Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC JUEVES 3 11 2005 Nacional EL DESAFÍO DEL ESTATUTO CATALÁN, EN EL CONGRESO EL LÍDER DE LA OPOSICIÓN 15 EN NOMBRE DE LA NACIÓN, CLARIDAD IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA Mariano Rajoy, ayer a su llegada al Congreso de los Diputados para el debate mos responsables de los desvaríos de nuestros gobernantes Es más, puntualizó que no estaba dispuesto a hablar de sensibilidades, sino de leyes, y que lo haría, olvidando, incluso, que el proyecto de nuevo Estatuto viene de Barcelona. Su primera puntualización fue que, a su juicio, no se trata de una reforma estatutaria desde el momento en que se proclama la existencia de una nación y se reclaman las competencias del Estado. Tampoco, continuó, es un texto constitucional, y lo que se salva de esa inconstitucionalidad o es insolidario o es contrario al interés general CHEMA BARROSO Golpes de pecho de Zapatero Nos han traído un proyecto inconstitucional a sabiendas acusó Rajoy, para reclamar por enésima vez que se tramite como reforma de la Carta Magna y sin dejar de mostrar su profunda desconfianza hacia el compromiso de Zapatero de que reformará el texto en la Comisión Constitucional del Congreso. Rajoy no cree en la buena mano ni en los golpes de pecho del inquilino de La Moncloa, hasta el punto de que la pregunta que surge inmediatamente es si el arreglo que se propone será posible o estamos ante una ficción de firmeza, un artificio, una comedia para salir del paso El PP, dijo, no se opondría a una tramitación como reforma constitucional, lo que nosotros rechazamos es la chapuza, la reforma de matute, el engaño indicó. En definitiva, y fiel al discurso del PP, expresó voluntad de diálogo y de acuerdo en torno a tres opciones honorables esto es, la devolución del texto al Parlamento catalán; en su defecto, tramitarlo como una reforma constitucional; y, por último, una alternativa que como él mismo reconoció no es nueva, y que consiste en retomar la oferta de diálogo que hiciera a Zapatero en La Moncloa en su reunión del pasado 14 de enero para acordar entre los dos partidos mayoritarios la tramitación de todos los Estatutos de autonomía. En este punto, recordó que por primera vez en la historia de nuestra democracia puede ocurrir que un Estatuto de autonomía se apruebe de espaldas al consenso. Si yo estuviera en el consiste en devolver el Estatuto a sus autores para que procedan a una nueva redacción acorde con la Constitución. Si no se desea devolver el Estatuto, la única alternativa libre de sospecha es tramitarlo como una reforma constitucional. La tercera posibilidad de acuerdo no es nueva. El señor Rodríguez Zapatero la conoce bien porque se la entregué por escrito el pasado 14 de enero. Era una propuesta que, entre otras cosas, establecía un procedimiento para la tramitación de los Estatutos de Autonomía sobre la base del consenso constitucional. Él la aceptó, pero más tarde dio marcha atrás Comparación con Ibarretxe. Si no se admitió el estatuto del señor Ibarretxe, ¿por qué se debe admitir el del señor Maragall? ¿Cuál es la diferencia? Porque si el señor Rodríguez Zapatero no asegura el trámite del Estatuto, el señor Rodríguez Zapatero no puede gobernar. Así de sencillo lugar de Zapatero, lo pensaría despacio antes de dar ese salto en el vacío Y dicho esto, y por si le había quedado alguna duda al resto de la Cámara, proclamó que el PP no está dispuesto a servir de coartada en este fraude, a legitimar la ilegalidad, a secundar la aventura del señor Zapatero o a prestar nuestro acuerdo a ningún remiendo lo cual no significa, matizó, que nos desentendamos En este sentido, indicó que la estrategia de su partido en la Comisión Constitucional que debatirá las enmiendas al texto será, tal y como adelantó a ABC el portavoz del Grupo Popular en el Senado, Pío García Escudero, vigilar cada paso que se dé e informar a los españoles de todo lo que ocurra y de todas las consecuencias que se deriven para sus intereses y para su bienestar. Vamos a estar presentes- -agregó- -porque los españoles tienen derecho a que alguien les cuente la verdad de lo que allí se haga Enconadas réplicas Fue al filo de las once y media de la noche cuando Rajoy tuvo la oportunidad de intervenir de nuevo tras una andanada casi histórica que hiciera Zapatero tanto contra él como contra el PP y su conducta antidemocrática El líder popular respondió a esos ataques con otros y espetó al presidente del Gobierno que no sabe a dónde va ni a dónde lleva a España También le acusó de carecer no sólo de hoja de ruta sino también de no saber dónde está el timón Tras señalar que le hubiera gustado escuchar más argumentos y menos tópicos, dijo, en alusión directa a Zapatero, que el problema es usted al tiempo que dijo resultarle incomprensible que los socialistas apoyen esta propuesta. No es que Rajoy venciera ayer dialécticamente al presidente del Gobierno, que lo venció. No es que tuviera razón, que la tuvo. Es que le propinó un memorable repaso parlamentario. Y dejó una pregunta en el aire: ¿por qué cambiar todo si España marcha tan bien? El líder de la oposición, de la única, utilizó el irrebatible bisturí de la razón para diseccionar y demoler un proyecto fraudulento. Cuando la claridad se alía con la razón resulta imbatible. La línea argumental de Rajoy se resume y bifurca en tres. El proyecto presentado no es un Estatuto de Autonomía, sino la ruptura de la supremacía de la Constitución y del consenso inherente al espíritu de la transición, ya que ha dejado al margen al PP, y, con él, a sus diez millones de votantes. En segundo lugar, y como han reconocido las opiniones más autorizadas, incluidas muchas socialistas e incluso la del presidente del Gobierno, es inconstitucional. Y no lo es de manera accidental o adjetiva, como consecuencia del exceso de algún que otro precepto. Lo es de principio a fin. El proyecto de Estatuto no contiene errores y excesos; es un error y un exceso. Es originariamente incorregible porque parte de que Cataluña es una nación, por lo tanto soberana, por lo tanto dotada del derecho a establecer unilateralmente sus relaciones con el Estado español y, por lo tanto, dueña de un poder originario y no derivado. Por el contrario, existe un solo poder soberano que reside en el pueblo español, constituido en nación. Y esto no por imperativo constitucional sino por libre elección soberana de los españoles. En tercer lugar, y como consecuencia natural de las dos tesis anteriores, anunció su posición acerca de la cuestión debatida: su negativa a la tramitación parlamentaria de un texto incorregible, y la devolución a sus autores. Rajoy no desaprovechó la ocasión brindada para exhibir sus condiciones de hombre de Estado y quedarse en solitario en la defensa, sin fraudes, de la Nación y de la Constitución. Por último, se refirió a la motivación del presidente del Gobierno para admitirlo a trámite: el precio político para seguir gobernando. En resumen, ni es un Estatuto de Autonomía ni es constitucional. ¿Por qué habría que admitirlo? En un día triste, el discurso de Rajoy representa el asidero de la razón y la esperanza. Para calificarlo, tomo prestado el título a Ortega y Gasset: En nombre de la nación, claridad