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10 La Entrevista DOMINGO 6 11 2005 ABC PASQUAL MARAGALL Presidente de la Generalitat de Cataluña En España hay tres naciones seguras, y alguna probable En la puerta del Palau de la Generalitat, los Mossos d Esquadra responden en catalán al visitante que les habla en castellano. Cae la noche sobre el bellísimo Pati dels Tarongers cuando Pasqual Maragall i Mira recibe a ABC con su habitual aire ausente y esa sonrisa que causaba estragos políticos cuando gobernaba, justo al otro lado de la Plaza de Sant Jaume, el Ayuntamiento de la Barcelona olímpica TEXTO: IGNACIO CAMACHO, DIRECTOR DE ABC FOTOS: ELENA CARRERAS BARCELONA. En su despacho, el mismo de Jordi Pujol, sólo hay, junto a un mural que reza Catalunya endavant una bandera: la senyera cuatribarrada. El día anterior, el Congreso de los Diputados ha admitido a trámite el polémico proyecto de Estatuto de Cataluña, una verdadera constitución que ha causado enorme alarma en el panorama político, al punto de provocar una auténtica crisis nacional. Para Maragall, se trata de un ejercicio colectivo de incomprensión. En su discurso algo errático, de prosodia a veces ininteligible y sintaxis confusa, defiende el proyecto con una naturalidad casi arrogante, como si no hiciese otra cosa que restablecer un statu quo violentado por la rutina y la costumbre. Se le nota prudente con los conceptos, que envuelve en largos circunloquios para no traicionarse, y maneja un cierto cinismo elegante, displicente, para eludir las cuestiones relacionadas con el debate en su propio partido. Para él, todo el ruido montado en torno al Estatuto se resume en una especie de condescendiente no pasa nada -Honorable, después del debate se le ve aliviado. -Aliviado no es la palabra. Satisfecho. Tenga en cuenta que ha sido un proceso difícil, porque había un problema subjetivo: ni el Estatuto de Sau ni éste se han hecho con el nacionalismo en el poder... ...Y para engancharlos en un acuerdo han tenido ustedes que ceder más. -No hemos cedido especialmente nada por eso. ¿Por qué no fue usted el que defendió el proyecto en el Congreso? Ibarretxe lo hizo. -Queríamos escenificar que éste es un gobierno tripartito, y que además el Estatuto se ha hecho con un cuarto partido, con equilibrios muy complicados. ¿No daba una imagen de que usted había sido apartado del asunto? -En todo caso, de estar au dessus de la melée un poco por encima. Creo que la defensa que se hizo fue muy buena, brillante; para mí, lo mejor de todo el debate. ¿Incluida la intervención de Carod? -Sí. -En las últimas semanas se le consideraba a usted políticamente acabado. -Eso es cosa del periodismo... -Incluso de algunos compañeros suyos. -Bueno, pues... gozamos de buena salud. ¿Tan buena como para ser de nuevo candidato a la Presidencia de la Generalitat? -Ésa es la pregunta del millón... y yo no le voy a dar usted un millón, ja, ja, ja. -Me conformaría con que me dijese si se ha sentido chivo expiatorio de la crisis. ¿Qué crisis? La crisis de mi Gobierno se saldó en una remodelación funcional, no en una crisis en sentido técnico, con cambios de personas. Un nuevo sistema de funcionamiento, que está por ver que no sea exactamente lo que yo quería. -Usted convendrá en que lo que se escenificó es que el presidente de la Generalitat estaba preso de una tenaza, entre sus socios y su propio partido. -La escenificación no es mi trabajo. Yo no me he sentido en ninguna tenaza, ni perdedor de nada. Lo que ocurre es que los partidos son también muchas veces prisioneros de sus acuerdos, y el acuerdo de gobierno era difícil de modificar. ¿Usted ha visto lo que tardan en Alemania para alcanzar un acuerdo de gobierno? ¿Se siente usted rehén de alguien? No pasaremos por no ser nación ni por un sistema financiero insuficiente ¿Líneas rojas? Los temas sustanciales son la nación y el dinero Lo divertido es ser distintos. Ser iguales es un aburrimiento. Diferencias, haberlas haylas -No. ¿Usted se hace también la pregunta que Carod formuló en el Congreso, eso de para qué los quiere España a ustedes, a los catalanes? -No de la misma manera, pero la entiendo perfectamente. Él es el presidente de un partido independentista, y no me negará usted que el hecho de haber presentado el Estatuto en el Parlamento español, desde su punto de vista es complejo. Tiene derecho a preguntarse cosas. Seguro que usted también lo entiende. -Desde luego, cuando dijo que España no les interesa se le entendía perfectamente. -En otras circunstancias que las que concurren ahora. Esto de ahora es un avance para él y para España. ¿Y qué hace usted con un socio así? -Gobernar. -No le dejan mucho. -Son socios leales, no tengo agravios políticos ni técnicos ni personales. No desconfío de su responsabilidad. ¿No son un lastre político? -Para gobernar, ninguno. Y ellos evolucionan a través de la práctica conjunta de gobierno. Se han avenido a plantearle a España un proyecto común. Incluida la oposición, que es muy nacionalista. ¿Y ese proyecto no puede conducir a un terreno abonado para que se constituya un bloque soberanista mayoritario? -Eso es una especulación excesiva. Las fuerzas soberanistas y nacionalistas tienen una filosofía que yo no comparto, pero con las cuales yo puedo convivir y coincidir en la ley básica de Cataluña. -Por eso a usted se le acusa de hacer nacionalismo con votos socialistas. -A veces me acusan de lo contrario. Lo que pasa es que Cataluña, más allá de su gobierno, ha llegado a un consenso sobre lo que quiere para sí misma y lo que quiere para y de España. En lo primero hemos cumplido, y lo segundo va por buen camino. ¿Ha tenido que tirar mucho de su partido para llevarlo hasta ese consenso? -Ésa es la imagen que se ha dado, pero el Estatuto lo ha hecho el Parlamen- to, no el Gobierno. Yo he intervenido en la fase final. -Hay gente de su partido que sostiene que usted ha ido más lejos de lo que ellos querían. -La verdad es que no. El texto del Estatuto no es de mi mano. Es verdad que en el último tramo he tenido alguna intervención, sobre todo en la sugerencia de