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64 MIÉRCOLES 2 11 2005 ABC FIRMAS EN ABC Y es en esa certeza cuando intentamos que un sufrimiento que se ha aposentado en nuestras entrañas, sin darnos tregua, vaya aminorando para no enloquecer. No se trata de un milagro que logra el socorrido paso del tiempo al provocar un soplo de olvido que lleve a la aceptación de la disolución de lo insoportable. Jacques Brel expresó como nadie ese extravío de la memoria: Nunca se olvida nada, se acostumbra uno, eso es todo Al leer el poema de Levi, la referencia a la hora incierta me pareció una forma hermosa de describir el regreso de la angustia primera, cualquier día, en cualquier instante, con su carga atroz. Una palabra, la visión de algo, un recuerdo que late en las sienes, bastan para que el tormento resurja. Me viene a la memoria, ahora, un día trágico, un duelo tan terrible como un mar que se desborda. Y allí, de repente, un ser ajeno, una mujer que se sentó junto al ataúd. Se le preguntó quien era y sólo respondió que hacía poco que había enterrado a su hija. Aquella mujer, representante de un drama que no aceptaba, pasaba horas en el cementerio de San Miguel, en Málaga, quizá para contemplar que eran muchos los que padecían como ella y calmaba su soledad en aquellas situaciones amargas a las que la sonrisa o la felicidad eran ajenas. ¡Cuánto le quemaba el corazón en el pecho! TRINIDAD DE LEÓN- SOTELO ESCRITORA LA HORA INCIERTA Y es en esa certeza cuando intentamos que un sufrimiento que se ha aposentado en nuestras entrañas, sin darnos tregua, vaya aminorando para no enloquecer. No se trata de un milagro que logra el socorrido paso del tiempo al provocar un soplo de olvido que lleve a la aceptación de la disolución de lo insoportable... A mi madre tremecedor, los años pasados en Auschwitz junto a cientos de compañeros de infortunio, años vividos con el peor de los castigos, aquel que se esfuerza en convertir al hombre en animal. Pero el poema del autor, el que encabeza estas líneas, toca el espíritu de modo especial en estas fechas en la que los vivos recuerdan a sus queridos muertos. Ríos de flores fluyen hacia los cementerios en un día preciso, año tras año. Pero la hora incierta me ha hecho experimentar no la pena que se evoca en una jornada señalada en el calendario de forma concreta, sino en las horas y las noches que siguen a la pérdida de alguien muy amado; alguien tan absolutamente idolatrado, que su ausencia trastueca nuestra existencia. Llegan las noches en blanco, sin embargo tan oscuras; los días inmensamente largos que parecen negarse a alcanzar el final, y, sin embargo, siguen rigiéndose por las horas habituales: 24. Nada consuela. Nada conduce a la paz. Hay, incluso, agnósticos, también ateos, que ante aflicción tan firme y de tanta magnitud se empeñan en creer en la otra vida para que, de este modo, su querido muerto exista en alguna parte. Y es que no se puede admitir que una persona esencial en nuestra vida, haya desaparecido para siempre, que nunca más la veamos. D ESDE entonces, a una hora incierta, Aquella pena regresa, Y si no encuentra quien la escuche, Quema en su pecho el corazón Este poema de Primo Levi, (Turín, 1919- 1987) que tanto supo del ser humano, que luchó contra la desdicha como pocos, que creyó en la infinita valía de la humanidad, sobre todo en la de quienes, en años de sombra, extravío, hecatombes, en suma, se empeñaron, lográndolo o no, en sobrevivir con dignidad, aunque tan difícil fuera mantenerla, en los años del terror nazi. El escritor ha narrado en sus libros, de modo es- JUANA VÁZQUEZ ESCRITORA FICCIÓN Y POLÍTICA E relata en un cuento de José María Merino, que un personaje estrambótico, amante hasta la locura de los libros y algo tocado de la cabeza por haber salido de un accidente por chiripa, cuando llegó a su casa todo feliz y sosegado se puso inmediatamente a buscar en su gran biblioteca una novela para iniciar su tertulia con la literatura. En tal actitud de plena felicidad escogió una, y ni corto ni perezoso la abrió para iniciar la ceremonia de su lectura, y cual no sería su sorpresa cuando se dio cuenta de que su título no coincidía con la novela de origen ni con el contenido de la misma. En esta situación, la dejó rápidamente y siguió mirando asustado de izquierda a derecha y de derecha a izquierda los estantes de su biblioteca, para después hojear las restantes obras con el fin de enterarse de si lo que le había sucedido con la primera era algo accidental o respondía a una situación generalizada en sus libros, y cual no sería su perplejidad cuando comprobó que ninguno de ellos eran lo que parecían, ni por fuera ni por dentro. S Desesperado, tomó por fin en sus manos la última de las obras del estante Se titulaba La vida de Don Alonso Quijano llamado el Bueno, la abrió con miedo, pues aunque creyó que por fin podía encontrarse con El Quijote, todo le indicaba que no se hiciera muchas ilusiones, ya que como podía apreciar, la novela no se titulaba como la gran obra inmortal de Cervantes. Y efectivamente, así sucedió. El libro narraba con detalle meticuloso la vida ejemplar de un hidalgo devoto que a finales del siglo XVI hizo una fulgurante carrera eclesiástica y murió en olor de santidad, tras fundar un famoso hospital de locos. Este último descubrimiento creyó que lo llevaría a perder la cabeza, y se quedó ensimismado pensando en qué era lo que en realidad le había sucedido, llegando a la conclusión, después de hojear nuevamente sus libros, de que no había ninguno que pudiera ser considerado como obra narrativa. Luego comprobó que lo mismo le sucedía con los poemarios así como con las piezas de teatro. Toda la literatura de ficción había desaparecido de su bibliote- ca. Sin embargo, se mantenían los libros pero vaciados de su sustancia imaginaria, trataban de historias cotidianas sin elementos novelescos, así como de crónicas, sucesos, biografías y demás acontecimientos reales. Después de pensar mucho en este suceso llegó a la conclusión de que la fabulación había desaparecido súbitamente del mundo, por lo que temió que todo lo que se denominaba bajo el nombre de literatura no fuera sino el producto de su sueño y desvaríos de la razón: engañifas de su mente gritó desesperado. Una vez que he aludido a este original cuento que no termina por supuesto aquí, ni mi objetivo es extenderme a todos los sucesos acaecidos en el mismo, llego yo a la conclusión de que quizá eso que le ocurrió a nuestro hombre con los libros de fabulación, pueda que algún día suceda de verdad, ya que nuestros políticos y políticas han invadido su terreno, el terreno de la ficción, compitiendo con los mismos a niveles in- Después de pensar mucho en este suceso llegó a la conclusión de que la fabulación había desaparecido súbitamente del mundo quietantes y desconsoladores. Por eso yo les pediría a nuestros representantes en la política que vuelvan a su labor con promesas e historias verdaderas y no con fabulaciones y fantasías literarias que no se cumplen y dejan una gran desconfianza. Que terminen de una vez por todas de prometernos algo que no se llevará a cabo, que no nos cuenten siempre las mismas utopías para luego no llegar a realizarlas. Por concretar un poco estas ficciones políticas y respecto a lo que a las mujeres nos toca de cerca, que lleven a cabo lo que han dicho de igualdad entre la mujer y el hombre en todos los ámbitos administrativos y culturales, pues dicha promesa está siendo una utopía, y si no se lo creen que se vayan a ver los jurados de los premios que otorga el ministerio de Cultura (y eso que la ministra es una mujer) las comisiones, los cargos, los viajes representativos y culturales, las conferencias, la ponencias en diferentes foros, etc. ¿quiénes son los que predominan, y en ocasiones, los únicos... Los hombres, con casi un ochenta por ciento. ¡Por Dios! que aprendan de lo que hicieron una vez los libros y se muevan en la realidad y cumplimiento de sus promesas en todos los aspectos... Pero que los libros nunca lo hagan, pues si las ficciones pasan a los políticos y las realidades a la literatura, creo que será el fin de este mundo por el empobrecimiento y desamparo en que nos veríamos envueltos.