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30 DOMINGO 6 11 2005 ABC Internacional Un coche calcinado en el barrio de Aulnay- sous- Bois, al norte de París EPA La violencia en el extrarradio de París se extiende a otras ciudades francesas La Policía no sabe si las bandas de jóvenes están manipuladas por agitadores islamistas a bombazos coches, comisarías y escuelas, pero se desconocen las consignas políticas o sociales. Sólo queda claro un odio visceral de los violentos JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. El Gobierno, los alcaldes, las asociaciones de vecinos, la Conferencia Episcopal y el rector de la Mezquita de París han salido a la calle audiovisual con procesiones de fe, esgrimiendo peticiones de concordia y llamamientos a la paz civil, para intentar calmar los incendios y agitación suburbana que en la noche de ayer se cobraron 900 vehículos incendiados, en toda Francia, más una incontable racha de ataques violentos, a pedradas y cócteles Molotov contra escuelas, comisarías y edificios públicos. Dominique de Villepin, primer ministro, promete en todo instante justicia, concordia pero nadie sabe a quién dirigir sus rogativas. La Policía no sabe con claridad si las bandas de jóvenes y adolescentes están o no manipuladas por agitadores islamistas. De hecho, los incendios se suceden sin que haya peticiones ni denuncias concretas. Se atacan a bombazos coches, comisarías y escuelas. Pero se desconocen las consignas políticas o sociales. b Se atacan Sólo queda claro un odio visceral de los violentos. Villepin recibió ayer a varios grupos de jóvenes residentes en barrios o ciudades de la periferia parisina. Pero sólo se consumó un diálogo de sordos. Los jóvenes dicen sentirse incomprendidos y encolerizados porque Nicolas Sarkozy, ministro del Interior, denunció el comportamiento de una cierta canalla suburbana. Pero no parece sensato pensar que dos palabras poco afortunadas sirvan de pretexto para quemar centenares de automóviles de indefensos propietarios. Un aparcamiento incendiado en Suresnes, al oeste de la capital francesa concordia y al entendimiento, sin olvidar subrayar su profunda inquietud por los acontecimientos. Sin embargo, ese lenguaje dialogante es ignorado entre las comunidades musulmanas y cae pasablemente mal entre los feligreses católicos tradicionales, que apoyan calurosamente las intervenciones policiales más expeditivas. En numerosas alcaldías de la periferia parisina, como Aulnay- sous- Bois, se suceden marchas silenciosas de alcaldes de izquierda y derecha, vagamente unidos ante la amenaza de la agitación incendiaria. Se trata de piadosas manifestaciones cívicas, apoyadas por los aterrorizados pequeños comerciantes del lugar y de dudosa eficacia entre las bandas que aprovechan cualquier oportunidad para desvalijar una tienda, o parar un autobús y atracar a los viajeros. La noche del jueves al viernes, los despliegues muy aparatosos de fuerzas de seguridad, en muchas encrucijadas estratégicas se presentó como una eficaz fuerza disuasiva. En vano. La noche del viernes al sábado fue la más incendiaria, 900 vehículos ardieron en toda Francia, y las 250 detenciones de jóvenes dieron un resultado incierto, ya que no es fácil aportar pruebas. Cuando se pensaba que, en verdad, se trataba de estallidos de cólera pasajera y circunstancial, la propagación de los incendios a varias capitales de provincias dejaba al descubierto una incomprensión profunda del fenómeno. Y los primeros balances provisionales de la extensión de las llamaradas son de sobra inquietantes: decenas de coches incendiados en los departamentos del Norte, el Loiret, el Bas- Rhin, Ille- et- Vilaine, Seine- Maritime, o Pasde- Calais, sin olvidar los departamentos de Isla de Francia, la Gran corona parisina, foco esencial de los disturbios. ¿Qué hay en común entre ese rosa- Rector de la Gran Mezquita Dalil Boubakeur, rector de la Gran Mezquita de París, ha pedido al Gobierno palabras de comprensión y de paz solicitando a las bandas de jóvenes agitadores, mayoritariamente musulmanes poco practicantes, que vuelvan a casa, en paz Sin embargo, las declaraciones gubernamentales tienen un éxito nulo. Y, entre los jóvenes musulmanes, el primero de los problemas es la desintegración de sus familias. Son numerosísimos los casos de adolescentes que viven fuera de casa, sin recursos, o en domicilios de ocasión, con padre y madre en distintos domicilios, con hijos de una o varias parejas. Desde Lourdes, la Conferencia Episcopal ha lanzado un llamamiento a la El rector de la Gran Mezquita de París ha pedido a las bandas de jóvenes que vuelvan a casa en paz La Conferencia Episcopal, desde Lourdes, ha lanzado un llamamiento al entendimiento