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ABC VIERNES 4 11 2005 Espectáculos 63 Después del éxito internacional de Ciudad de Dios el realizador Fernando Meirelles adapta la novela de John Le Carré El jardinero fiel El filme, protagonizado por Ralph Fiennes y Rachel Weisz, rompe el tabú hollywoodiense de no criticar a otras grandes industrias Memorias sórdidas de África TEXT 0: TONI GARCÍA Justin Quayle (Ralph Fiennes) es un tranquilo diplomático del gobierno británico que se enamora de su opuesto: Tessa (Rachel Weisz) una hiperactiva e inconformista militante que le acompañará a Kenia, país donde el primero es destinado. Cuando Tessa es asesinada en una carretera solitaria, Justin empieza a sospechar que nada es lo que parece. El jardinero fiel es la adaptación de la novela del mismo nombre de John Le Carré, y dibuja un continente africano sacudido por la política de las multinacionales farmacéuticas, dedicadas a ganar dinero a toda costa sin tener en cuenta las necesidades de los ciudadanos. La ha dirigido Fernando Meirelles, para quien el sujeto del filme es algo importante: quise introducir más información de la que había en el libro porque creo que era importante hablar de lo que está pasando en África Meirelles llegó al proyecto después del gran éxito de su últiEl filme dibuja ma película, la exceun continente lente Ciudad de sacudido por la Dios no creo que política de las me hubieran contratado sin ella farmacéuticas, El director brasidedicadas a leño decidió llevar ganar dinero a a cabo el rodaje en Kenia, que no se ditoda costa ferencia en nada de cualquier ciudad europea en cuanto a los clubes de golf, las tiendas de lujo o los grandes hoteles, pero que tiene otra cara mucho menos agradable en sus calles y tuvo claro el reparto desde sus inicios: Para mí era imprescindible que Ralph Fiennes estuviera en el proyecto, porque tiene esa imagen frágil, pero al mismo tiempo es capaz de mostrarse como una persona resuelta capaz de llegar a cualquier parte si se lo propone El propio Fiennes explicaba a ABC su implicación en el filme: Cuando llegué a esta película había otro director y no había nada seguro, pero cuando Fernando (Meirelles) se incorporó y me llamó enseguida comprendí que era la persona ideal para dirigirla El actor se muestra un poco harto de que los periodistas le pregunten por el reivindicativo mensaje del filme, poco habitual en la mayoría de filmes hollywoodienses. Yo soy sólo un actor y deberían preguntarme sobre la película y no sobre los movimientos de las grandes compañías farmacéuticas en África. Por supuesto, he leído sobre el tema y tengo mis propias ideas al respeto, pero no soy quién para ponerme a hacer discursos políticos. Entiendo que lo que yo piense o deje de pensar no es importante sólo porque lo que yo diga pueda tener más repercusión Meirelles, en cambio, no evita el tema, sino que más bien lo persigue porque creo que na- die habla de ello y lo que la industria farmacéutica está haciendo en África es absolutamente increíble y nadie parece dispuesto a hacer nada al respeto La película tiene en la banda sonora, compuesta por el español Alberto Iglesias (el compositor habitual de Pedro Almodóvar y Julio Médem) uno de sus grandes atractivos, junto con la belleza de Nairobi y el montaje de Claire Simpson. También hay que destacar el trabajo de Bill Nighy, un actor al que hemos visto en comedias como La guía del autoestopista galáctico o Love actually y que aquí realiza una memorable composición del malvado. El filme fue presentado en la última edición de la Mostra de Venecia, donde fue recibida con división de opiniones, algo que para Meirelles es normal: No es una película fácil, ni comercial, aunque tenga elementos que puedan parecerlo. Es evidente que hablamos de cosas que muchos no encontrarán agradables, pero yo prefiero pensar que, por encima de todo, ésta es una intensa historia de amor Ralph Fiennes, en una secuencia de El jardinero fiel El jardinero fiel Farmacia y geopolítica EE. UU. 2005 Director: Fernando Meirelles Intérpretes: Ralph Fiennes, Rachel Weisz, Danny Huston ANTONIO WEINRICHTER ohn Le Carré ha dado páginas gloriosas al género de espionaje y su obra ha servido de base a alguna película decente (la última, La casa Rusia Ahora, acabada la guerra fría, parece preocuparse menos por los manejos de las agencias J oficiales y más por los de ese poder en la sombra que son las multinacionales. De hecho, en El jardinero fiel el único espía que sale es aún más gris y surgido del frío (o del calor africano) de lo habitual en Le Carré; el verdadero protagonista es un diplomático de carrera, también bastante gris, por cierto, que sólo se anima a pasar a la acción cuando su esposa es brutalmente asesinada. La matan porque, al acompañar a su marido a Kenia, se involucra más de lo debido en esos asuntos en los que nunca debe fijarse la consorte de un diplomático: se convierte de hecho en una ONG con patas empeñada en destapar los turbios manejos de la gran industria farmaceútica con la población local. Todo el que conozca por la prensa la relación entre los medicamentos genéricos y las plagas que asolan al continente negro se puede imaginar lo que está en juego y es de alabar el coraje de los productores de la película para romper ese tabú que se suele imponer una gran industria (el cine) para criticar a otras grandes industrias. A ello contribuye, quizá, que la producción sea inglesa y que el director, el brasileño Fernando Meirelles, aporte un grado considerable de indignación y solidaridad tercermundista, además del estilo ágil y pop del título que le hizo famoso Ciudad de Dios a la hora de tratar el tema. Así, la película no se queda en un thriller genérico y logra transmitirnos algo de su indignación sobre ciertos modernos creadores de sombras.