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ABC DOMINGO 6 11 2005 Cultura 79 ROCK Oasis Concierto de Oasis. Lugar: Palacio de los Deportes de la Comunidad de Madrid. Fecha: 5- XI ROCK Goldfrapp Concierto de Goldfrapp. Lugar: Aqualung (Madrid) Fecha: 4- XI- 2005 LA ALEGRÍA DE LA HUERTA PABLO CARRERO LA MADAME DEL ROCK JESÚS LILLO es ha llevado su tiempo, una década larga, pero a una media de dos o tres canciones decentes por disco, a estas alturas y con media docena de álbumes en sus alforjas, se las apañan para juntar un repertorio con más luces que sombras. Pese a ello, los mancunianos consiguen que su directo sea de lo más soso, monótono y aburrido que se puede ver en el rock internacional de ahora mismo. Quienes en su día se presentaron a sí mismos como los redentores del rock contemporáneo, herederos de las esencias de los Beatles y auténticas estrellas del rock and roll, no pasan de ser un grupo absolutamente mediocre cuya puesta en escena no tiene ni un ápice de la frescura, descaro, espontaneidad o energía que se le supone a cualquier banda de rock and roll. Pero a Oasis eso no parece importarles demasiado. Desde hace muchos años viven de la inercia de un par de memorables estribillos; hacen discos que difícilmente pasan de discretos pero en los que siempre hay una o dos canciones afortunadas, y, en fin, conservan una auténtica legión de seguidores en medio mundo. También en Madrid, cuyo flamante Palacio de los Deportes presentaba anoche una entrada que no distaba demasiado del lleno. Ante una afición que, una vez más, estuvo muy por encima de los protagonistas de la velada, el cuarteto ampliado a sexteto en directo- -perdió otra oportunidad de rematar una buena actuación. Resulta dolorosamente asombroso que una L Liam Gallagher, en un momento del concierto de anoche en Madrid banda tan vulgar como anoche evidenciaron ser Oasis sea uno de los referentes más significativos del rock contemporáneo. Y lo malo es que no se trató de un tropezón. No se recordaba un concierto tan aburrido como el de anoche desde... ¿la anterior gira de Oasis? Y es que, salvo la incorporación de algunas de las canciones de su reciente Don t believe the truth en el repertorio, el concierto de los hermanos Gallagher y compañía es muy parecido a lo que se ha visto en otras oca- JULIÁN DE DOMINGO siones, repitiéndose en directo los defectos de siempre: el vocalista Liam Gallagher no cambia de postura el todo el concierto, apenas susurra algún gracias de vez en cuando y, seguramente lo más grave, canta forzando la voz hasta hacerla ciertamente desagradable; lo demás no es mucho mejor: cinco tipos ensimismados cumpliendo con su papel como si de un mero trámite se tratara, marchándose al final del concierto como quien se levanta de la mesa al acabar una partida de brisca. JAZZ Festival de Jazz de Madrid Intérpretes: Liberation Music Orchestra. Lugar: Centro Cultural de la Villa, Madrid. Fecha: 4- XI AVENTURA Y COMPROMISO LUIS MARTÍN n un orden que, aparentemente, no existe, con más de treinta años de existencia y saliendo y entrando en escena cuando el desarrollo de los temas lo requiere, comparecieron los componentes de una de las más prestigiosas formaciones del jazz moderno: la Liberation Music Orchestra. Repertorio culto (Barber, Dvorak) himnológico America the beautiful Amazing grace y declaraciones de principios This is not Ameri- E ca Not in our name Así es esta gente a cuyo frente están el contrabajista Charlie Haden y la pianista y arreglista Carla Bley. No es música fácil. Su garbo está escondido tras unos arreglos que parecen trabajar en contra de la línea melódica. Y el arco expresivo es tan grande que confunde a los legos. Una malla sonora que avanza hasta que, cuando la creemos imparable, se muda en discursos autónomos o en réplica de sí misma. En la delantera, Carla Bley en el piano; un boceto en tinta china que, de vez en cuando, abandona el teclado e invita a la orquesta a concluir. Jazz comprometido con una oposición clara al intervencionismo de la política estadounidense. Llaman poderosamente la atención entre los atriles el tubista Joe Daley y los saxofonistas Chris Cheek, Tony Malaby y Loren Stillman, los dos primeros tenores, el último altista. Y también el baterista Matt Wilson, que se acerca a los platos como si se tratasen de un ins- trumento abierto, llevando al estrambote las cabriolas técnicas impartidas como canónicas en conservatorios. Por lo demás, el ataque general es mingusiano; una orquesta que improvisa en conjunto, pocas veces individualmente. Y lo uno sobre lo otro cuaja en un lenguaje propio, coherente, permanentemente nuevo y muy arriesgado. El programa de su presentación tomaba como base el material del disco Not in our name que semeja un decálogo de principios. Música con voz. Y, al frente de ella, desde la trasera, Charlie Haden, todo un Walt Whitman del mosaico político- socio- musical americano. Demasiada gente hace ahora en el jazz música que se sustenta en el academicismo, que especula con hallazgos del pasado. Lo de la Liberation es un brotar constante, densa, inesperada, con fiera personalidad, laberíntica al tiempo que descongestionadamente. Gente que resume los diez mandamientos de cualquier músico a uno sólo: no aburrirás. e sienta cada vez mejor el escenario a Alison Goldfrapp, compositora que, tras intervenir como actriz de reparto en algunas de las más brillantes producciones musicales de la era electrónica, debutó con Felt Mountain intenso álbum de paisajes de melancolía espectral cuya traslación a las tablas no daba para muchas alegrías. Tras esbozar una violenta transición en Black Cherry la diva británica presenta ahora Supernature en el que extrema su pasión discotequera y recrudece su sonido hasta situarlo en el umbral del rock metálico. Concebido como un espectáculo de cabaret de última generación, Supernature muestra en directo a una artista que cuida su vestuario y su puesta en escena: un reducido grupo de bailarinas enmascaradas interpreta el papel de lobas en lencería, de yeguas en celo o de máquinas que reproducen la lasciva coreografía videográfica de aquel Addicted to Love de Robert Palmer. Pese a su creciente éxito de ventas, aún no dispone Alison Goldfrapp del presupuesto necesario para dramatizar la hora y media que dura su función, lo que la obliga a ejercer- -sarna con gusto no pica- -de madame del salón durante los tiempos muertos provocados por el cambio de vestuario de las chicas. Tiene al talento y la valentía que empieza a faltarle a Madonna para pervertir las melodías del pop, pero le faltan medios para plantarle cara a la estrella norteamericana en la pista central del circo del erotismo de discoteca. La tiene a tiro. Si ambiciosa resulta la dramatización de Supernature su ejecución musical roza el sobresaliente. Muy de vez en cuando suenan el violín y el theremin que acompañaron a Goldfrapp en Felt Mountain y que se fueron desvaneciendo en Black Cherry -cuya pieza central cerró, a cámara lenta, su soberbio concierto madrileño- pero la guitarra eléctrica y unos teclados que machacan la sintonía del desafuero se encargan de subrayar las calenturas vocales de la cantante, expresiva en todos y cada uno de los registros de su repertorio. La asistencia técnica de un grupo de músicos especializado en ritmos sintéticos ha llevado a Goldfrapp a figurar en el catálogo del tecno, pero en directo traduce su pop de salón en un airado y muscular discurso rockero. Dice sentir nostalgia de la época de Giorgio Moroder, pero su productor parece Kubrick. L