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ABC MIÉRCOLES 9 11 2005 Opinión 5 MEDITACIONES REBOBINANDO C aldera riza el rizo y le echa la culpa a la fatiga de los materiales O sea, que el viaducto de Granada, una obra en construcción, se viene abajo por culpa de una viga cansada. Hay frases que nada más pronunciarlas te asaltan y no hay manera de quitártelas de encima. Por ejemplo, los hilitos de plastilina de Rajoy. Había que ver a Caldera, por entonces azote del PP, haciendo chanza de las palabras del ex vicepresidente del Gobierno, recordando la frasecita de marras, dale que te pego con los hilitos de plastilina que no se le caía al hombre de la boca. Ahora, lo que son las cosas, Caldera nos ilustra con esta fatiga de los materiales que, casi sin querer, provoca un movimiento reflejo en la memoria. Emerge el diario de sesiones del Prestige para, rebobinando, poner a cada uno en su sitio. MARCO AURELIO LEER Y PENSAR ZP, ENTRE MINGOTE E IÑAKI TEORÍA DE LAS FICCIONES DE JEREMY BENTHAM I Marcial Pons Barcelona, 2005 215 páginas 16 euros I Bentham vibrátil Se equivocan quienes creen que con el pensamiento de Bentham sucede lo mismo que con su apergaminado cuerpo. Bastaría que tomaran entre sus manos este breve trabajo suyo para comprender que sus ideas siguen vibrando entre los dedos del lector. De hecho, una cosa es la imagen que exhibe a los ojos de aquéllos que, paseando por los corredores del University College londinense, se dan de bruces con su momia y otra, muy distinta, es la portentosa capacidad de sugerencia que sigue alojando su monumental obra. Así, Teoría de las ficciones es una ducha de agua fría que espabila y reprende con estremecimientos musculares de la atrofia de pensar que el derecho y la justicia son un remanso de paz cívica, alimentada con dosis más o menos copiosas de universales y recreaciones metafísicas de muy diversa procedencia. En este sentido, la denuncia de Bentham es un nuevo evangelio de utilidad en el que la mirada escéptica del sabio inglés nos desvela que el Derecho es un compendio basado en ficciones que la mayoría de las veces no puede ocultar que sirve a siniestros y oscuros intereses de policroma autoría. JOSÉ MARÍA LASSALLE ÑAKI es Gabilondo. ¿Qué Iñaki va a ser? Iñaki no hay más que uno, y yo me lo encontré en la calle. En la calle Rafael González Abreu, cuando con el novelista Manuel Barrios íbamos a derribar la dictadura a base de tertulias literarias en Radio Sevilla. Y de la cadena nueva donde sale el piso que Polanco le ha puesto a Gabilondo en forma de telediario, lo que más me gusta es la mesa. ¿Dónde has comprado esa mesa, Iñaki? ¿Quedan más, que quiero poner una así en el salón? Tan pendiente estaba de la mesa im- po- si- ble, deslumbrado por la carpintería de la modernidad, que apenas me fijé en que emitían reportajes tan progresistas como el que daba en directo la ministra de Fomento sobre el hundimiento del viaducto, reportera a pie de obra, mujer- orquesta de la información, la opinión y el por aquí te quiero ver. Me encanta el telediario de Iñaki, qué poderío: de becarias tiene ANTONIO a las ministras. Esta noche, a las 9, BURGOS estaré como un clavo delante de tu pantalla, viejo amigo Iñaki. No me pierdo por nada del mundo a Carmen Calvo de becaria, alcachofa en mano, informando, ¿qué te digo yo? de la nueva colección de manolos que Nati Abascal ha traído a su tienda de Serrano. -Pero se le fue una a Iñaki. ¿Cuál? -Hombre, que igual que la becaria Magdalena Alvarez informaba sin periodista alguno de la catástrofe del viaducto, en la cuestión de la Infantita podía haber aprovechado la collada, ya que la Princesa de Asturias es del gremio televisivo. Tenía que haberle dado a Doña Letizia una alcachofa, una cámara y ¡pista que va la artista! Que ella misma hubiera informado de lo gorda y retotolluda que está Doña Leonor. El me come muy bien hubiera tenido así una credibilidad infinita. Y tan pendiente estaba de la ebanistería progre de la mesa del telediario de Iñaki, que, la verdad, me hice un lío. ¿Quién presenta el telediario de autor de la Cuatro, que es como un homenaje a los buenos tiempos de José María Carrascal, pero sin la chaqueta azul de dorados botones de Alfonso de Hohenlohe y sin la corbata de colorinches espantosos? (La corbata era a Carrascal como a Iñaki la mesa horrorosa. La duda me la plantearon los guiñoles que vinieron después. ¿Después o antes? ¿Cuándo empiezan los guiñoles? ¿Después del hombre del tiempo o antes? Lo que sale a las 9, ¿no es acaso el guiñol de mi admirado, mi viejo compañero Iñaki? Tiene que ser el guiñol de Gabilondo, seguro: éste no es Iñaki. Un profesional de la calidad de Iñaki no le entrega la alcachofa a Magdalena Álvarez así como así para que haga televisión de autoayuda: constrúyase usted misma la información oficial que más le convenga. Cuanto más me fijaba, más dudas me entraban por el cuerpo: el que sale en el guiñol presentando el telediario, ¿es mi querido Iñaki o es El Fary? La perplejidad me dominó cuando se puso apatrullando la ciudad. La ciudad de París, naturalmente. Esto es lo malo de la realidad: acaba imitando al arte hasta en los nuevos medios audiovisuales regalados a peluz por el Gobierno. Lo de ZP, igual. Sacó luego Iñaki (o su guiñol) a ZP en la tribuna de oradores del Senado y no era ZP: era el personaje fantástico y genial que el maestro Antonio Mingote está revelándonos en su impresa pantalla de telediario de aquí arriba. Ya ZP no es del PSOE: es de Mingote. Ante un genio de tal naturaleza, ZP no se atreve a dejar por embustero a Mingote. Como tampoco se atreve el veteranísimo Iñaki: no sacó al ZP del Senado; sacó al ZP de Mingote. ZP no sólo tiene ya la misma cara sonriente con que lo pinta Mingote, sino que habla como en los pies de sus dibujos perfectos, en esta racha antológica que lleva, en la que está ligando una serie con la derecha y unos naturales echándose la muleta a la izquierda que ni su amigo Curro Romero.