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ABC MARTES 8 11 2005 11 Los líderes autonómicos rechazan privilegios en la financiación y que los estatutos agrieten España El Rey inauguró ayer un simposio que conmemora los treinta años de la Monarquía en España UNIDAD, CONTINUIDAD, SUPRAPARTIDISMO FEDERICO TRILLO- FIGUEROA EX PRESIDENTE DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS D Don Felipe y Doña Letizia, con su primogénita en el salón de su residencia Agregó la Princesa que a Don Felipe le encantaba el nombre que han escogido para su primogénita: Leonor, a secas. En la lista de nombres de niña que teníamos siempre le había gustado a él (en referencia al Príncipe) el de Leonor. A él le hacía ilusión y a mí me encantó Mientras Doña Letizia decía que la niña es tranquila, muy tranquilita el Príncipe agregaba que come muy bien y duerme todo el rato Por ello, cuando se le preguntó por el color de los ojos de Doña Leonor, indicó Don Felipe que los abre poquito. De momento, parecen azules, pero no sé, pueden cambiar En cuanto a los parecidos, respondió: Juzga tú ¿A quién la veis parecida? preguntó la Princesa y agregó: Es mona ¿eh? Es preciosa, preciosa El Príncipe confirmó que el bautizo se celebrará después de Navidad en Madrid, aunque el lugar (el Palacio Real o el de La Zarzuela) lo determinarán los Reyes y añadió que todavía no se sabe quiénes serán los padrinos. A la pregunta sobre si mantienen su deseo de tener más de dos y menos de cinco hijos, Don Felipe respondió: Hombre, con esta maravilla... Un sueño. No sabemos, de momento nos adapteremos a ésta No olvidaron los Príncipes agradecer a la Prensa la larga espera a las puertas de la clínica con lluvia y frío en la noche de autos (en alusión a la madrugada de la cesárea) Apenas habían transcurrido unos minutos, pero Don Felipe consideró que a la pequeña le estaba dando mucho el sol Si nos disculpan dijo, y se dirigió con su esposa a saludar a los vecinos que aguardaban su salida. Después, ambos se acercaron al coche. Doña Letizia se sentó detrás, con su pequeña al lado, en un cuco, y Don Felipe, al volante. Los tres se fueron a su residencia del Palacio de La Zarzuela, donde en el salón de la casa de los Príncipes aún les esperaba otra sesión de fotos, en este caso las oficiales, con los abuelos paternos de la Infanta, Sus Majestades los Reyes, y los abuelos maternos, Jesús Ortiz y Paloma Rocasolano. Tampoco en estas imágenes se pudo ver el color de los ojos de Doña Leonor, que en su primer acto institucional seguía dormida. Pero era la primera foto de los tres eslabones de la cadena dinástica. e todas las magistraturas públicas surgidas a lo largo de la historia, la Monarquía es no sólo la más antigua sino una de las pocas que subsisten en el Derecho Constitucional Democrático. En la antigüedad los reyes transpersonalizaban en la comunidad el poder divino. En la Edad Media sobrevivieron al fraccionamiento del poder feudal y lograron escapar de la tenaza entre el papado y el imperio aupándose sobre los hombros de las incipientes burguesías ciudadanas para convertirse en monarquías nacionales. Más costosa fue la transformación de las monarquíasabsolutas de derecho divino en monarquías constitucionales y, finalmente, en monarquías parlamentarias. Pero su pervivencia no sólo demuestra su capacidad de adaptación a la realidad de cada momento histórico sino, sobre todo explica su utilidad para la gobernación del Estado. En primer lugar, porque permite visualizar la historia común de un pueblo en la cúspide de su organización como comunidad política. La Corona es el símbolo de la historia común y, al tiempo, la garantía de su continuidad. De ahí que para nuestra Constitución el Rey sea el símbolo de la unidad y permanencia del Estado (artículo 56) Continuidad de la historia también hacia el exterior y por ello asume nuestra Constitución la más alta representación en las relaciones internacionales especialmente con las naciones de nuestra comunidad histórica. Esa continuidad institucional es la que hace necesario en el orden personal la continuidad de la Dinastía, con escrupuloso respeto al orden sucesorio establecido en la Constitución. En las monarquías parlamentarias contemporáneas el Rey conserva su supremacía constitucional en términos simbólicos: ya no es el Soberano, porque la soberanía corresponde al pueblo representado en el Parlamento; porque ya no es el impulsor ni el director de la Gobernación del Estado que corresponde al Gabinete que tiene la confianza mayoritaria de la Cámara. Para garantizar el adecuadofuncionamiento de esa magistratura simbólica, nuestra Constitución recoge además otro legado de la historia reciente: su carácter arbitral y moderador, como instancia final suprapartidista en la cumbre misma del Estado. Unidad de la Nación, continuidad de su historia y carácter suprapartidista son pues las indudables ventajas de la Monarquía como forma de gobierno. La defensa de estos caracteres son también por ello la única garantía de la continuidad de la institución misma. MÁS QUE UN SÍMBOLO MANUEL MARÍN PRESIDENTE DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS ivimos en unos momentos en los que se opina demasiado de todo y sobre todo. Al hilo del nacimiento de la nueva Infanta, llamada a ser Reina de España, y con el telón de fondo de la reforma de la Constitución en materia de la preeminencia del varón sobre la mujer en la sucesión de la Corona, se están apuntando algunosdiscursos quepretenden revisar también el papel de laMonarquía establecida por la Constitución de 1978. Creo que hayque respetar democráticamente a aquellos que prefieren la forma republicana en la definición del Estado. Dicho esto, creo que deberíamos plantearnos esta cuestión teniendo en cuenta V de dónde venimos y a dónde queremos ir. Nuestra historia no es un prodigio de entendimientos colectivos y nos ha costado mucho encontrar referencias sólidas que nos permitan sentirnos representados en nuestras Instituciones. Elvalor delasInstituciones del Estado como referencia social; el necesario respeto a quienes nos representan ha costado mucho esfuerzo establecerlo y es sin duda uno de los grandes logros de la transición democrática. La Monarquía constitucional ha cumplidocon el papel y conlos objetivos quela Constitución de 1978 les atribuía. El Rey y la Reina y su Familia se han ganado el respeto y sobre todo el cariño de la mayoría de la opinión publica. Comprendo que si tuviéramos una Familia Real acartonada y fría; distante en el protocolo y ajena a las alegrías y a las desgracias de la sociedad española; excesiva en sus comportamientos sociales y pretendiendo dirigir la política del país se podría entender que la formula monárquica no era la adecuada. No ha sido el caso, ni es el caso, ni será el caso. La Monarquía es una referencia, mas que un símbolo, que esta funcionando muy bien para la gran mayoría de los españoles. El Rey ha cumplido siempresu papel institucional en sintonía con el Parlamento y con el Gobierno. El Rey nos fue muy útil en momentos muy difíciles para el Parlamento, para nuestro país. Lo sabemos bien. Así pues, dejemos de enredar con las Instituciones que funcionan correctamente y que cuentan además con el cariñoy elafecto delamayoríadelpueblo.