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6 Opinión JUEVES 3 11 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JOSEBA ARREGI CON LAS HABAS CONTADAS E N 1932, ya en marcha el debate parlamentario que habría de conducir al Estatut, José Ortega y Gasset pronunció un discurso que, como la mayoría de los suyos, sigue siendo útil para poder entender lo que setenta y tantos años después, con mil tremendas vicisitudes de por medio, sigue siendo la nuez de la complejidad que marca la convivencia española. Dijo Ortega: Yo sostengo que el problema catalán, como todos los parejos a él, es un problema que no se puede resolver, que sólo se puede conllevar Llevamos muchos siglos juntos los unos con los otros; dolidamente, no lo discuto; pero eso, el conllevarnos dolidamente, es nuestro M. MARTÍN común destino. Y quien FERRAND no es pueril ni frívolo, lejos de fingir una inútil indocilidad ante el destino, lo que prefiere es aceptarlo No alcanzo a dilucidar si aquellas palabras del maestro son, en lo que respecta a su vigencia presente, muy hermosas o tremendamente inquietantes. Aquí los problemas no se solucionan, ni se alivian ni se agravan, sean cuales fuesen las circunstancias. Quizás en ellos, en su persistencia y en su imposible solución, esté la raíz verdadera del alma de España, la que lo mismo nos sirve para acometer las más nobles empresas que para perpetuar las más despreciables villanías, y, para mayor confusión, con muy parecidos argumentos e idénticas bandas sonoras. En nuestros días, felizmente, no se corre el riesgo de que el debate del largo articulado del nou Estatut cuente con peripecias como el alzamiento del general Sanjurjo en Sevilla. La España de hoy, aunque con parecido repertorio de problemas que la (s) de ayer- ¡cuánta monotonía! -es socialmente distinta, económicamente incomparable y políticamente, se supone, más madura, asentada y, lo que es más determinante, parte de un todo europeo. Echamos de menos, con respecto al antecedente estatutario, palabras como las de Ortega, que el páramo está seco, y, más todavía, como el discurso que al efecto pronunció Manuel Azaña, posiblemente el mejor de su carrera política. En esta ocasión las habas están contadas. El PP, sólo como marcan su estilo- -mucho- -y su coherencia- -un poco- se queda con el monopolio de la oposición y los demás se limitarán a escenificar una función ya planteada y pactada en sus más mínimos detalles. Los taquígrafos, ahora estenodactilógrafos, sólo tienen que recoger la letra de una partitura ya sabida, la que llevó a Pasqual Maragall a president y a José Luis Rodríguez Zapatero a titular de La Moncloa. La música, más propia de silbadores que de músicos, es la posible en un momento histórico en el que resulta grosero distinguir un violín de unos timbales y en el que no parecería extraño que alguien llegara a proclamar la independencia musical de las flautas. Ya vendrán tiempos de mayor grandeza y más finos cacúmenes. CUIDAR LA HERENCIA Para el autor, la herencia más clara recibida de los gobiernos anteriores por el PSOE es la referida a la lucha contra ETA. Y ahora- -continúa- -es el PP el que se tiene que preguntar a sí mismo cómo está cuidando esa herencia el heredero natural, él mismo C ONOCIDA es la parábola evangélica, incluso para estos tiempos de arreligiosidad, en la que se explica que el dueño de la finca va de viaje y deja a tres administradores al cargo, dando a uno diez denarios, cinco al segundo y uno al tercero. A su regreso quien recibió diez le devuelve otros diez más, quien recibió cinco los devuelve con otros cinco, y quien recibió uno no tiene más que ese uno, pues lo enterró para que no se perdiera, mientras que los otros dos hicieron trabajar a lo que habían recibido. No hace falta indicar cuál fue la reacción del dueño de la finca, y a quién premió. Desde que el Partido Socialista ganara las elecciones del 14 de marzo de 2004, responsables, militantes y defensores del Partido Popular han subrayado una y otra vez la gran herencia dejada por los dos gobiernos del presidente Aznar. En el ámbito económico, con un crecimiento continuado, superior a la media europea y con una creación fuerte de empleo, y el subsiguiente saneamiento de la Seguridad Social. En el ámbito de la lucha contra el terrorismo, con una ETA fuertemente debilitada, de forma que hablar de su posible desaparición se ha convertido en tópico, una conciencia de la importancia y el valor de los poderes del Estado en la lucha contra el terrorismo; y por encima de todo, la conciencia extendida de que se puede y se debe acabar con ETA desde el Estado, sin recurrir a virguerías ni ingenierías negociadoras. En el ámbito de la política internacional, con una apuesta atlanticista clara y una defensa acérrima de los intereses políticos de España en Europa, aunque ello supusiera un alejamiento de Chirac y de Schröder- -no necesariamente de Francia y de Alemania- -y un acercamiento peligroso a Bush. No es cuestión de entrar a valorar estas herencias una a una. Para quien suscribe estas líneas la herencia más clara es la segunda, la referida a la lucha contra ETA. En las otras herencias, encuadradas en lo que los apologetas del PP denominan la modernización del Estado, hay más de acierto macro que de capacidad de gestión micro de las políticas diseñadas. Pero no se trata de analizar estos extremos en estas líneas. La pregunta es otra: ¿cómo está gestionando el PP, cómo está cuidando el PP la herencia recibida? Antes de que el Partido Popular pase a decir que los socialistas están dilapidando la herencia recibida, se tiene que preguntar a sí mismo cómo está cuidando esa herencia el heredero natural, él mismo. Mucho me temo que el Partido Popular esté cayendo en la tentación del administrador que recibió un único denario del dueño de la finca y lo enterró en el suelo. Preservar la herencia pretendiendo que todo quede como en el momento en que se la recibe es poner las condiciones para que la herencia se pierda. Creer que como mejor se guarda la herencia es intentando que la historia quede