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ABC VIERNES 4 11 2005 31 Tony Blair pasa por tiempos duros y de gran desgaste tras la segunda caída de su ministro Blunkett Bush y Chávez abren hoy su pulso en torno al Área de Libre Comercio en la Cumbre de las Américas Los jóvenes musulmanes no se integran J. P. Q. PARÍS. Gobierno y oposición silencian o pasan por alto una de las dimensiones más inflamables de los estallidos de violencia suburbana: su carácter parcialmente étnico y religioso, ya que la mayoría de los protagonistas son jóvenes franceses que se definen como musulmanes. Los suburbios en que se multiplican los incendios están mayoritariamente habitados por familias de la inmigración más pobre y peor integrada. Han sido numerosas las intervenciones de la jerarquía religiosa musulmana intentando calmar los ánimos. En bastantes pueblos, los imanes locales han salido a la calle para pedir el cese de la violencia. Sin embargo, todos los sociólogos insisten en el mismo problema de fondo: una parte considerable de los musulmanes de Francia (unos 5 millones) no están bien integrados y viven en familias cuya cohesión religiosa choca con algunos principios del modelo social y cultural francés. A cinco minutos de Nôtre- Dame, en las callejuelas próximas al Metro de Barbès- Rochechart, las pintadas junto a una célebre mezquita popular anunciaban hace meses el estallido de una gran crisis: Una temporada en el infierno La lucha sigue Líbanos En los suburbios del odio J. P. QUIÑONERO PARÍS. En las inmediaciones de la catedral de Saint- Denis, donde están enterrados los reyes de Francia, abrieron hace meses las primeras hamburgueserías islámicas de Francia. Mohamed, de 17 años, explica de este modo los actuales estallidos de violencia suburbana: Yo he nacido en Francia, pero los franceses no me quieren. Me odian. En mi barrio, en Aulnaissous- Bois, los musulmanes somos mayoritarios. Pero los maestros, los policías, los bomberos, no nos quieren. Son unos hipócritas. Sarkozy nos trata de canallas. A muchos jóvenes les gustaría provocar una crisis de gobierno metiendo fuego a todo lo que encuentren más a mano Las estadísticas oficiales ilustran de manera sombría esa desesperación nihilista y destructora. En apenas diez meses, las bandas de jóvenes que viven en la periferia de las grandes ciudades han pegado fuego a 28.000 automóviles- -casi tres mil al mes, cerca de un centenar al día- -en toda Francia. Agentes de las CRS detenían ayer a dos jóvenes en la barriada LeBlanc- Mesnil La Courneuve... el desencuentro entre bandas de distinta etnia y religión son relativamente frecuentes. En La Courneuve, la Policía vive atrincherada y pide ayuda regularmente a las Compañías Republicanas de Seguridad (CRS, antidisturbios) En los últimos siete días, varios automóviles oficiales, coches patrulla y camiones de bomberos, han sido tiroteados con bala. En los diminutos lugares de culto de todo el departamento de SeineSaint- Denis no es fácil cumplir las me- AP acabar con las llamaradas de odio social bien enraizado en la tierra de nadie del desierto suburbano. Las ayudas sociales podrán tapar estos o aquellos huecos. Pero la gran corona parisina se ha transformado peligrosamente: el antiguo cinturón rojo que votaba comunista masivamente, se ha vuelto un terreno pantanoso que ahora vota mayoritariamente a la extrema derecha y a la extrema izquierda. La presencia masiva de policías en las inmediaciones de escuelas e institutos podrá desplazar la violencia. Pero maestros y profesores son implacables en sus denuncias: la mayoría se consideran ellos mismos víctimas de la segregación laboral educativa, que los condena a vivir y trabajar en unas condiciones muy duras y amenazantes. La tentación del islamismo Un policía especializado, que prefiere guardar el anonimato, explica así los nuevos estallidos de violencia urbana: Los jóvenes más radicales sienten la tentación del islamismo. Son minoritarios. Por ahora. La gran mayoría viven en bandas que odian a todos los símbolos del poder y se odian entre ellas. Todas tienen en común su odio contra el Estado, contra la Policía, contra cualquier Gobierno El odio generalizado tiene unos blancos particulares. En las inmediaciones de la calle de Aubervilliers, en el norte de París, una humilde sinagoga de barrio sufre pintadas racistas regularmente y cada trimestre se denuncian varios ataques con cócteles Molotov. En barriadas y pueblos como Clichy- sous- Bois, en Aulnay, en didas de seguridad antiterroristas decretadas por el Gobierno: las cámaras de vigilancia son apedreadas, los coches de policía son apedreados; y es difícil detener a los sospechosos. Familias mal integradas Mary Laure Calvot, maestra en una escuela de Blanc- Mesnil, vive atemorizada: El diálogo es casi imposible con adolescentes que pueden insultarte o amenazarte, dentro y fuera de la escuela. De nada vale quejarse: los maestros que trabajamos en barrios o pueblos con problemas estamos forzados a callar o intentar hacer lo que podemos. En la mayoría de los casos, los niños y adolescentes viven en unas familias mal integradas, y ellos mismo no saben lo que son, ni lo que quieren, ni a dónde van. La violencia les estalla a flor de piel Todos tienen en común su odio contra el Estado, contra la Policía, contra cualquier Gobierno