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ABC DOMINGO 6 11 2005 Sociedad 69 Conchi, Roberto, Alberto y Sonia Roberto recibe las explicaciones de su profesor Iván de Abajo Alberto López, nieto de Cándido, con los alumnos La Fundación Cándido abre la puerta al empleo de discapacitados en restaurantes con un programa de formación de ayudante de cocina y de sala. Una nueva oportunidad para integrarse en la sociedad En busca de una vida diferente TEXTO: JUAN FERNÁNDEZ- CUESTA FOTOS: ABC MADRID. He vuelto del puente un poco revolucionado Es miércoles, 2 de noviembre. Cuatro días sin clases provocan un cambio de rutina. A cualquier alumno de cualquier colegio, instituto, universidad, le sucede lo mismo que a Alberto. Tiene 26 años, por muchos años y es alumno de un programa de formación de ayudante de cocina y sala. Un curso que supone una puerta abierta para encontrar un empleo en un restaurante. Una puerta entornada para él, o cerrada: Alberto es discapacitado intelectual. Segovia, podría ser otra ciudad, pero es Segovia. Y podría ser una organización cualquiera, pero es la Asociación Provincial de Padres y Protectores de Discapacitados Físicos, Intelectuales y Mentales (Apadefim) Y cualquier restaurante, pero es el Mesón de Cándido, a través de la Fundación Cándido. Son ocho alumnos en busca de un empleo, en busca de una vida distinta, de esa rendija que les permita integrarse en una sociedad que casi siempre ha dado la espalda a los discapacitados. Roberto, de 32 años, es uno de los ocho alumnos, que están divididos en dos grupos: ayudantes de cocina y de sala. Roberto está en la cocina. Me gusta este trabajo. Me gusta todo, hasta limpiar pescado Y es que a Sonia, de su misma edad, con lo único que no puede es con el olor del pescado. Sí pelar, cortar, hacer ensaladas... Y aprender platos nuevos interviene Iván de Abajo, su profesor de cocina. Al resto, les gusta más trabajar Entre ellos, Conchi, de 34 años, alegre y siempre pendiente de todo de su profesor Iván, de nuestra presencia, de lo que dicen sus compañeros y preguntamos nosotros. Para ella, ser ayudante de cocina es una posibilidad mejor de lo que creía Cuarenta años de protección al discapacitado La Asociación provincial de Padres y Protectores de Deficientes Físicos, Intelectuales y Mentales (Apadefim) es una asociación segoviana que nació gracias a la iniciativa de padres con hijos discapacitados. Hace 40 años, como hoy, la persona que nacía con una discapacidad se encontraba rodeada de barreras. Subsisten muchas de ellas aún, pero gracias a organizaciones como Apadefim los discapacitados tienen nuevas posibilidades. En su origen, en 1965, los objetivos de esta organización eran acoger, asistir, educar y rehabilitar a los enfermos físicos, intelectuales y mentales Unidades de educación especial, primero. Luego, un colegio y talleres formativos. Más tarde, pisos tutelados, dos residencias, un centro de día. Una labor comprometida con los discapacitados que ha logrado cada vez mayor apoyo en Segovia, que se refleja ahora con la concesión del premio Cándido Mesonero Mayor de Castilla 2005 al compromiso y la labor social. Un mundo distinto La Fundación Cándido, Mesonero Mayor de Castilla, fue constituida en 2003, coincidiendo con el centenario del nacimiento de Cándido. Uno de sus fines es favorecer la integración social de las personas discapacitadas y o marginadas utilizando la cocina y el turismo como herramienta de apoyo personal Y es que las personas discapacitadas suelen quedar marginadas antes o después, enfrentadas muchas veces sin esperanza a un mundo distinto. Esta vez, sin embargo, ese otro mundo les ha dado la mano. A Sonia, Alberto, Roberto y Conchi, en la cocina. Y a Juan Antonio, Jesús Carlos, Luis Miguel y Jesús, en la sala. Iván de Abajo y Pablo Martín, maitre de Cándido, son sus profesores. Ambos creen, por supuesto, en la posibilidad de que puedan integrarse a través del trabajo, pero depende de la mentalidad del empleador. Necesitan personas que les apoyen, que tengan paciencia con ellos. Y lo pueden hacer muy bien: valen mucho para trabajos monótonos. Tienen ganas de aprender y de ayudar explica Iván. Aquí soy feliz Juan Antonio tiene 28 años y antes estuvo aprendiendo el oficio de carpintero en una escuela taller, pero me gusta más ser camarero Jesús, con su misma edad, quisiera hacer del trabajo de ayudante de sala mi forma de vida Luis Miguel, como Juan, también estuvo en la escuela taller y es el único que, a sus 33 años, tiene otra ocupación: En un picadero los sábados, domingos y días de fiesta Jesús tiene idéntica esperanza que sus compañeros: Vivir de esto Un discapacitado, un puesto de trabajo, es un reto imposible. A muchos, su propia discapacidad les impide la posibilidad de obtener un empleo, pero para otros son insuperables las barreras mentales de buena parte de la sociedad. Conchi, Jesús, Roberto... saben dónde están, comprenden que existe una oportunidad para ellos, tienen un reto, un afán, una vida que vivir. Quieren ser camareros, quieren ser ayudantes de cocina. También Alberto, Sonia, Juan Antonio... Personas que padecen una discapacidad, que sólo a través de asociaciones como Apadefim y de iniciativas privadas como la emprendida por la Fundación Cándido se han encontrado con que esa puerta ya no está cerrada. Depende, pues, de sí mismos, de sus habilidades para cumplir un deseo: sentirse parte de la sociedad.