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32 Internacional DOMINGO 6 11 2005 ABC Bush ordena cursillos sobre ética y manejo de secretos para la Casa Blanca Las clases de refresco comenzarán a impartirse la semana que viene se enfrenta al dilema de retener al arquitecto de sus mayores victorias electorales y la necesidad de poner un punto y aparte con el espíagate PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. No hay nada que no se puede aprender con un buen PPO incluso honestidad y buen gobierno. Ante el creciente descrédito que le está suponiendo el escándalo- -entre otros- -de la espía delatada Valerie Plame, el presidente de Estados Unidos ha ordenado a toda la plantilla de la Casa Blanca asistir a una serie de cursillos sobre comportamiento ético y manejo de secretos oficiales, donde se recordará entre otras cuestiones que revelar a la Prensa la identidad de agentes de la CIA es un grave delito federal. Estas obligatorias sesiones de refresco que según el Washington Post comenzarán a impartirse desde la próxima semana y de las que ningún alto cargo podrá hacer novillos estarán dirigidas con un punto de ironía por Harriet Miers, la asesora legal del presidente Bush nominada sin éxito para una vacante del Tribunal Supremo y que tuvo que retirarse tras enfrentar a la Casa Blanca con la base más conservadora del Partido Republicano, entre reproches de nepotismo y mínimas cualificaciones. De acuerdo a las órdenes impartidas por escrito, el presidente Bush- -al que una mayoría de los estadounidenses, según las últimas encuestas, empieza a percibir como poco honesto- -insiste en que su equipo debe cumplir tanto con el espíritu como la letra de las normas éticas gubernamentales y demás regulaciones. Este esfuerzo de reeducación se enmarcaría dentro de la ofensiva que la Casa Blanca prepara para contener los daños causados por el espía- gate cuya trascendencia se ha multiplicado con el procesamiento la semana pasada de Lewis Libby, dimisionario jefe de gabinete del vicepresidente Cheney. b El presidente fiar en un pequeño círculo de colaboradores, el presidente no parece tener cómodas alternativas en el caso de Karl Rove, empeñado en continuar en su puesto. Dentro de un ambiente de fidelidad correspondida, el ocupante del Despacho Oval se enfrenta al incómodo dilema de retener al arquitecto de sus mayores victorias electorales frente a la necesidad de poner un claro punto y aparte con el espía- gate para frenar el precipitado declive político que viene sufriendo desde este verano. De no hacerlo, serán inevitables los reproches de hipocresía con respecto a sus promesas de lograr mayores estándares éticos que la Administración Clinton. En cualquier caso, lo que está claro es que el fiscal especial Patrick Fitzgerald continua investigando el papel de Karl Rove a la hora de divulgar la identidad secreta de Valerie Plame, como parte de una vendetta política contra las críticas a la guerra de Irak formuladas por su esposo, el ex diplomáti- co Joseph Wilson. Se especula con la posibilidad de que en cuestión de semanas el fiscal se decida a acusar al temido cerebro de Bush por lo menos de prestar testimonios falsos. En ese caso, Rove no tendría más remedio que seguir el ejemplo de dimisión automática planteado por Libby. Dentro de la plantilla de la Casa Blanca, la permanencia de Rove estaría creando tensiones. Algunos cargos de confianza intermedios habrían expresado su frustración por ejemplo con el daño causado por Rove a la credibilidad del secretario de Prensa, Scott McClellan, al hacerle decir que no tenía nada que ver con el espía- gate Declaración de total inocencia cuestionada por el testimonio ofrecido por el periodista de la revista Time Matthew Cooper. Algunas fuentes insisten incluso en que Rove también habría ofrecido el mismo mensaje engañoso a Bush. El ex embajador Joseph Wilson, tras pronunciar un discurso en el Club Nacional de Prensa el pasado octubre en Washington AFP EE. UU. debería compensar a Irak por las cuentas de Halliburton P. R. WASHINGTON. Como caso práctico, los cursillos de ética ordenados por el presidente Bush podrían utilizar los resultados de una auditoría patrocinada por la ONU sobre la reconstrucción de Irak. De acuerdo a este estudio contable preliminar, el Gobierno de EE. UU. debería reembolsar 208 millones de dólares (unos 176 millones de euros) al Gobierno de Irak a la vista de una serie de contratos hinchados o chapuceros realizados entre 2003 y 2004 por la compañía Kellog, Brown Root (K. B. R. firma subsidiaria del imperio Halliburton liderado por el vicepresidente Cheney hasta su desembarco en la Casa Blanca hace cinco años. Estos contratos habrían sido pagados con dinero procedente de las ex- Karl Rove, uno de los alumnos Entre los alumnos obligados a atender este peculiar reciclaje sin excepciones se encuentra Karl Rove, el gurú electoral de Bush y subjefe de gabinete de la Casa Blanca. Todavía bajo sospecha por su posible implicación en el espía- gate durante los últimos días se vienen multiplicando las presiones para que el presidente prescinda de su influyente asesor político, incluso aunque no se formulen acusaciones criminales en su contra. Algunos críticos, en su mayoría demócratas pero también algunos republicanos, exigen que como primera medida se le retiren a Rove sus credenciales de seguridad para acceder a material clasificado. Con una trayectoria evidente de con- portaciones petrolíferas de Irak y entre ellos figura, por ejemplo, la importación de partidas de combustible refinado a precios exorbitantes. Estos abusos ya fueron detectados por auditores del Gobierno de Estados Unidos, pero ésta es la primera vez que una inspección contable auspiciada por Naciones Unidas, a través del Consejo Internacional de Asesoría y Vigilancia del Fondo de Desarrollo para Irak, los ha denunciado argumentando en la necesidad de compensaciones. Además del transporte de combustible refinado a Irak a un precio desmedido, el New York Times informó ayer de que otros contratos de K. B. R. sometidos a renovado escrutinio incluyen la instalación de generadores eléctricos de emergencia y la cons- trucción y reparación de oleoductos. Aunque la auditoría auspiciada por la ONU no ha alcanzado todavía resultados definitivos, éste serviría para que el electo Gobierno de Bagdad solicitara las debidas compensaciones a la Casa Blanca. Pero, en cualquier caso, el consejo internacional que supervisa el Fondo de Desarrollo para Irak- -financiado con ingresos petroleros y dinero confiscado al régimen de Sadam Husein- -sólo puede realizar recomendaciones. Aunque para algunos analistas, estos indicios de abuso con dinero público son más que suficientes para alimentar los recelos en la opinión pública iraquí de que Estados Unidos invadió su país para controlar sus abundantes recursos petrolíferos. En Washington, el congresista demócrata Henry Waxman se apresuró a recalcar que los auditores internacionales tienen todo el derecho a esperar una devolución completa de todo lo egregiamente cobrado de más por Halliburton