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ABC LUNES 7 11 2005 59 FIRMAS EN ABC ra su cuestionado Gobierno (el de una Monarquía Constitucional y en teoría, democrática; pero sin renuncia al tradicional derecho divino que le asistía en sus tareas) y que le sirviera para incorporar un territorio tan apetecible como de repente se había convertido el Sahara español. Y levanta a todo un país, de forma tan unánime como sólo saben y consiguen hacerlo los pueblos árabes, contra la presencia española. Pero la originalidad del proyecto consistía en que su concepción era pacífica. ¿Y porqueno, porlafuerza? Porqueeso no era posible. España tenía allí a lo más destacadodesuEjército: DosBanderasParacaidistas, las I y III, Roger de Flor y Ortiz de Zárate; dos Tercios Saharianos, los III y IV, Don Juan de Austria y Alejandro Farnesio; el más moderno material autopropulsado, recién adquirido, precisamente a EE. UU. Tropas Nómadas, Policía Territorial y las más selectas Unidades de las diferentes Armas y Servicios; especialmente, por la categoría del factor humano, de la Tropa, la flor y nata de nuestra juventud, que entonces no cuestionaba, ni menos aún rechazaba, su permanencia en filas (por el contrario, se sentía orgullosa de tener la oportunidad de defender un trozo que consideraba parte de España) y también la élite de nuestros jefes, oficiales y suboficiales, para quienes el Sahara, no erasolamente unlugar entrañable en donde habían desarrollado buena parte de su carrera, sino tambiénuna permanenteEscuela de Mando. Colectivo que si en algún momentovioflaquearsumoral, comoconsecuencia de la que creíamos percibir como cierta incomprensión desde la metrópoli, la recuperó con la entrañable y oportuna visita que nos hiciera el entonces Príncipe Don Juan Carlos, siempre al lado de las Fuerzas Armadas, con las que no en vano había compartido cuatro inolvidables añosde suformación castrense, en las AcademiasMilitaresdeZaragozaySanJavier y en la Escuela Naval de Marín. Época inolvidable para los que tuvimos la suerte y el honor de coincidir en uno de esos Centros, con Su Majestad. El final, es igualmente por todos conocido: Las tropas españolas adoptaron el preceptivodespliegueenprofundidad, correspondiéndole a mi Unidad de paracaidistas, la defensa en última instancia, de El Aaiún. Pero el Poder Civil, al que constitucionalmente se encuentran subordinadas lasFuerzasArmadas, habíadecididonuestra marcha de el Sahara; decisión tan forzada, como entendible, ya que en esas condiciones de soledad internacional y ante la actitud de rechazo del pueblo saharaui, no nos quedaba otra opción que marcharnos. Cuando el avión que me trasladaba con mi Compañía, sobrevolaba por última vezElAaiún, losacuartelamientosdelTercio, de los Paracaidistas y de tantas otras Unidades españolas, (cuyos soldados, habíandadolosmejoresañosdesuvida, prestigiando una presencia, paradójicamente cuestionada incluso por algunos sectores denuestra sociedad) sentí unagrantristeza, ya que era consciente de que no volvería a tan entrañable lugar. Pero la tristeza habría sido mayor de intuir que un cuarto de siglo más tarde, se continuaría, no ya cuestionando, sino criticando a España, por su labor en el Sahara; un territorio en donde, muy probablemente, los únicos hospitales, escuelas y carreteras que existen, siguen siendo, los que entonces levantara la Administración española. ALFONSO GARCÍA DE PAADÍN Y AHUMADA CORONEL DIPLOMADO DE ESTADO MAYOR POR QUÉ ESPAÑA DEJÓ EL SAHARA En 1962 ingenieros españoles descubren el que sería uno de los yacimientos de fosfatos más importante del mundo... UNDAMENTALMENTE, porque la comunidad internacional, a su vez, la dejó sola. Se habló mucho de la influencia que en el tema tuvo la enfermedad, en fase terminal, del general Franco; pero admitiendo la visión política que hasta sus más acérrimos detractores le conceden y su pragmatismo, es de suponer que de haber estado en plenitud de lucidez, habría también extendido el certificado de defunción de la otrora provincia española; defunción propiciada por la citada comunidad, que en el mejor de los casos, se desentendió del problema o en otros, motivado por unos oscuros intereses económicos- -o quizá no tan oscuros- -tomó claro partido por la otra parte del litigio: El Reino de Marruecos. Pero ¿Cómo se había llegado a esa situación? ¿Porqué España, pese a poner en liza a lo mejor de su Ejército, se retiró ante el empuje simbólico de la Marcha Verde con la que el Monarca alauita había movilizado a la totalidad del país en una gigantesca y exitosa campaña, mezcla de reivindicación territorial y de apoyo a su Monarquía? Marcha que tras penetrar un par de kilómetros en nuestra zona, acamparía en miles de tiendas y de vehículos, perfectamente alineados, pero sin duda, con innumerables problemas logísticos difíciles de resolver; a no ser que se contara con el paraguas y el apoyo, con el típico sabor que anuncia en su eslogan, una conocida marca de cigarrillos. De hecho, cuando a la mañana siguiente sobrevolaba en helicóptero a muy baja cota el despliegue, dudabadeencontrarmeenuncampamento de Las Mil y una Noches o en el que siglos más tarde los aliados levantarían en tierras británicas en las jornadas previas al desembarco de Normandía. Pero, ¿quéesloque habíaconducidoaesasituación y cuál era el marco- -El Sahara- -en el que tenía lugar? Aunque es de todos conocido, recordar que la presencia española en el Sahara abarcó casi cien años, el periodo que va desde 1881 al 12 de enero de 1976, en el que losúltimos españoles abandonan, a bordo cay moderna dragalina, queextraíaelmineral, que a través de una cinta transportadora de 110 kms. lo llevaba a los barcos fondeados junto al pantalán. Sin embargo, lo cierto es que la cinta apenas funcionó, por causas externas e internas. Las primeras se pueden resumir en que a nadie le interesaba que España mejorara sensiblemente su estatus económico; y menos que a nadie, a quienes no estaban por la labor de aceptar a un inesperado competidor en el tema de los fosfatos. Y en los foros internacionales, se empezó a cuestionar la legalidad de nuestra presencia; máxime después de que una delegación de la ONU. visitara El Aaiún y fuera recibida, sorprendentemente, por grupos de saharauis con pancartas hostiles a España; y digo sorprendentemente, porque nuestra colonización había consistido, prácticay exclusivamente, enlevantarescuelas, hospitales, construir carreteras y dar trabajo o sufragar un elevado coste de desempleoaunapoblaciónque, desdeluego, no parecía en absoluto sentirse oprimida Escuelas que habían sido creadas en 1958 e impulsadas personalmente por el entonces Gobernador Militar del Sáhara, general Mariano Alonso, obsesionado con la promoción y enseñanza a la juventud saharaui, para lo que crearía escuelas unitarias con profesores españoles y nativos en los principales poblados (Smara, Daora, Mahbes, Bir Enzaran, Auserd, Tichla... etc. y siempredesdeelmáximorespeto a la lengua del hassanía y a la cultura y religión musulmana. En cuanto a las causas internas, al margen del delicado momento por el que atravesaba la Jefatura del Estado, estribaba en la dificultad de proteger la cinta, especialmente de noche, en las que era fácilmente inutilizada porlos ataquesdel Polisario; unsimplepetardo, la paralizaba durante semanas, teniendo que recurrirse al lento transporte en camiones, por los que, no obstante, saldría la mayor parte del mineral. ¿Y la Marcha Verde Pues al río revueltodelapresióninternacional, losproblemasinternos, elacosoanuestrasinstalacionesdelPolisario- -todoello, aderezado por la enfermedad de Franco- -el desaparecido Monarca alauita, que había accedido al trono al fallecer en febrero de 1961 su padre, elSultán Mohammed V, decidió dar un golpe maestro que apuntala- F de un Aviocar, Villa Cisneros; pero este análisis, se sitúa en las décadas de los sesenta y setenta, porconsiderar que fue entonces cuando se produjeron los acontecimientos que acabaron precipitando nuestra salida. Hasta entonces, ese amplio territorio (la mitad del peninsular) que llegaríaa constituir unade nuestras Provincias, había pasado inadvertido, sin suscitar el menor interés internacional. Pobre en recursos, que se limitaban a una riqueza pesquera poco explotada y a unos supuestos yacimientos petrolíferos, que jamás se encontraron (y que siguen sin encontrarse, yaquelasprospeccionesactuales los sitúan en la plataforma marítima) con una población entonces y ahora difícil de cuantificar, que se concentraba en torno a las tres principales ciudades: El Aaiún y Villa Cisneros en la costa y Smara, en el interior, constituyendo el resto pequeños poblados levantados al abrigo de oasis o pozos. Pero en 1962, el panorama daría un vuelco espectacular, cuando ingenieros españoles de una empresa del INI, descubrenelque seríauno delosyacimientos de fosfatos más importante del mundo y cuya entrada a plena explotación, habría afectado seriamente al mercado entonces liderado por su principal productor: Estados Unidos; yacimiento de varias decenas de kilómetros de longitud, doce de anchura y tres o cuatro metrosdeespesor, prácticamenteaflordetierra, lo que facilitaría su extracción y de una pureza superior al 90 por ciento. El fosfato, un bien en muchos aspectos tan apreciado como el petróleo, se encontraba en Bu Craa, un paraje a 100 kilómetros deEl Aaiún y de la costa; porello y parasu futura explotación, había que empezar por construir un ferrocarril o en su defecto, una carretera- -que es lo que se eligió- -queconectaraconunpuerto, quehabría igualmente que levantar. Puerto que tras una serie de años barajando diferentes proyectos, acabaría en un simple pantalán por el que saldría el fosfato que conseguimos sacar de el Sahara. Que sería muypoco, pesea adquirirse unagigantes- SANTIAGO TENA POETA CAPRICHOS DEL AMOR Juan no le da la gana dormirse y al final le he dejado con su madre, y creía que esta noche me quedaba sin escribir, y no puede ser. Dice Chelo, o decía hace tiempo, que yo soy capaz de escribirle la carta de amor más apasionada a un caracol. Y es verdad. Algunas de mis mejores cartas de amor las escribí a una persona a la que no había visto en mi vida y de la que A apenas sabía el nombre, y que nunca me contestó ni supo de mi existencia. Y yo sostengo que el poeta se enamora sólo por escribir, sólo escribiendo. A una chica a la que no se conoce de nada se le pueden escribir los textos más apasionados, es hasta innecesario que exista. Y así me he enamorado yo de ti: no te conozco, no existes, no tienes nombre, pero te he colocado en mis palabras pa- ra tener alguien a quien dirigir mi pasión, pues la pasión es tan peligrosa y quema tanto que mejor dirigirla a alguien que no existe como tú que a alguien que exista. De ti me he enamorado sólo escribiéndote. Todo el amor que te he dado lo he alimentado yo escribiéndote: nada hay en ti que lo alimente, qué va a haber, si te he inventado yo. Y acaso como el gólem borgiano, cobres vida sólo por este amor, sólo porque escriba la palabra amor en tu frente. Y entonces lo raro, con las cosas tan bonitas que te escribo, será que no te enamores tú. Pero qué te vas a enamorar, si te he inventado yo. Hala: a dormir.