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ABC VIERNES 4 11 2005 Opinión 7 Igualmente desafortunadas en cuanto a su efecto en la debida cohesión territorial de España han sido algunas de las políticas de infraestructuras de transporte y comunicaciones seguidas en las últimas décadas. Unas políticas que no han tenido por lo general un oriente de vertebración global en base a criterios de radialidad, sino que más bien han obedecido a pactos y compromisos políticos para lograr estabilidades parlamentarias o réditos electorales. De tal forma, ni se ha logrado una distribución territorial armónica y equilibrada de las grandes inversiones en infraestructuras de transportes y comunicaciones ni tampoco se ha seguido un criterio de racionalidad económica que hubiera impulsado aún más nuestro crecimiento y nuestra competitividad. Además, al beneficiar estas políticas a unas ciudades y regiones en detrimento de otras, se han dado argumentos a los que fomentan el victimismo e impulsan los enconos interregionales. LA ESPUMA DE LOS DÍAS SE ABURRÍAN EN CLASE A revolución sólo era una nostalgia, papá ganaba dinero y yo me aburría en clase. Así comienzan las revueltas estudiantiles, y no se sabe cómo acaban. En mayo de 1968 ocurrió así, aunque lo único verdaderamente serio fue que, mientras en los Estados Unidos y Europa occidental los jóvenes pasaban por una crisis de abundancia, en Checoslovaquia la juventud no pudo parar los tanques soviéticos. Hijo predilecto de la convulsión de 1968 fue Joschka Fischer, luego ministro de Exteriores alemán por parte de los ecologistas, en coalición con la socialdemocracia. Con la nueva coalición, la retirada de Fischer se interpreta como el eclipse VALENTÍ de aquellos jóvenes héPUIG roes de 1968 que iban a cambiar el mundo y la vida. Fueron violentos, antisistema, para luego usar del poder y acuñar unos modos de intervencionismo exterior en clave humanitaria que tuvo su hito- -más simbólico que efectivo- -en los Balcanes. Ahora el maestro en aburrimiento es el escritor francés Michel Houellebecq, situado en primera fila tal vez porque la literatura francesa pasa por un largo período exangüe y decaído. Su tedio repulsivo no equivale al de los guerreros de mayo de 1968, pero las dos reacciones provienen de una abundancia similar: son como el foie a precio de carne de pollo agripado, como beberse un Pomméry en vaso de plástico. Todo eso harta, aburre, no flipa: vayamos a apedrear el Parlamento y el cementerio de nuestros antepasados. Nada nos vincula, todo nos repele: a partir de ahora pondremos las notas nosotros y castigamos a los catedráticos de cara a la pared. 1868 fue el primer gran hartazgo después de la Segunda Guerra Mundial: para los estudiantes franceses- -no todos, ni mucho menos- -De Gaulle era un fantoche, el rey Ubú. Ya estaba bien de ser aplicados y austeros después de tantos- -o tan pocos- -años del final de una guerra que había dejado cuatros millones de edificios en escombros. La izquierda que surgió de entre los adoquines de París no iba a ser del todo ajena a la violencia. En ello estuvo Fischer antes de dar lecciones de ética pública desde el poder. Ahora estamos en otra fase, relativista, consecuencia de una desvinculación ética sistematizada. Al modo de un tigre de papel en el escaparate de unos grandes almacenes, Houellebecq- -como en su reciente novela La posibilidad de una isla -exhibe desdenes fatigados y un sentido de la literatura que equivale a comparar la Victoria de Samotracia con una muñeca hinchable de sexshop Ese hijo mimado de la sociedad del desperdicio escenifica a cada libro el cortar amarras con todo, la quema de naves, pero siempre queda a mano el salvavidas del Estado- providencia, el viejo orden bajo los adoquines, la sombra de papá y mamá. vpuig abc. es L No debe extrañar, pues, que estos desequilibrios territoriales que acentúan esa falta de pluralidad económica siempre esencial en la necesaria cohesión del conjunto de España se conviertan, a la postre, en piedras arrojadizas contra un concepto multipolar y diverso que tiene su fundamento en la Constitución. Afortunadamente, es muy improbable que la estridencia del debate y la incidencia de algunos extremismos acaben transformando esa fisonomía sociológica de la España contemporánea, en la que se reflejan la moderación, el deseo de lograr consensos básicos y el respeto por los valores supremos consagrados en nuestra Carta Magna. Sin embargo, la necesidad de lograr una mejor convivencia civil en la estructura de un Estado moderno parece aconsejar con urgencia una nueva mirada a ese vital componente económico de la pluralidad española, tras el que se explica buena parte de las tensiones, los problemas y los conflictos históricos. Una pluralidad y una cohesión que demandan también la vertebración económica equilibrada y racional del territorio, sobre la base tanto de una corresponsabilidad fiscal de las comunidades autónomas como de la creación de un modelo descentralizado en el que se posibiliten con mayor eficiencia el dinamismo empresarial, la capacidad de innovación y el crecimiento conjunto de nuestra economía. Un modelo, en fin, sobre el que sea posible articular con eficiencia y estabilidad un conjunto de modos de vivir y pensar, capaces de cooperar y competir entre sí. CARLOS KILLIAN como en el caso del traslado a Barcelona de la Comisión Nacional del Mercado de las Telecomunicaciones, anunciándose sin una ley previa, sin un estudio previo sobre el impacto en la estructura industrial del sector y sin una lógica descentralizadora que responda a intereses más generales. Por contra, no deja de resultar curioso que se siga aludiendo a una defensa de la unidad de mercado, cuando de lo que se trata es de sostener un centralismo uniformizador que aglutina los centros de decisión empresarial en torno al poder político del Estado, ocasionando con ello numerosos desequilibrios económicos y territoriales. PALABRAS CRUZADAS ¿Será capaz el Gobierno de bajar el paro? HA BAJADO Y PUEDE CAER MÁS ORQUE venía dado o por la coyuntura, el paro baja y el empleo crece. Los datos del mes pasado advierten cansancio en el ritmo de creación de empleo de los últimos años, pero la tendencia probada apunta a que la oferta de más trabajo no va a decaer a corto plazo. La economía sigue creciendo, y con ella el empleo. ¿Qué ha hecho el Gobierno? Poco, fundamentalmente no ha hecho tonterías, no se ha empeñado en domesticar, controlar y dirigir los mercados de trabajo, más allá de la demagogia de elevar el salario mínimo, limitando así el potencial de empleo de los que tienen menos posibilidades; pero aparte de esa ligereza, no han FERNANDO G. URBANEJA desanimado a los empleadores, saben que deben evitar esas tentaciones. No son tontos. Si no están dispuestos a reformar, por ejemplo a flexibilizar los costes y procedimientos de rescisión de contratos, para así combatir la temporalidad, hay que confiar en que no van a caer en la tentación arbitrista de regular unos mercados tan volátiles y sensibles como los de trabajo. Esta legislatura será brillante en empleo, aunque no se ponen cimientos para que la siguiente sea semejante. SOCIALISMO Y PARO OS socialistas (de todos los partidos, que diría Hayek) oscilan entre el error, la mentira y el ridículo. Yerran cuando nos aseguran que saben cómo intervenir con la política y la legislación de modo de asegurar la prosperidad y el empleo. Mienten cuando nos dicen que el empleo sube gracias a ellos y el paro sube por culpa de otros. Y nos queda el consuelo de que los ministros de Trabajo son ridículos siempre. Consuelan poco los políticos que jamás apuestan por la libertad y, como el rockero sedicente católico, Duran Duran, claman por la Inquisición contra la Cope mientras sus fieles acólitos se embolsan el dinero destinado ¡a fomentar el empleo! CARLOS R. Tampoco consuelan los sindicatos, BRAUN burocracias que viven a costa del contribuyente y a espaldas de los trabajadores, instaladas en el sectarismo antiliberal, y que sistemática y demagógicamente recomiendan más intervencionismo para resolver el paro, es decir, aconsejan lo más adecuado para que el empleo no aumente. Si lo hace, será, por regla general y con perdón de la cita, a pesar del Gobierno. Mientras tanto, todo el pensamiento único confluye en el miedo a la libertad y el saludo a la Seguridad Social, notable excepción a la habitual condena de los salarios en especie. P L ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate