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56 Cultura MARTES 8 11 2005 ABC En España, desde el Lazarillo, el realismo casi hizo desaparecer todo lo demás Lo fantástico compite con lo sobrenatural, algo muy peligroso para la religión y el buen sentido alusiones literarias, que las hace, con la pedantería: Bastante terrible sería en el terreno libérrimo de la literatura que uno tuviera que obedecer doctrinas impuestas. Éste es un género muy propicio al homenaje y al esterotipo simbólico, tiene pequeña extensión y es tan poco comprometido que puedes tocar esto, luego aquello y enseguida ir a otra cosa Gozo de vivir La frescura de estos microcuentos exhala un gozo de vivir muy lejano a la tradición hegemónica de la narrativa española: el realismo. Desde que apareció el Lazarillo, el punto de vista realista casi ha hecho desaparecer todo lo demás. Pero ahí está el mundo de lo secreto, lo misterioso y la tradición fantástica desde los libros de caballería o el Conde Lucanor hasta Bécquer... Aunque sí, efectivamente, hay una tradición canónica de gravedad y de seriedad como si la pura invención fuera menos digna de respeto Claro que la pura invención puede lindar con la heterodoxia y, a lo mejor, los censores inquisitoriales preferían que se llamase al pan, pan... Sí, la irrevocable tradición realista algo tiene que ver con la Inquisición y la Contrarreforma, porque jugar con lo fantástico entra en competencia con lo sobrenatural, y ese contacto les parecía muy peligroso para la religión y el buen sentido. Así, libros tan inocentes como El jardín de flores curiosas de Antonio Torquemada, o Silva de varia lección tuvieron problemas o fueron prohibidos José María Merino, ayer en el Círculo de Bellas Artes SIGEFREDO Merino criba la realidad cotidiana en un libro escrito entre sueños y duermevela El narrador presenta sus fantásticos Cuentos del libro de la noche b El mundo misterioso que se abre en sueños y en la duermevela bulle en estos brevísimos relatos que se alimentan de la noche y lo hacen con buen humor TULIO DEMICHELI MADRID. En tan sólo 163 di- vertidísimas páginas (vale el aubiano guión) José María Merino regala a sus lectores nada menos que 85 relatos con sus ilustraciones en estos Cuentos del libro de la noche (Alfaguara) que parecen seguir una tradición de sabor más bien hispanoamericano: Julio Torri, Augusto Monterroso, Juan José Arreola... Algo que el autor enseguida contradice: Juan Ramón Jiménez tiene unos cuentos estupendos del tipo microrrelato (no sé como llamarlo, si breve, meteórico... aunque no en Platero y yo que es un libro de poemas en prosa. Luego, Ramón Gómez de la Serna, en el extensísimo campo de su obra de ficción tiene maravillosos ejemplos de lo mismo, y si me apuran, diría que muchas de sus grueguerías en realidad lo son. Y claro, Max Aub también, aunque no sé si por contaminación mexicana, porque ya antes de exiliarse era escritor de textos muy cortos Pues bien, estos relatos brevísimos nos instalan en un universo muy próximo y tan cotidiano que remite al embozo de la cama y a la duermevela, ese estado de la atención en el que pueden darse alucinaciones y viajes astrales. Un mundo más allá de la vigilia que está sacudido por el absurdo, la perplejidad, la paradoja e incluso la retranca del humor, todo ello pasado por la noche y el sueño, que son temas románticos y surrealistas. Estaré totalmente fuera de época- -afirma el narrador- pero yo me siento muy romántico y muy surrealista. Los temas de la no- che y el sueño conectan, efectivamente, con esos movimientos pero, también, con esa actividad humana tan antigua como tener en cuenta el mundo que linda con el más allá para las premoniciones, el oráculo, la adivinación... y la medicina: los antiguos griegos curaban con los sueños Merino tampoco tiene que ver con las obediencias estéticas, ni sus citas y Alonso Cueto gana el Herralde con La hora azul una novela que hurga en la guerra de Sendero Luminoso DAVID MORÁN BARCELONA. Alonso Cueto (Lima, 1954) coloca una lente de aumento sobre Sendero Luminoso para ofrecer un ingreso en el reino de la maldad y una exploración de las zonas más oscuras de las familias según aseguró a ABC vía telefónica. Egipto de Manuel Pérez Subirana (Barcelona, 1971) resultó finalista en este premio de la editorial Anagrama dotado con 18.000 euros. Autor de una decena de libros de cuentos y narrativa, y considerado por la crítica como el relevo generacional de Mario Vargas Llosa, Alonso Cueto relata en La hora azul la historia de Adrián Ormache, un próspero abogado limeño cuya vida da un vuel- co tras las muerte de su padre, un militar que, según descubre, estuvo a cargo de un cuartel en la zona de Ayacucho durante la guerra de Sendero Luminoso. Allí se enamoró de una prisionera a la que perdonó la vida y con la que convivió antes de que esta escapase. El descubrimiento de esta historia pone a Adrián sobre la pista de esta misteriosa mujer, algo que le llevará a emprender un paseo por ese infierno que siempre había tenido dentro apuntó Cueto. Inspirada en un hecho real, como la reciente Grandes miradas La hora azul pretende recoger el momento preciso en que todos los secretos que guardan los individuos son revelados y salen a la superficie. Siempre me ha fascinado la capacidad de los hombres para cargarse de mentiras y seguir viviendo como si no pasase nada señaló Cueto. Para el escritor peruano, la vinculación directa de la novela con una episodio real de la historia de su país se debe a la necesidad de aplacar penas y frustraciones La historia de América Latina sigue siendo una historia convulsa que no hemos terminado de asumir- -aseguró Cueto- y un país como Perú, tan lleno de historias terribles, es un infierno para los seres humanos y un paraíso para los escritores Un decubrimiento, aunque en este caso de un recuerdo, es también el detonante de Egipto novela finalista con la que Manuel Pérez Subirana da continuación a Lo importante es perder recreando el diario de un perdedor vocacional que, tras descubrir que está muerto por dentro El libro que relata la intensa y agitada relación que el personaje entabla con su entorno y consigo mismo.