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32 Internacional SÁBADO 5 11 2005 ABC David Davis gana por puntos en el cara a cara de los candidatos tories E. J. B. CORRESPONSAL LONDRES. David Davis, y no el favorito David Cameron, venció en el cara a cara que los dos candidatos al liderazgo del Partido Conservador británico celebraron el jueves por la noche en la BBC. Davis ganó sólo por puntos y difícilmente el debate va a condicionar el resultado de la votación que los 240.000 militantes tories realizarán por correo entre hoy y el próximo día 5 de diciembre, pero la estrategia seguida en televisión por Davis podría acortar sus distancias respecto a Cameron en la recta final. David Blunkett, ex ministro del Gobierno de Tony Blair, marchará con Sadie, su perra- guía, a los asientos de atrás de los Comunes, después de ocupar la primera fila desde que el primer ministro llegó al poder El esperpento del ministro ciego TEXTO: EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL FOTO: AFP Cansados de los laboristas Cameron, de 39 años, insistió en fundamentar su fuerza en la imagen de juventud y dinamismo, que casi por si sola debe ser suficiente para devolver la ilusión al votante conservador y atraer el electorado cansado con ocho años ya de laborismo. Aunque es sin duda la gran carta del joven aspirante, avalada por las encuestas, Davis trató de convertirla en pura campaña de imagen, al contraponerla a una batería de propuestas concretas que él llevaría a cabo en caso de ser líder y ganar las siguientes elecciones dentro de cuatro años. Lo que hizo que Davis, de 56 años, ganará la partida del debate por la mínima es que Cameron declinó hacer lo mismo, indicando que cualquier promesa electoral concreta no deja de ser un brindis al sol, pues quedará anticuada para cuando lleguen las elecciones. La advertencia de un miembro del público, pues los dos candidatos fueron sometidos a preguntas de la audiencia presente en el estudio de televisión, de que nadie puede descartar que los comicios puedan ser dentro de un año si a Blair le van mal las cosas puso en evidencia el peligro de la estrategia de Cameron de vender más ilusión que contenido. LONDRES. Ciego y huérfano de padre desde su nacimiento, David Blunkett ha demostrado ser un correoso político acostumbrado a la adversidad, de manera que a sus 58 años es difícil dar por concluida su carrera, aunque Tony Blair tendrá complicado volverlo a situar en el Gobierno, como hizo tras las últimas elecciones después de que Blunkett dimitiera por primera vez en diciembre de 2004. Su segunda dimisión esta semana dificulta su futuro. Pero el primer ministro no deja en la estacada a los adalides de las reformas del Nuevo Laborismo. Ocurrió con Peter Mandelson, que también se vio obligado a dejar en dos ocasiones el Ejecutivo y finalmente Blair lo ha podido repescar como comisario de la UE, e igualmente con Alan Milburn, que regresó al Gabinete después de un tiempo dedicado a su familia para convertirse en un posible (y efímero) tapado para barrar el paso de la sucesión a Gordon Brown. Blunkett ha sido un político tan respetado en su larga carrera como controvertido en los últimos años. Formado en un pobre entorno de Shefield, en el centro de Inglaterra, en 1980 llegó a alcalde de esa ciudad, cargo que ocupó durante siete años hasta que en 1987 consiguió su acta de diputado. En los años ochenta fue presidente del Partido Laborista y en los noventa entró a formar parte del Gobierno en la sombra de esa formación. Con la victoria de Blair, en 1997 fue designado ministro de Educación y en 2001 pasó a dirigir el Ministerio del Interior. El ataque a las Torres Gemelas de Nueva York significó un cambio en los planteamientos de Blunkett, quien a partir de entonces concentró toda su actividad en reforzar la seguridad y controlar la inmigración. Medidas como la introducción de un carné de iden- Blunkett acudió en diciembre pasado a los tribunales para el reconocimiento de la paternidad de dos hijos que aseguraba haber tenido con Quinn. Esa lucha personal pareció que le había hecho perder el sentido de la realidad. Durante aquellos días sus asuntos personales le consumieron todas las energías, sin tiempo para los serios asuntos del Ministerio del Interior. Blunkett se convirtió en un esperpento, en parte comprendido como un padre que batalla por sus supuestos hijos, pero también ridiculizado como alguien discapacitado burlado por una mujer. El visado de la criada Cuando se supo que previamente había intercedido para la aceleración de la concesión del visado de la criada de Quinn, Blunkett tuvo que dimitir. Pero no pareció aprender la lección, y en las últimas semanas ha vuelto a ser víctima de un ansia de relación amorosa sin la suficiente precaución de hombre político. Después de volver en mayo al Gobierno al frente de Trabajo y Pensiones, Blunkett fue presentado a Sandy Anderson, una joven de 29 años. El ministro enseguida planteó su deseo de tener hijos con ella, al menos según lo que la joven luego vendió en exclusiva a un periódico. De nuevo los líos de Blunkett volvían a estar en los periódicos, aunque no ha dimitido por ese affair sino por haber estado sin haber hecho las consultas oficiales pertinentes en el consejo de administración de una empresa en los meses que no fue ministro. La empresa es DNA Bioscience, en la que invirtió tras interesarse por las pruebas de paternidad que tuvo que encargar tras su relación con Kimberly Quinn; sus propietarios fueron precisamente los que le presentaron a Sally Anderson. David Blunkett el pasado miércoles tidad y el recorte de garantías legales para sospechosos de terrorismo le enfrentaron al ala izquierda del laborismo. Polémicas fueron sus declaraciones sobre la conveniencia de que las minorías étnicas británicas hablaran inglés en casa y su afirmación de que había descorchado una botella cuando se supo que un asesino en serie se había ahorcado en prisión. Poco preocupado por la reacción de la gente ante lo que consideraba reformas necesarias, tampoco mostró gran sigilo en mantener reservada su vida privada, de forma que su relación con Kimberly Quinn, editora de The Spectator y mujer casada, finalmente se hizo pública en verano del año pasado. Divorciado de un primer matrimonio,