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8 Opinión LUNES 7 11 2005 ABC LA BURBUJA CARTAS AL DIRECTOR Pueden dirigir sus cartas a ABC: Por correo: C Juan Ignacio Luca de Tena, 7. 28027 Madrid Por fax: 913.203.356. Por correo electrónico: cartas abc. es ABC se reserva el derecho de extractar o reducir los textos de las cartas cuyas dimensiones sobrepasen el espacio destinado a ellas. ATENCIÓN AL CLIENTE: MUERDE I desea insultar al jefe postventa marque 1 si desea que le parta un rayo al gerente marque 2 si desea acordarse de los muertos del presidente marque 3 Si tiene algo que reclamar llame al maestro armero Eso es lo que deberían decir esos papagayos humanoides que responden a nuestras consultas telefónicas cada vez que pretendemos que nos informen sobre cuándo LUIS IGNACIO recibiremos PARADA un pedido, cómo arreglar una avería, por qué no nos funciona el aparato que acabamos de comprar. Los directivos de las grandes empresas deben de pensar que el cliente muerde. Y por eso han abandonado los servicios postventa y los han sustituido por unas grabaciones telefónicas automatizadas, deshumanizadas, desalmadas, que nos dan instrucciones sobre lo que debemos hacer... para perder una tarde entera intentando solucionar algo sin lograrlo. ¿Ha intentado usted últimamente que alguien le resuelva un problema llamando a un teléfono de atención al cliente? Inténtelo. Una voz de ultratumba le hará saber que todas nuestras líneas están ocupadas, le rogamos espere si desea más información consulte la página web si desea ayuda personalizada teclee las últimas cuatro cifras de su DNI si desea hablar con un operador permanezca a la escucha Y uno puede permanecer a la escucha durante horas enteras oyendo Para Elisa o cualquier musiquilla igualmente exasperante, eso sí, con interrupciones programadas cada medio minuto que dicen más o menos: Todos nuestros operadores están ocupados, continúe a la escucha Y con un poco de suerte la comunicación se corta y vuelta a empezar. Desde que se inventaron los call center es imposible hablar con un servicio postventa; sólo cabe escuchar. Porque incluso en el improbable caso de que alguien llegue a ponerse al teléfono, su voz dirá lo mismo y sonará exactamente igual que la grabada. Es entonces cuando desde el fondo de nuestra garganta surge el grito desesperado: ¡Quiero hablar con un ser humano, coño! Padres divorciados Me atrevo a escribir la presente carta como uno de los pocos recursos que todavía nos quedan a ese colectivo de padres que nos vemos obligados a compartir la custodia de nuestros hijos en unas condiciones verdaderamente injustas, que poco o nada tienen que ver con las consideraciones jurídicas que en teoría anteponen la seguridad del menor a cualquier otra circunstancia. Precisamente por eso, por la seguridad y el bienestar del menor, no comprendo cómo un juez puede consentir que una madre se traslade a vivir a 600 kilómetros de distancia; que un juez permita que el padre sólo pueda ver a su hijo una vez cada tres semanas y que para poder hacerlo tenga que desplazarse esos 600 kilómetros, sin tener en cuenta si la situación laboral y económica de dicho padre puede permitir que lo haga. Que cuando es ella quien tiene que traerlo, y no cumple su obligación, alegando cualquier historia frívola que se la ocurra, el juez aplica una pequeña multa de 60 euros, pero el padre se queda sin ver a su hijo durante un mes y medio, deteriorándose la relación entre padre e hijo, sobre todo cuando se trata de niños de corta edad. O que no se consulte con el padre algo tan importante como es la educación del niño, qué colegio es el más adecuado, y sí que sea éste quien tenga que suplir, sin más, los gastos de los libros y del material escolar, bajo amenazas y coacciones. En España, la justicia de hoy en día considera al padre, frente a los hijos, como alguien muy inferior a la madre. Espero que se dicten nuevas leyes que amparen primero a los niños, más de lo que lo hacen ahora; que los jueces las apliquen mejor, personalizando en cada caso y no basándose en leyes de otra época, en la que el hombre y la mujer tenían funciones totalmente diferenciadas en la educación del menor, y que actualmente, tanto que se habla de la igualdad de sexos, se nos considere también en este tema, con la misma capacidad, al hombre que a la mujer. Antonio Manuel Pulido Sarabia. Madrid. S Semejanzas históricas Uno a veces se pregunta si vive en un mundo de locos, o el loco es uno mismo. Este pensamiento rondaba mi cabeza una y otra vez mientras escuchaba lo que se decía en el Congreso de los Diputados en torno al proyecto del Estatuto de Cataluña. Hace unos días, Francisco Rodríguez Adrados derrochaba sabiduría, experiencia y luminosidad en las páginas de este diario, con su artículo España 1931- 2005 Menos mal, me digo ahora, que no estoy solo ante esta locura rupturista a la que nos lleva de cabeza el gobierno más radical de la democracia española. Como señala el profesor Adrados, muchas son las semejanzas entre la España de hoy y la de los años treinta, lo que debe suponer, sin duda, una considerable preocupación. También es cierto que existen importantes diferencias, lo que nos ha de propiciar una cierta tranquilidad. Como quiera que sea, lo que es obvio es que si entonces los socialistas de Largo Caballero, los más radicales, se aliaron con los grupúsculos más intransigentes, nacionalistas y enemigos de España, y pasó lo que pasó; ahora, los socialistas de Rodríguez Zapatero, también los más radicales, se alían con los grupúsculos más intransigentes, nacionalistas y enemigos de España para no se sabe muy bien qué, y ahí está lo peligroso. Se dice una y otra vez que todos los grupos políticos... menos el Partido Popular han acordado... lo que sea. Bien, no debemos olvidar que ese conjunto de grupos políticos que junto al socialista llevan a España a la debacle constituyen algo más de la mitad del electorado español. Sólo algo más. La otra mitad de los votantes lo son del PP y, cuidado, no se les está teniendo en cuenta para nada. Claro que, ahora que lo pienso, no son rojos, y Zapatero sí. Gran error el de olvidar la historia, presidente. Juan Pablo López Torrillas. Albacete. Manifestación contra la LOCE El próximo día 12 iré a Madrid, con mi mujer y mis hijos, a la manifestación en contra de la LOE. Porque estoy en contra de una ley que en su filosofía atribuye al Gobierno el derecho a la educación en vez de reconocer que los titulares del mismo somos los padres, e intenta imponernos un modelo único, impidiendo el pluralismo educativo y el que podamos elegir el tipo de educación y el centro que preferimos para nuestros hijos. Porque considero también que, a través de la misma, y de las clases de Ciudadanía, lo que se pretende es manipular a los futuros ciudadanos y consolidar el cambio de régimen y de modelo de sociedad ya iniciado con otras leyes aprobadas hasta ahora. Y porque una ley de educa- ción elaborada sin consenso queda sometida a cambios continuos al vaivén de la alternancia política. Yo no me siento representado por los políticos que la han elaborado o hayan de aprobarla, mientras voten según los dictados del partido al que pertenecen, y no según lo que consideren mejor para la sociedad. Tampoco por unos sindicatos como los que piden la supresión de las clases de Religión, cuando el 80 por ciento de los padres a los que teóricamente dicen representar han elegido esas clases para sus hijos. Y cuando los ciudadanos no nos sentimos representados por los políticos ni por los sindicatos, no nos queda otro remedio que salir a la calle para manifestar nuestra opinión. Josep M. Vall- llosera Costa. Gerona. Cuestión teorética Soy un joven estudiante de Derecho perplejo ante los últimos acontecimientos políticos relativos al Estatuto de Cataluña. Más que nada porque, si las cosas son como el presidente del Gobierno afirma, no sé qué Derecho Constitucional he estudiado yo. A mí me enseñaron que la nación no es una mera cuestión teorética sino que es la base de la pirámide constitucional, puesto que es la portadora de la soberanía. También estudié que la idea de soberanía, obra de Jean Bodino, es indivisible. De ahí las fallidas experiencias de la soberanía compartida rey- cortes de algunas constituciones decimonónicas. Fruto de la experiencia, la Constitución reconoce, en su artículo 1.2, la soberanía nacional. Por tanto, si aceptamos que Cataluña es una nación, venimos a romper la base de nuestro esquema constitucional y por ende, la estructura del Estado en su conjunto. No es el futuro de Cataluña, sino el de toda España, el que está en juego. Aunque claro, con la interpretación novedosa que el señor Zapatero y sus socios hacen del constitucionalismo, puede que esto no sea así, y que hayamos vivido engañados todos estos años. Si es así, espero que al menos me conserven la nota en Derecho Constitucional. Ángel Maestro Martí. Madrid.