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ABC MARTES 8 11 2005 Opinión 7 bienes útiles, considerados exclusivamente en atención al fín que en cada práctica le atribuye el manipulador. Precisamente, la ruptura de la distinción entre el humano considerado extracomercio y el bien útil es uno de los aspectos más preocupantes de la regulación jurídica contemporánea. Los deconstructores- -por ejemplo, recientemente la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía- -no se limitan a enfrentar la utilidad inmediata con el valor de lo humano, sino que proceden a un argumento más radical. Considerando los bienes prometidos, por ejemplo, en la manipulación embrionaria, donde la lista de enfermedades tratables no tiene más límites que la imaginación de los propagandistas, se reclama la desprotección completa de la fase embrionaria, es decir, la reducción del hombre, de algunos hombres al menos, a la condición de cosas. No se reclaman beneficios directos inmediatos; es más, progresivamente los beneficios de la medicina reparativa se alejan en el tiempo, situándose en un futuro más o menos lejano, más allá del viaje tripulado a Marte. Lo que se reclaman son los beneficios de la pura investigación, ignorando la condición humana del sujeto, ahora objeto, y desarticulando la protección jurídica. Por ello, cualquier restricción por leve que sea sólo existe para ser superada, de nuevo en paralelo con lo que sucede con los nacionalistas, y cada norma promulgada, por ejemplo la reciente ley de reproducción asistida, entra en tensión inmediatamente con reformas propuestas por los mismos que la acaban de aprobar. El efecto que se logrará es la reducción de algunos sujetos a la condición de objetos, por supuesto, con un fin beneficente. Esto explica la aparente contradicción que plantea la desatención a las vías alternativas respetuosas con la dignidad humana. En última instancia, en el proceso iniciado, que las células procedentes de adultos, sin destrucción de embriones, sean más eficaces para la medicina regenerativa es irrelevante. Lo fundamental es que se desarticule el tabú de la dignidad humana y que en este punto se dé también la vuelta como a un calcetín a las previsiones constitucionales. El Derecho pierde así sus referencias, sumido en una arbitrariedad donde no se mantienen ni las más elementales apariencias formales. LA ESPUMA DE LOS DÍAS PIRÓMANOS F ÁNGEL CÓRDOBA tucionales eran tomadas como obstáculos sorteables en virtud de las necesidades inherentes a las prácticas sucesivamente desarrolladas. El efecto era el progresivo deterioro de las garantías previstas para la protección de la vida humana o lo que se ha denominado desaparición del estatuto del embrión. Es relevante considerar que el proceso ha sido tal que a efectos prácticos es decir, en la regulación jurídica concreta no es posible distinguir entre la consideración que se tiene a determinadas etapas de la vida humana que la que se otorga a las cosas, a los PALABRAS CRUZADAS ¿Tiene alguna utilidad el debate sobre el estado de las Autonomías? LA VERDAD, NO ODEMOS poner todo el acento que se quiera en el debate sobre el estado de las Autonomías, pero la verdad es que sirve de poco. Por no decir que no sirve para nada. La prueba es que no se ha cumplido ni de lejos el compromiso de convocarlo una vez al año y sin embargo no se ha hundido el mundo; las autonomías han seguido con buena o mala salud- -depende- -sin que hayan temblado por la ausencia del debate en la Cámara Alta. Las decisiones importantes que afectan a las comunidades autonómicas se han tomado siempre en La Moncloa, no en la plaza de la Marina Española. Y las decisiones importantes que pueden afectar al futuro mapa autonómico se toman ahora en Barcelona, con el visto bueno de una Moncloa que mira poco por el bienestar del Estado PILAR autonómico, aunque a Zapatero se le haya CERNUDA llenado la boca hablando de solidaridad y de financiación que garantice buenos servicios sociales para todos. Lo que le importa al presidente es que los partidos nacionalistas le garanticen la estabilidad de gobierno, y por tantoapoya el modelo que interesa a los partidos nacionalistas, no el que interesa a la inmensa mayoría de los españoles. El día que el Senado se convierta en Cámara territorial será otra cosa; entonces sí tendrá relevancia lo que allí se discuta. Pero hoy el debate sobre el estado autonómico no es más que una tribuna en la que cada presidente habla de lo suyo. Y punto. ESPERABA MÁS DE ZP, LA VERDAD P R ECONOZCO que esperaba más de la intervención inicial de Zapatero en el debate sobre el estado de las Autonomías, la verdad. Nos diseñó reformas sin duda necesarias, pero se limitó a eso: a generalizar, sin hacer propuestas más concretas y tangibles, sin fijar plazos, sin especificar estrategias y tácticas. Pero ¿qué cooperación interterritorial quiere? ¿Cómo la reforma del Senado? ¿Hasta dónde la nueva financiación? Así, claro, renunció a establecer el debate en el plano de la alta política, a iluminarnos acerca de por dónde ha de caminar la consolidación de la gran polémica territorial que nunca nos ha abandonado: ¿federalismo perfecto, imperfecto, pluscuamperfecto? ¿Otra cosa? Pasó como sobre ascuas por el Estatut, como sobre cristales de botella por la reforma FERNANDO constitucional, fuese y no hubo (casi) naJÁUREGUI da. Y, sin embargo, pese a las intervenciones posteriores y anodinas de algunos presidentes autonómicos, empeñados en limitarse a preguntar qué hay de lo suyo, este punto de encuentro es imprescindible. Aquí, en el Senado, desde donde escribo, es donde hay que debatir sobre solidaridades entre las tierras de España, sobre evoluciones, quién sabe si precisas en los planteamientos entre comunidades autónomas, que no me paro a discernir entre históricas y no. Sí, hay que seguir reuniéndose en este debate, que no está siendo tal, sino sucesión de monólogos. Lástima de oportunidad perdida. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate RANCIA se estremece agitada por esas turbas incendiarias que han salido del subsuelo de su grandeur. Alemania, pasmada, comprueba cómo el sistema político que cimentó su liderazgo en Europa después de la Segunda Guerra Mundial hace aguas y España- ¡ay, España! -busca en los mofletes de la pequeña Infanta un consuelo a esta invasión de pirómanos. El problema de Europa no es su falta de competitividad económica; es su falta de competitividad moral. No es que haya dejado de creer en Dios, es que ha dejado de creer en sí misma, en su cultura, en sus instituciones y en su historia. Los energúmenos que estos días arrasan Francia en una violenta orgía nihilista son algo más que inadaptados, son indiviCARMEN duos huérfanos de civiliMARTÍNEZ zación. Necesitan trabaCASTRO jo y oportunidades, pero sobre todo necesitan referentes morales; algo más que la imagen siniestra de Bin Laden y el señuelo del islamismo radical como alternativas a su modelo social. Desprecian el país que acogió a sus padres y sus abuelos; desdeñan su solidaridad y sus valores democráticos; escupen sobre el sueño de libertad y prosperidad que animó a sus progenitores. Del mismo modo, nuestros gobernantes han dejado de valorar las consecuencias benéficas que han traído a España tres décadas de estabilidad institucional; Zapatero y sus compañeros de pancarta muestran un ostensible desprecio por el espíritu de consenso que presidió la Transición; para comprobarlo no hay más que echarle un vistazo a las palabras de uno y otros durante el debate del Estatuto. Esta nueva generación de socialistas y nacionalistas ha ocupado los resortes del poder con un insólito ánimo incendiario; están dispuestos a reducir a cenizas los logros de la Transición en aras a un proyecto político excluyente y por tanto peligrosísimo. Lo que se plantearon como una forma de hostigar al gobierno de PP se ha convertido ahora en el mecanismo destinado a evitar la alternancia democrática. Para que esa estrategia pueda salir adelante cuentan con la desidia y el desarme moral de la sociedad. Esa es la condición imprescindible: el silencio de los corderos. Se han lanzado a liquidar el modelo pactado en el 78 porque esperan que nadie mueva un dedo por defenderlo. Cuentan con que la sociedad siga bostezando entre culebrones y realitys; cuentan con nuestro desistimiento, con nuestra apatía y nuestro abandono. Para ellos, la nación española ha pasado a la historia y pretenden extender el certificado de defunción durante esta legislatura. Creen que los ciudadanos somos capaces de pasar de Ermua a Perpiñán sin un leve estremecimiento moral, sin un respingo ético. Puede que estén en lo cierto o acaso han tocado el nervio de una sociedad pacífica y mollar, pero no definitivamente catatónica. Una sociedad tan tranquila que acabe poniendo en su sitio a los pirómanos institucionales.