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ABC VIERNES 4 11 2005 Nacional 21 Una primera fase de entrenamiento incluía la instrucción con armas de fuego; después, sólo los más capacitados recibían cursillos especiales para convertirse en activistas La Universidad terrorista de Bin Laden en el Afganistán de los talibanes POR ALBERTO SOTILLO Mustafá Setmarian, en una imagen de archivo EFE Abu Dahdah y Setmarian, unidos por una estrecha amistad, se dedicaban a captar mujahidines dos del 11- M es Amer Azizi, contra quien Del Olmo tiene dictada una orden internacional de detención por su presunta participación en los atentados de Madrid. Azizi, uno de los hombres de confianza de Abu Dahdah fue entrenado como combatiente en un campo de adiestramiento que en Afganistán dirigía Setmarian. Tras pasar por esta escuela Azizi regresó de nuevo a España con la misión de reclutar en nuestro país, junto a Abu Dahdah a activistas, especialmente de origen marroquí. De hecho, Azizi adoctrinó en el Yihad a varios de los implicados en el 11- M, que han manifestado que lo conocen por el sobrenombre del Al Afgani MADRID. Cuando Bin Laden partió de Sudán en 1996 para instalarse en el Afganistán gobernado por los talibanes, su primer proyecto fue la creación de una genuina Universidad para terroristas en un país que le resultaba especialmente querido. En Afganistán había organizado la insurgencia islamista internacional contra la Unión Soviética. Allí había derrotado a una superpotencia, y ahí se disponía a derrotar a la otra hiperpotencia. Su proyecto pedagógico tuvo un éxito fulgurante. La CIA calcula que, entre 1996 y 2001, los campos de Bin Laden entrenaron a unos 20.000 voluntarios llegados desde el Magreb a Filipinas, desde Chechenia a Arabia Saudí. Los relatos de algunos veteranos de esos campos dan cuenta de una docencia terrorista volcada en el terreno práctico. Una primera fase de entrenamiento incluía un período de uno a dos meses en los que el estudiante se familiarizaba con el uso de armas de fuego, lanzagranadas y cuchillos. Las clases prácticas se completaban con cursillos teóricos, que incluían un juramento de obediencia a Bin Laden y alguna conferencia magistral sobre sistemas de organización de otros grupos radicales como Hamás, Yihad Islámico y Hizbolá. Tampoco faltaba el más estricto adoctrinamiento ideológico y religioso bajo un régimen de vida espartano y cuartelario. que se impartieran enseñanzas de terrorismo químico y biológico. Pero el régimen talibán carecía de los medios necesarios. Al Qaida gestionaba una pequeña fortuna propia. Según la CIA, sus gastos anuales se elevaban a unos treinta millones de dólares anuales. Pero tampoco estos fondos fueron suficientes. El Departamento de Justicia norteamericano describe a Mustafá Setmarian Nasar como jefe de entrenamiento de un campamento terrorista en Afganistán en el que se adiestraba a sus miembros en el uso de sustancias químicas y venenosas. Pero Al Qaida nunca llegó a desarrollar verdaderas armas químicas o biológicas. Lo intentó, pero le faltó tiempo. La red de campos de entrenamiento terroristas de Al Qaida muy pron- Los campos de entrenamiento se completaban con una red de contactos en Occidente to entró en contacto con otra extensa red de militantes, clérigos y radicales instalados en Occidente, que se encargaban de reclutar a nuevos pupilos para la Universidad afgana y de amparar a sus licenciados para la puesta en práctica de sus fechorías. Era una siniestra materialización de cómo la Universidad se ponía en permanente contacto con el mundo exterior para dar una dimensión esencialmente práctica a sus enseñanzas. El contacto de Setmarian con Al Qaida fue el famoso Abu Qutada, responsable de la revista Al Ansar -vinculada a los terroristas del GIA argelino- un clérigo palestino considerado como uno de los padres espirituales de la red terrorista. Abu Doha fue otro destacado dirigente de Al Qaida a quien se le encomendó la específica tarea de organizar una red de colaboradores, predicadores y activistas en Europa. La intervención de EE. UU. supuso el cierre de la Universidad afgana Pero la docencia continúa después de que el relevo lo tomase la nueva Universidad terrorista iraquí. Combatientes en las montañas De los 20.000 voluntarios que pasaron por esos campos, sin embargo, sólo una pequeña parte se especializó en acciones terroristas. La mayoría eran llevados a combatir junto a los talibanes contra la milicia del comandante Massud y otros grupos de oposición. Sólo los más fervorosos y aventajados eran destinados a cursos de perfeccionamiento terrorista de unas seis semanas de duración. El talibán norteamericano John Walker, contó cómo fue destinado a combatir contra Massud en las montañas del Panshir, al igual que la mayoría de sus condiscípulos. Pero quienes compaginaban un celo más ardiente con la sangre fría y una cierta capacidad para vivir en una sociedad occidental sin llamar mucho la atención se convertían en firmes candidatos a ingresar en la elite terrorista. Las escuelas de terrorismo de Al Qaida tenían sus propios manuales para la fabricación de explosivos y preparación de atentados. Eran librillos rudimentarios, que no descubrían grandes innovaciones. Bin Laden siempre tuvo la intención de pasar a una nueva fase en la Como uña y carne Además de sus vínculos con uno de los buscados por los atentados de Madrid, Setmarian está procesado por el juez Baltasar Garzón por formar en España la célula de Al Qaida de la que luego sería máximo responsable Abu Dahdah A lo largo de las múltiples sesiones del juicio oral que la Audiencia Nacional celebró en la madrileña Casa de Campo, se habló en más de una ocasión de las estrechas relaciones que unían a este individuo (que fue condenado a 27 años de cárcel) con Setmarian, un vínculo que alguno de los 24 acusados llegó a definir de la siguiente forma: Eran como uña y carne La sentencia de la Sección Tercera de lo Penal consideraba probado que en 1995 Abu Dahdah y Setmarian se dedicaron a captar a jóvenes musulmanes que se encontraban viviendo en España y enviarlos a campos de entrenamiento situados en Bosnia. EPA Juicio a los que apoyaron a Afalah BRUSELAS. Ayer comenzó en el Tribunal Correccional de Bruselas el juicio a 13 presuntos miembros del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM) a los que se acusa de haber tenido vínculos con los autores de los atentados del 11- M y de Casablanca. Uno de los acusados, Murad Chabaru, es sospechoso de haber escondido entre abril y mayo de 2004, en un apartamento del barrio de Schaerbeek, en Bruselas, a uno de los autores de los atentados de Madrid, Mohamed Afalah, huido tras la explosión de Leganés.