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ABC DOMINGO 6 11 2005 Los domingos 65 Campesinas de Boane, cerca de Maputo. dejó a un país huérfano de recursos naturales en un estado deplorable y a 13 años de las primeras elecciones democráticas, Mozambique, a terra sonámbula del novelista Mia Couto, se ha convertido en un milagro africano. A la comunidad internacional le gusta exhibir a este amable y laborioso país como modelo de transición de la guerra al desarrollo, Sin embargo, el 50 por ciento del presupuesto del país está directamente financiado por la ayuda exterior (España acaba de incorporarse al grupo de países que nutren las arcas públicas) aunque si se suman las ayudas de otro tipo el montante de las finanzas públicas el porcentaje que depende del dinero foráneo ascendería a más del 70 por ciento. Lo señalan, con realismo y pesadumbre, diplomáticos y cooperantes europeos: Si se le dejara solo, Mozambique se hundiría El propio ministro de Sanidad, Ivo Garrido, prestigioso cirujano al que le gusta vestir de blanco inmaculado de la cabeza a los pies como a un médico del almirantazgo, reconoce que el país está todavía a décadas de zanjar la dependencia exterior admite que no han sabido combatir el sida- -que sitúa en un 16,2 de población infectada, aunque otras fuentes elevan esa cifra- que las estrategias fueron erróneas del mismo modo que acentúa la necesidad de desarrollar el norte del país y evitar que el desarrollo de Maputo y su entorno abra un abismo entre dos países El propio presidente, Armando Guebuza, reconoce que Mozambique es todavía incapaz de atender a las demandas alimentarias de la población. Sequía, parquedad de las cosechas, degradación del suelo, malaria, cólera, sida... La ayuda exterior va a seguir siendo imprescindible durante años. CASA DO GAIATO Recuerdos del pasado En 1992 se firmó la paz entre la Renamo (Resistencia Nacional de Mozambique, grupo financiado por la Rodhesia racista de Ian Smith- -hoy Zimbabue- -y la Suráfrica del apartheid hoy el principal socio y potencia inversora de Mozambique) y el Frelimo (Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo) que de partido único de orto- Campos y talleres de la Casa do Gaiato han cambiado la vida de 153 huérfanos y seis aldeas doxia comunista ha pasado a predicar la necesidad del libre mercado y ganó en justa lid dos años más tarde unas elecciones emblemáticas para toda África apostando a tumba abierta por el capitalismo. La de Mozambique fue una de las mejores misiones de paz de las Naciones Unidas. Desde entonces, el país no ha dejado de prosperar. Aunque aconsejan no caminar de noche, no se siente en Maputo la amenaza constante de otras grandes ciudades africanas: el mozambiqueño es en general amigable, y el portugués que habla resulta mucho más inteligible que el peninsular. Junto a un nomenclátor urbano donde destacan los nombres de Vladimir Lenine, Sekou Touré, Julius Nyerere, Ho Chi Min, Karl Marx (interrogado un taxista por la identidad de este último, confiesa tras pensárselo un instante, que era un combatiente la Frelimo ha jugado la paradójica carta de la mudança (el cambio) desplazando a los fieles de Joaquim Chissano, líder máximo y presidente hasta hace un año, y ahora juega a una política de mozambicanidad que bebe de la mitología tercermundista del héroe de la nación, Samora Machel, muerto en accidente aéreo. Aunque el gobierno reconoce que la ayuda exterior es tan imprescindible como el oxígeno, Guebuza y Garrido quieren dar la impresión de que son dueños de su destino. La capacidad del país para jugar a todas las cartas que le beneficien queda de manifiesto en el hecho de que además de formar parte de la comunidad de naciones que hablan portugués y por supuesto de la Unión Africana, también son miembros de la Commonweath (en Mozambique se conduce por la izquierda) y de la Conferencia Islámica. Como comenta un médico enamorado literalmente de Mozambique (se ha casado con una mozambiqueña) Desarrollo rural en aldeas de Boane, cerca de la capital mozambiqueña. CASA DO GAITO El país tiene una gran habilidad para dejarse querer y no casarse del todo con nadie Prueba de la confianza del gran socio surafricano, el gran padrino de Mozambique, ha sido la supresión mutua de visados, una iniciativa que ha continuado con Suazilandia y pretende extender a Tanzania. Un viejo proyecto de unión regional entre Tanzania y Mozambique, la construcción de un puente sobre el río Rovuma, sueño que acariciaron Samora Machel y Julius Nyerere, ha visto recientemente volar su primera piedra. Naves de empresas como Bic o Parmalat desfilan junto a la excelente autopista de peaje que lleva a Suazilandia y Suráfrica y no son un espejismo. Nos desviamos antes, en Boane, a 50 kilómetros de Maputo, atraídos por otra de esas iniciativas que han hecho de Mozambique una insólita vía africana al porvernir: la portuguesa Casa do Gaiato, que con ayuda de países como España y el Reino Unido acoge, educa a 153 huérfanos de entre 3 y 20 años. Granjas, campos y talleres configuran una pequeña ciudad que funciona como un reloj suizo bajo el sol del trópico, coronadas todas las casas de teja roja, cocinas, lavandería, dormitorios, aulas, talleres, por una iglesia cónica de techo de paja que tiene un aire a Le Corbusier, y que, diseñada por el alma de este sueño en marcha, el padre José María Ferreira Costa, es más que un símbolo. Antes llegaban huérfanos de la guerra, ahora la mayoría son del sida. Unos 60 alumnos se han formado en sus aulas y han encontrado trabajo. Pero además, la Casa del Gaiato se ha embarcado en lo que llama desarrollo comunitario de seis aldeas del distrito que se han beneficiado a ojos vista de una iniciativa que equivale a todo un modelo de gestión y planeamiento urbano donde la educación representa un polo ardiente. En la aldea de Massaca 1, por ejemplo, panadería, carpintería, fábrica de ladrillos, costura y cafetería son moldes de otro mundo: empiezan a ser autónomos, a vivir de sus contratos. Al otro lado de la senda de tierra roja, la escuela está a pleno rendimiento: durante el día, 715 niños. Por la tarde- noche, 525 adultos se inician en los misterios de letras y números. Todos los niños calzan zapatos, llevan uniforme y reciben una comida, algo que a menudo pierden cuando ingresan en la escuela primaria nacional. Al término de Tierra sonámbula el narrador asegura que escribe a medida que sueña Acaso el país esté dibujando su porvenir a medida que anda sin mirar atrás, Del éxito de Mozambique depende no sólo que las jacarandas sigan floreciendo, sino que otra África sea posible.