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ABC VIERNES 4 11 2005 Nacional EL DESAFÍO DEL ESTATUTO CATALÁN REACCIONES AL DEBATE 13 El bosquejo genérico que Zapatero dibujó de los límites a los que tendrá que ceñirse el Estatuto catalán no permite adelantar cómo quedará el cuadro definitivo. Sólo atisbar que no se aceptará el blindaje de competencias y una financiación exclusiva ¿SOCIALISTAS O CERRILES? ntes de ayer comenzó la marcha sobre Madrid encabezada por Carod y Mas; pronto se sumarán Otegi e Ibarretxe; después vendrán Quintana y Touriño, y animándoles, franqueándoles el camino, prestándoles las instituciones del Estado, José Luis Rodríguez Zapatero: el enterrador del sistema autonómico y, si todo le sale bien, de España. (Contemplan el espectáculo los europeos, algunos con fruición, la mayoría con inquietud. ¿Y los socialistas? ¿Qué dicen las gentes del PSOE acerca de este juego siniestro en el que les ha embarcado este oscuro diputaCésar ALONSO do, elegido por chiriDE LOS RÍOS pa Secretario General y triunfador sorpresivo en las últimas elecciones gracias a la decisión de fuerzas que aún desconocemos? Los socialistas están haciendo de comparsas activos de las minorías periféricas pre- ilustradas (como la ha calificado con razón Mariano Rajoy) han renunciado a poner al día la socialdemocracia en estos comienzos de siglo y, por el contrario, se dedican a apadrinar a unas minorías regionales que no entienden la existencia fuera del fango de la tierra y la sangre y cuyo único sentido de modernidad es la actualización electrónica del caciquismo. Desde hace tiempo los socialistas- -catalanes y vascos- -vienen colaborando con las prácticas políticas de los nacionalistas que no consisten en otra cosa que utilizar la lengua minoritaria y no común como instrumento de discriminación; convertir la tribu familiar en un modesto Estado nación y hacer una religión de su fracasada contestación a todo lo español en los dos tres últimos siglos. Hay un aspecto muy humillante para los socialistas en toda esta política: al apoyar la ideología rancia de Arana, Torres i Bages, Prat de la Riba, Brañas y todos los clérigos del nacionalismo etnicista, los socialistas niegan lo mejor- -y tan escaso- -de su pasado e incluso se niegan a sí mismos como ciudadanos españoles. Esto que puede resultar gratificante para un político como Zapatero que busca el aplauso y el poder en el más refinado de los masoquismos, no les resulta digerible a gentes normales. Porque, ¿cómo no podría ser así cuando uno tiene que negar la propia nación que, por cierto, es la más antigua de Europa y su aportación ha sido definitiva para la construcción de la civilización occidental? Es lógico que los socialistas estén desconcertados y humillados. El papel ancilar de Manuela de Madre no es precisamente sugestivo. Así que deberán elegir entre ser palanganeros históricos de los nacionalistas o buscar el entronque con lo mejor de su pasado, esto es, con lo más cercano al liberalismo español: al discurso de Rajoy. Lápiz rojo... pero de trazo grueso A TEXTO: MANUEL MARÍN MADRID. Estrategia calculada o error de cálculo, el presidente del Gobierno optó anteayer por rehuir un tono concluyente y categórico para denunciar ante sus invitados del cuatripartito catalán las múltiples tachas de inconstitucionalidad que la propia Ejecutiva socialista percibe en el Estatuto. Zapatero optó más por bosquejar tenues trazos discontinuos de las famosas líneas rojas que por definirlas con precisión y aportar con detalle alternativas y soluciones. Dijo de modo genérico, por ejemplo, lo que no debe ser un modelo de financiación exclusivo de Cataluña e impuesto al Estado y al resto de Comunidades, pero no describió con la concreción que la ocasión reclamaba- -ante más de 50 parlamentarios catalanes en la tribuna de invitados- -lo que sí tendrá que ser. Prefirió remitirse, en tono conciliador y diplomático, a unos principios generales en los que no quiso ahondar. Zapatero eludió, en definitiva, la beligerancia propia de las advertencias y renunció a escenificar con severidad la autoridad que le confiere su cargo de jefe del Ejecutivo. Su cuadro de líneas rojas quedó en boceto de trazo grueso que ahora el PSOE y sus socios deberán delinear. En todo caso, ese boceto sirvió para vislumbrar qué recortes sufrirá el Estatuto. Nación. Zapatero dejó entrever que Cataluña no será una nación y dio por válida la fórmula que le permitirá gozar de identidad nacional El Gobierno sabe que los delegados del Parlamento catalán en la negociación no harán de la pugna de conceptos su principal caballo de batalla, que a buen seguro sí estará en la financiación. Con esta fórmula, Zapatero cree tener salvada la compatibilidad del sentimiento de nación catalana con la textualidad del artículo 2 de la Constitución, que en ningún caso se reformará. Declaración de derechos. Un Estatuto de autonomía no regula de forma taxativa derechos y deberes fundamentales. Lo hace la Constitución, como norma fundamental a la que deben subordinarse las demás leyes. Sin embargo, el Estatuto sí ha incluido más de veinte preceptos en esa línea. El discurso de Zapatero dejó entrever que ese bloque se mantendrá y no caerá durante la tramitación. Lo valoró positivamente porque se sitúa así al ciudadano en el centro del sistema autonómico El PSOE no percibe esta regulación como una amenaza a la Constitución, sino como un complemento inofensivo. No obstante, nada aclaró Zapatero sobre cómo reconducir la obliga- toriedad de conocer el catalán y su exigencia como requisito en la administración catalana. Distribución de competencias. En este ámbito Zapatero sí se mostró algo más definido. El PSOE no aceptará el blindaje de competencias por parte de Cataluña a costa de las del Estado, que mantendrá su función de único y exclusivo gestor de la solidaridad entre regiones, de la unidad del mercado, de las grandes infraestructuras, del transporte o de una Seguridad Social común. En cuanto a las competencias compartidas, el Gobierno negociará, pero a cambio de más nitidez por parte de la Generalitat; y estará dispuesto a ceder competencias exclusivas a Cataluña por la vía del artículo 150.2 de la Constitución, pero no permitirá a Cataluña dictar leyes que impongan al Estado la reforma de leyes orgánicas propias. No habrá subordinación del Estado a leyes regionales a no ser que sea así por expreso deseo y tal como establece la Constitución: de manera excepcional y, en todo caso, reversible. En este punto, Zapatero descartó un poder judicial propio de Cataluña con capacidad decisoria sobre el CGPJ. Sí habrá una Justicia más descentralizada y nuevas funciones para los TSJ, pero no un control de la Generalitat sobre el nombramiento de jueces o fiscales o sobre la planta judicial. Relaciones bilaterales. Cataluña no tratará de tú a tú a la Administración central. La multilateralidad es uno de los ejes que la Constitución impone para la confección y ejecución de una política fiscal y financiera común y se sobrepone a la bilateralidad El órgano que la Generalitat creará para plasmar esa bilateralidad le vale a Zapatero como base sobre la que desarrollar mejor esas relaciones, pero no como elemento de privilegio sobre otras Comunidades en la toma de decisiones que afecten al conjunto de España. Financiación. El Estatuto definitivo no gozará de un catálogo detallado para la financiación de Cataluña. Regulará unas líneas básicas, que aunque permitan más capacidad de decisión a Cataluña sobre los impuestos pagados, no amputará el tronco común del sistema fiscal en toda España. El Estado conservará el control sobre los impuestos propios y exclusivos para preservar la unidad de mercado. El capítulo de la financiación deberá ser corregido de arriba a abajo, aunque Zapatero avanzó que no desnaturalizará el espíritu de la propuesta catalana. Maragall, en la presentación de un plan de sanidad de su gobierno YOLANDA CARDO