tan triste comercio carnal. Así, además, se le evitaría a quien ocupe esta columna en los albores del XXII el recordar la pudibundez inútil del Ayuntamiento de Madrid en el nacimiento del XXI, como yo recuerdo hoy por su estéril buena intención los desvelos de la Sociedad de Naciones en los arranques del XX. L TODO EL EBRO PARA CAROD ROVIRA El autor analiza el blindaje sobre el agua del Ebro que establece el proyecto de nuevo Estatuto catalán, que otorga unilateralmente a la Generalitat competencias que son propias del Estado y no de una comunidad autónoma E habla y se escribe mucho últimamente sobre si Cataluña debe llamarse nación, o no, en el preámbulo de su estatuto de autonomía. Pero no se habla ni se escribe de otras aberraciones contenidas en ese texto con el que los independentistas catalanes pretenden romper la unidad de España y colar por la puerta de atrás una reforma inaceptable de nuestra Constitución. Me refiero al artículo 117 del mencionado Estatuto aprobado por el Parlamento catalán, que establece, entre otras competencias, que la Generalitat debe emitir un informe determinante para cualquier propuesta de trasvase de cuencas que implique la modificación de los recursos hídricos de su ámbito territorial Y por si esto fuera poco, añade otro que dice así: La Generalitat es competente para ejecutar y regular la planificación hidrológica de los recursos hídricos y de los aprovechamientos hidráulicos que pasen o finalicen en Cataluña o provenientes de territorios de fuera del ámbito estatal español... S tas colocaban de adorno en la bandeja trasera del coche, y cuando este se ponía en marcha el muñeco movía el cuello y decía permanentemente sí. Para Rodríguez Zapatero, por lo visto, todo vale con tal de mantenerse en el poder. Cuando uno lee estas cosas se le abren las carnes. Es evidente que cuando el presidente José Luis Rodríguez Zapatero anunció que aceptaría cualquier estatuto que aprobara la Cámara legislativa de esa Comunidad, no sabía con quién se jugaba los cuartos. O sí. Lo cierto es que su permanente entreguismo ante las exigencias de los independentistas catalanes le hace parecerse a esos muñecos de cuello articulado que los automovilis- El Estatuto catalán pretende bloquear expresamente cualquier posibilidad de un futuro trasvase del Ebro, que es como pretender que toda el agua de ese río sea para Carod Rovira. No es de recibo que los independentistas catalanes quieran apropiarse de los ríos por la vía estatutaria. Sencillamente, porque no son suyos. El agua es de todos los españoles, como dicta la ley. Nuestra Constitución establece que la legislación, ordenación y concesión de recursos y aprovechamientos hidráulicos cuando las aguas discurran por más de una comunidad autónoma corresponde al Estado. Por su parte, la Ley de Aguas establece que la cuenca hidrográfica como unidad de gestión del recurso se considera indivisible Además, también la Directiva Marco del Agua establece como uno de los principios rectores de la gestión en materia de aguas el respeto a la unidad de cuenca hidrográfica, de los sistemas hidráulicos y del ciclo hidrológico, un texto que impone asimismo a los estados miembros la obligación de velar para que se elabore un plan hidrológico de cuenca para cada demarcación hidrográfica situada totalmente en su territorio. -Ahora consiste en culpar de la falta de inspección en nuestras contratas públicas al Gobierno de Aznar, por haber llevado a España a la guerra de Irak