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ABC VIERNES 4 11 2005 Espectáculos 65 doba escribía el guión. Yo empecé en el año 2000; quería hacer una historia de pandillas, y coincidió que se celebró el primer combate de boxeo femenino en España. A mí me gusta el boxeo desde adolescente, no me perdía un sólo combate de la época dorada de Velázquez, Durán, Perico... Y se me ocurrió que la protagonista fuera una boxeadora Natalia Verbeke ha sido la encargada de meterse en la piel de María. Tuve mucho entrenamiento- -dice la actriz- carreras, máquinas, sacos, sombra, dieta... Se trataba de ganar músculo y de realizar el mismo trabajo que cualquier profesional, porque no se trataba de interpretar a una boxeado Me quise pre- ra, sino de parar tanto que boxear Es conocida la pasión de Dallegaba todos los días al roda- niel Guzmán- -protagonista masculije con la cara no- -por el boxeo, marcada afir- que ha practicado incluso de manera ma el actor Daniel Guzman semiprofesional. Me quise preparar tanto que llegaba todos los días al rodaje con la cara marcada, y en la secuencia de mi combate le pedí a Juan Vicente que me dejara hacer dos asaltos reales Han sido varios los profesionales de este deporte que han participado en la película: desde Jero García, un preparador que ya trabajó con Penélope Cruz en Sin noticias de Dios hasta María Jesús Rosa, campeona mundial de los pesos mini- mosca, con quien Natalia Verbeke se enfrenta en una escena de la película. Desde el principio me metí dentro del ambiente del boxeo; hablé con su gente, con ellos y con ellas. Quería ver cómo vivían, qué sentían antes de subir al ring; transcribí muchos diálogos que luego incorporaba al guión. Y cuando vieron la película destacaron su credibilidad Camarón Un duende llamado Óscar Jaenada España, 2005 Director: Jaime Chávarri Intérpretes: Óscar Jaenada, Verónica Sánchez, Jacobo Dicenta, Mercé Llorens E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Parecía una empresa imposible: recrear en cine la figura y la vida de Camarón, alguien que traspasó en vida los umbrales de una razonable admiración y que, tras su muerte, quedó instalado en el sillón más confortable del Olimpo. El inclasificable director Jaime Chávarri asumió semejante proyecto sin duda imposible. Bueno, ahí está: hecho con una dignidad, con un alto sentido de la historia que quiere contar y con una notable dosis de fortuna. La fortuna se ve en el corte de su protagonista, Óscar Jaenada, tan pegado en traza, cuerpo y alma al original que hace posible la novelación del canapé y que uno se lo trague de un bocado. Hasta el propio Camarón se hubiera quedado lívido ante el duende y la picardía del actor. El buen sentido narrativo de Chávarri lo lleva a no pretender milagrerías: elige puntos señalados de su biografía, notas al vuelo, impresiones, pinceladas y todo ello dentro de un aire novelesco, un punto por debajo de lo épico, más cer- Óscar Jaenada, en el papel de Camarón cano al romancero, para dejar hecho un retrato entre sincero y verídico del cantaor; ni siquiera cae en el tópico de forzar el drama, ni su relación con las drogas o su encontronazo definitivo con el cáncer. Y todo ello entronca con la aludida dignidad del retrato. No es fácil que otro director que no fuera Chávarri hubiera encontrado ese punto intermedio entre lo real y lo engañoso, entre lo discreto y lo impúdico, que se necesita para afrontar algo imposible como Camarón que alterna momentos de brutal hondura con otros de cierto descaro narrativo cercano al tópico: hay tramos de la película que sólo podían ser abordados con esa, digamos frescura y de ese modo hay que verlos, o si se prefiere, soportarlos. Tal vez no haya tenido la misma fortuna Chávarri en el trazo de algunos fondos y personajes cercanos a Camarón, y que tendrían otra película en sí mismos. Pero, la fortuna, ya lo dice Woody Allen en su obra maestra Match point cae donde cae y es tan imprevisible como la mano de niño: a Chávarri le ha caído en donde más lo necesitaba, en Camarón: un grandísimo trabajo de Jaenada, y tan difícil de medir como un sentimiento.