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60 Sociedad SÁBADO 5 11 2005 ABC RELIGIÓN Un testimonio común En el 40 aniversario de Nostra Aetate Benedicto XVI pidió que se sigan enriqueciendo y profundizando los lazos de amistad El Papa aseguró que a través del dialogo teológico, los contactos diarios y la colaboración, cristianos y judíos ofrecerán un testimonio cada vez más convincente del Dios Único, sus mandamientos, la santidad de la vida, la promoción de la dignidad humana, los derechos de la familia y la necesidad de construir un mundo de justicia, reconciliación y paz para las futuras generaciones La Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo, presidida por el cardenal Walter Kasper, forma parte del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, pues, según el purpurado alemán, el judaísmo forma parte de las raíces del cristianismo El interlocutor mundial del Vaticano es el Comité Internacional Judío para las Consultas Interreligiosas, presidido por el rabino David Rosen. Existe una comisión de la Santa Sede con el Gran Rabinato de Israel. El entendimiento entre líderes religiosos es bueno. El forcejeo entre el Vaticano y el actual Gobierno de Israel es harina de otro costal. Benedicto XVI junto a uno de los dos rabinos jefes de Israel, el sefardí Shlomo Amar, el pasado mes de septiembre AFP Cristianos y judíos logran la reconciliación religiosa más espectacular en dos mil años Benedicto XVI: Ahora empieza la etapa de cooperación b Acaba de conmemorarse en Pasos hacia la reconciliación 1965: Declaracion Nostra Aetate del Concilio Vaticano II. 1986: Juan Pablo II visita la sinagoga de Roma. 1998: Declaración We Remember- Nosotros Recordamos del Vaticano sobre la Shoah y el antisemitismo. 2000: Juan Pablo II visita Yad Vashen y el Muro Occidental. 2001: El pueblo judío y sus Escrituras en la Biblia cristiana de la Pontificia Comisión Bíblica. 2001: Dabru Emet Decir la verdad centenares de rabinos apoyan la amistad con el cristianismo. 2005: Benedicto XVI visita la sinagoga de Colonia. 2005: Los dos rabinos jefes de Israel realizan su primera visita a Benedicto XVI. Roma el 40 aniversario de la declaración de Nostra Aetate que ofrece el balance más positivo del Concilio Vaticano II JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. La reconciliación más espectacular de los últimos dos mil años entre las religiones del mundo es la protagonizado por judíos y cristianos a lo largo de una generación: los 40 años transcurridos desde que el Concilio Vaticano II aprobó la declaración Nostra Aetate En nuestra época el 28 de octubre de 1965. Según el rabino David Rosen, del Comité Judío Americano, en estos cuarenta años, la Iglesia católica ha redescubierto su relación única con el judaísmo. El pueblo judío está empezando ahora a redescubrir su relación con el cristianismo como reconoce la declaración Dabru Emet Decir la Verdad de 2001, firmada por cientos de rabinos En el acto conmemorativo celebrado en Roma, el cardenal Walter Kasper, presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, manifestó que la declaración Nostra Aetate ha dado un vuelco a una historia bimilenaria compleja, atribulada, difícil y dolorosa Desde que los sacerdotes del Templo de Jerusalén arrestaron a Pedro de Betsaida y comenzaron a perseguir a los primeros cristianos La Iglesia deplora las persecuciones y el antisemitismo de que han sido objeto los judíos han transcurrido dos mil años de hostilidad, empobrecedora para las dos partes, hasta que el Concilio Vaticano II decidió hacer borrón y cuenta nueva. Aquella declaración de paz apenas se abrió camino entre los católicos has- ta que salió de escena una generación cargada de prejuicios e incapaz de aplicar decisiones del Concilio, como fomentar y recomendar el mutuo conocimiento y estima, sobre todo mediante los estudios bíblicos y teológicos, y el diálogo fraterno o de aceptar que la Iglesia deplora los odios, persecuciones y manifestaciones de antisemitismo de que han sido objeto los judíos de cualquier tiempo y por parte de cualquier persona. Cree, pues, la Iglesia que Jesucristo, nuestra paz, reconcilió por la cruz a judíos y gentiles, y que de ambos hizo una sola cosa en Sí mismo El cambio se hizo visible en 1986, cuando Juan Pablo II realizó la primera visita de un Papa a una sinagoga y fue recibido con los brazos abiertos por el rabino Elio Toaff. En el año 2000 el Gobierno de Israel recibía al Papa con todos los honores y Juan Pablo II dejaba entre las grietas del Muro Occidental una oración escrita que era la misma petición de perdón por el antisemitismo, formulada en la basílica de San Pedro junto con las de otras seis culpas del pasado. La Pontificia Comisión Bíblica, autora en 1993 del documento La interpretación de la Biblia en la Iglesia publicó en 2001 su segunda obra maestra, El pueblo judío y sus Escrituras en la Biblia cristiana donde afirma que sin el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento sería un libro indescifrable, una planta privada de sus raíces y destinada a secarse La Pontificia Comisión Bíblica forma parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe, y el entonces prefecto, cardenal Joseph Ratzinger, indicaba en el prefacio que los cristianos pueden aprender mucho de la exégesis judía practicada durante 2.000 años El acercamiento judío El deshielo fue más lento por la parte judía, pero ya en el año 2001 varios cientos de rabinos, sobre todo de Estados Unidos, firmaban la declaración Dabru Emet Decir la verdad el primer documento de elogio al cristianismo en los dos mil años transcurridos desde que irrumpió en la historia del pueblo de Israel. Hasta 2001, los principales interlocutores del Vaticano eran rabinos reformados de Estados Unidos. A partir de entonces, los rabinos ortodoxos comenzaron a descubrir a Juan Pablo II y a reconocer el cambio copernicano protagonizado por la Iglesia católica. Quienes ya habían acudido a los encuentros de Asís, que eran multirreligiosos y fuera de Roma, dieron el gran paso de atravesar por primera vez las puertas del Vaticano, y las visitas de los rabinos jefes de Israel- -el asquenazí Jona Metzger y el sefardí Slomo Amar- -a Juan Pablo II pasaron a ser normales como lo ha sido su visita a Benedicto XVI el pasado mes de septiembre. Por entonces, el nuevo Papa había confirmado ya en la sinagoga de Colonia que la reconciliación es irrevocable y que ahora empieza la etapa de cooperación para bien de la humanidad.