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ABC MARTES 8 11 2005 Internacional 33 LA DETENCIÓN DE FUJIMORI Chile se niega a expulsar al ex presidente de Perú y abre el proceso de extradición La llegada del dirigente prófugo tensa aún más las relaciones con Lima b Alberto Fujimori, sobre quien Una intensa actividad política y sentimental en Japón b Durante su estancia en Tokio se pesan 21 procesos judiciales, llegó el domingo a Santiago desde Japón en un vuelo privado y se alojó en un hotel, donde fue detenido LIBIO PÉREZ. CORRESPONSAL SANTIAGO. El ex presidente peruano Alberto Fujimori deberá afrontar un proceso de extradición solicitado por la Justicia de su país a Chile, después de su sorprendente llegada el pasado domingo a Santiago, donde permanece bajo arresto preventivo. Fujimori, que tiene 21 procesos judiciales en su contra desde el año 2000 cuando huyó a Japón, llegó a la capital chilena en un vuelo privado desde Tokio, vía Atlanta y México, y se alojó en un lujoso hotel, donde doce horas después fue detenido por la Policía tras la orden del juez de la Corte Suprema Orlando Álvarez. Desde la llegada a Santiago del controvertido ex presidente hasta la madrugada del lunes, cuando fue detenido, la confusión que generó en los gobiernos del peruano Alejandro Toledo y del chileno Ricardo Lagos produjo intensas consultas diplomáticas. El presidente Toledo solicitó de inmediato la expulsión del ex mandatario, que también tiene nacionalidad japonesa, pero el canciller chileno, Ignacio Walker, explicó que la orden internacional de captura emitida por Perú hace cinco años no tiene validez en Chile, por lo que la única salida viable para la incómoda situación es que la Justicia peruana inicie un proceso de extradición. Apenas un par de horas después de la conversación del canciller chileno con el presidente peruano llegó a Santiago una solicitud de arresto con el ha rodeado de amistades tan peligrosas como la de un falso príncipe y algunos políticos de la ultraderecha acusados de corrupción P. M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. Hace ahora cinco años, Alberto Fujimori protagonizó uno de los capítulos más esperpénticos de la política internacional cuando, siendo todavía presidente de Perú, aprovechó un viaje oficial para huir del acoso judicial que sufría en su país. Así, tras participar en una cumbre de naciones de Asia y del Pacífico en Brunei, se refugió en Japón, lugar de procedencia de sus padres, y envió por fax su dimisión desde un hotel de Tokio. Aunque el nuevo Gobierno peruano solicitó su repatriación para ser juzgado, las autoridades niponas se ampararon en que no había un acuerdo de extradición entre ambos países para negarse a cumplir dicho requerimiento. Desde entonces, El Chino como se le conocía popularmente en Perú por sus rasgos asiáticos, ha permanecido oculto en un lugar secreto de Tokio. Pero eso no significa que el ex presidente haya estado retirado de la vida pública, ya que desde su página web (www. fujimorialberto. com) ha criticado al Ejecutivo de Lima y ha recordado los logros de su mandato. Fujimori es conducido a un centro de detención escoltado por policías chilenos fin de iniciar un proceso de extradición que ya entrada la noche del domingo el Gobierno chileno cursó con la Justicia. Durante la madrugada del lunes, el juez Álvarez emitió la orden de arresto y Fujimori fue trasladado a la Escuela de la Policía de Investigaciones, en la periferia de la capital. EFE No contaba con su arresto Alberto Fujimori entró en Chile con un pasaporte peruano y acompañado de cuatro asesores, con la explícita intención de promover su campaña presidencial desde Santiago para luego trasladarse a Lima y participar en las elecciones de abril de 2006. Según uno de sus asesores, el ex presidente no contaba con el arresto, ya que dos ex colaboradores permanecen en Chile desde hace cinco años y la Justicia chi- lena ha rechazado su extradición. La llegada de Fujimori a Santiago se produjo en el peor momento de las relaciones bilaterales entre Chile y Perú, después de que este último país aprobara una ley que fija un nuevo límite marítimo en la frontera común. El propio presidente Lagos dijo ayer que espera que la situación generada por Fujimori no sea un nuevo obstáculo en la relación de ambos países. Más explícito fue el canciller, quien al mismo tiempo que descartó la expulsión de Fujimori, dijo que le parece imprudente e irresponsable haber llegado en estas condiciones a Chile Fujimori solicitó ayer mismo su libertad, casi al mismo tiempo que llegaba a Santiago una delegación de alto nivel del Gobierno peruano encabezada por el ministro del Interior, Rómulo Pizarro. Novia karateca Además, y según explicó en septiembre su novia, Satomi Kataoka, al diario estadounidense Knight Rider, Fujimori ha estado preparando su vuelta a la arena política. Se pasa 12 horas al día consultando internet y organizando sus movimientos manifestó esta experta en kárate de 38 años, que reveló haber rechazado varias proposiciones de matrimonio del ex dirigente peruano, quien tiene ya 67 años. Auténtico orgullo para los sectores más nacionalistas de Japón, este hijo de emigrantes que llegó a dirigir un país extranjero durante diez años mantiene estrechos contactos con destacados políticos de la ultraderecha nipona, algunos de ellos acusados de corrupción y compra de votos. Y es que, durante su estancia en el archipiélago, se ha rodeado de amistades tan peligrosas como la del falso príncipe Arisuwaga, que se autoproclamaba miembro de la familia imperial y acabó siendo detenido por fraude. A pesar de estos reveses para su maltrecha reputación, Fujimori asegura en su página web que espera poder trabajar pronto en Perú y que acude al encuentro de su destino. De momento, lo ha hallado en la figura de los policías que lo detuvieron en Chile. Sus críticos creen que comienza a hacerse Justicia y sus partidarios que se trata de una hábil estrategia CECILIA VALENZUELA. CORRESPONSAL LIMA. Parecía que lloraba. Se cubría la mitad del rostro con la mano izquierda y, de rato en rato, sus dedos se detenían en sus lagrimales. Alberto Kenya Fujimori Fujimori, 67 años, otrora poderoso presidente de Perú, era conducido en silencio, sentado junto a una de las ventanas traseras de un coche de la Interpol chilena, a un centro de detención policial en Santiago. La imagen paralizó a todo Perú. Unos sienten que la Justicia empieza a encarnarse; otros quieren creer que es una estrategia de su líder que sabe lo que hace. A las tres de la tarde del domingo, los teléfonos empezaron a sonar en todas las redacciones de Lima. El diario chileno La Segunda anuncia- ba, en su edición en internet, que el prófugo ex presidente estaba en Santiago, alojado en el hotel Marriot. La Cancillería gestionó su arresto apenas se recuperó de la sorpresa que el país en pleno se había llevado. El Ejecutivo y las autoridades judiciales pensamos que Fujimori nunca se movería de Japón dijo poco después de confirmarse la noticia el primer ministro, Pedro Pablo Kuczynski. En una primera reacción, el presidente de Perú, Alejandro Toledo, agradeció ayer al Gobierno chileno la detención de Alberto Fujimori, en medio de la preocupación de algunos legisladores que creen que la extradición supondrá una reducción de los delitos que se le imputan. Quiero expresar mi agradeci- miento público a Chile por un primer paso dado dijo Toledo. El mutismo de sus correligionarios indica que Fujimori no contaba con que sería detenido en Chile. Dos de sus cómplices, el publicista Daniel Borobio y el ex editor del diario Expreso, Eduardo Calmell del Solar, viven enSantiago prófugos de la Justicia peruana. De hecho, sus seguidores habían organizado un mitin esa noche para festejar el inicio de su regreso. Pero a las pocas horas la fiesta se les aguó. La experiencia que los chilenos que ahora gobiernan vivieron con el ex dictador Augusto Pinochet y la situación tensa que se vive entre ambos países, a causa de una controversia en la delimitación marítima, jugaron en contra del prófugo ex mandatario. Para los peruanos sería una afrenta que el Gobierno de Ricardo Lagos deje huir de nuevo a Alberto Fujimori. En Perú, más allá de sus fantasías electorales, al ex mandatario le esperan una veintena de acusaciones judiciales.