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ABC MARTES 8 11 2005 Nacional PRESENTACIÓN DE LA INFANTA DOÑA LEONOR 13 La Infanta permaneció durante IGNACIO GIL la sesión fotográfica en Zarzuela con los ojos cerrados (arriba) A la derecha, la Princesa sujeta la mano de su hija mientras se trasladaban a su residencia en el coche que conducía Don Felipe terre que había detrás. La Infanta Doña Elena dijo que a Don Felipe se le caía la baba con su hija, pero de la Princesa no había dicho nada. No hay duda de que la niña tiene abuela (dos) incluso bisabuela (otras dos) pero la verdad es que con su madre ya tiene cubierto el cupo de piropos. A ver: Es mona, ¿eh? Es preciosa Es muy bonita Es una monada Y porque se tuvieron que ir. Pero tiene razón, la recién nacida es una monada, con esos mofletes tan pellizcables que Doña Letizia pellizcaba de vez en cuando. Aunque no por ello se despertaba la Infanta. Si acaso frunció el ceño (según palabras de Doña Letizia) Quizá por el sol, como señaló Don Felipe. Hora de marcharse. Se acercaron al público que los vitoreaba y se encaminaron hacia el coche que el Príncipe conduciría. En cuanto los Príncipes se fueron, hubo una estampida de parte de ese público jaleador en dirección al altarcito valenciano. La peña arrambló con las flores y hasta con la cinta De tu madre patria ya saben) Más tarde, uno de los que llevaba a cuestas las rosas distraídas hablaba a un reportero de televisión: Le vamos traído unas flores pero no nos ha dado tiempo a dárselas, no nos han dejado los guardias. Somos el pueblo gitano, que queremos a los Reyes y los Reyes son los mejores Pero éstos nada tenían que ver con los que visitaban al familiar. Hemos entrado a la clínica porque como hay más gitanos pues yo me he mezclado como que venía con ellos. He hecho el paripé contaba. Por su lado pasaba una señora más pintada que una puerta, con una falda de volantes y lunares, la chaqueta de un chándal rojo de España, una castañuela en una mano y un conejo blanco en la otra. Una mamá con pantalón y tacones BEATRIZ CORTÁZAR MADRID. Con pantalón y tacones. La imagen que ayer ofreció la Princesa de Asturias al abandonar la clínica Ruber Internacional con su hija en brazos fue la misma que puede ofrecer cuando acompaña a Don Felipe en algún acto oficial de mañana. Únicamente fue al bajar las escaleras cuando le delató la manera en la que lo hizo: con el cuerpo ligeramente ladeado y colocando muy despacio los pies. Es ahí cuando se vio que la cicatriz de la cesárea aún tira y eso que es más que probable que a Doña Letizia ya le habrán quitado los puntos puesto que ha estado siete días ingresada, suficiente tiempo para que la hayan realizado esa cura. Pero su imagen fue de lo más infor- mal. De nuevo recurrió a su diseñador favorito, Felipe Varela, para posar ante los numerosos medios de comunicación que aguardaban ese momento desde el pasado día 31 de octubre, cuando nació Doña Leonor. La Princesa sorprendió a muchos cuando salió por la puerta luciendo pantalón y zapatos de tacón. Sobre todo porque la mayoría de las mujeres que tienen una cesárea saben lo delicada que está esa zona y prefieren utilizar vestidos amplios para evitar roces. Pero Doña Letizia demostró que le gusta llevar pantalones incluso tras dar a luz a su primera hija. De color crudo los combinó con el abrigo de tweed en hueso y crema ribeteado en escote, mangas y bolsillos con un paño marfil dando el efecto de dos prendas cuando realmente era una. Llamó la atención que llevara el cinturón suelto, colgando por los lados y sin una lazada central, así como la melena también suelta y sin el clásico recogido que muchas madres utilizan para evitar que los mechones caigan sobre el rostro del bebé. Antes de posar ante los reporteros a la Princesa le habían maquillado y peinado en su habitación número 10 del Ruber pero su rostro aún reflejaba el final de un embarazo y el cansancio tras una intervención. Con la Infanta en sus brazos, Doña Letizia no paró de sonreír y hablar. En sus manos, que agitaba continuamente, llevaba su alianza de pedida, de oro blanco y brillantes, así como su anillo de casada junto a otro nuevo, también en oro amarillo y con un granate en medio, que bien pudiera ser un regalo por el nacimiento de su hija. Ninguna concesión al rosa Demostrando una vez más que desconocían el sexo de su bebé hasta que nació, a Doña Leonor la vistieron de blanco y hueso sin ninguna concesión al rosa. Su faldón de encaje y su toquilla hubieran valido igual a un niño, en el caso de haber nacido varón. A pesar del frío que ayer hacía en Madrid, a la Infanta no le cubrieron las orejitas con un gorrito y por eso su madre se encargó de que estuviera bien cubierta entre sus brazos donde dormía plácidamente sin enterarse de que en ese instante todos los medios de comunicación giraban en torno a su carita.