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ABC MIÉRCOLES 2 11 2005 Toros 63 El pitón se introduce de modo espeluznante en la boca de César Rincón MUNDOTORO El asta se hunde veinte centímetros en la pierna de El Juli HERAS El Cid trata de zafarse de las astas del toro, que lo busca con saña, en la Feria de Burgos en la Feria de Abril un morlaco le había zarandeado y abierto veinticinco centímetros el muslo izquierdo. Además de esparcir un sagrado cáliz de sangre por toda la piel de toro, los toreros han sufrido numerosas lesiones. A Antonio Barrera, uno de los matadores más castigados del escalafón, un astado le quebró la clavícula en la Semana Grande de San Sebastián. Aquello pudo acabar en verdadera fatalidad. Un calvario vivió Fernando Cruz cuando en Azpeitia un toro estuvo al borde de sentarlo en una silla de ruedas; después volvería al hule en Barcelona. El Norte fue testigo también, esta vez Vitoria, de una seria lesión en el hombro derecho de Serafín Marín, uno de los grandes valores en alza. FÉLIX ORDÓÑEZ Gallo, con la mirada perdida EFE LOS TOROS HIEREN Y MATAN MANUEL JESÚS EL CID Interminable lista azabache Tampoco se han librado de la cogida Luis Francisco Esplá, con fractura de tres costillas; Luis Miguel Encabo y Finito de Córdoba, con complicadas lesiones; Miguel Ángel Perera, corneado en la Feria de Otoño; Francisco Rivera Ordóñez, os toros hieren y, también, matan. Los toreros somos conscientes de ello. Ninguno desea que un toro le arrebate la vida, el vocablo más bello del mundo, pues esconde todo lo que el hombre posee. Pero nuestra afición nos impulsa a vivir por un espectáculo único e irrepetible, repleto de verdad y autenticidad, pese a que desde algunos programas rosas se difundan un sinfín de falacias acerca del toreo. Recuerdo mi primera cornada; ésa, como el primer amor, nunca se olvida. Ocurrió en el año 92, antes de debutar con caballos. Un novillo me atravesó el muslo. Más que dolor, sentí una que- L mazón tremenda, como si una llamarada de fuego encendiese mi piel. Soñaba yo entonces con ser torero. Hoy, soy matador de toros y he sufrido ya trece percances: carnes abiertas, lesiones, fracturas, sangre... Ahora me recupero de uno de los más serios de mi carrera. Ver cómo el tiempo transcurría sin poder cumplir con mis compromisosha sido muy duro. Estaba como loco por coger la muleta; por fortuna, ya he comenzado a tentar. Y pienso noche y día en mi reaparición. La gente se pregunta cómo somos capaces de volver a la cara del toro cuando alguno nos ha calado fuerte. Por mi mente nunca ronda la idea de la muerte, aunque no me importa jugarme la vida frente a un animal cuya misión es coger. La mía es crear arte. Adoro mi profesión y sólo sueño con brindar tardes de gloria a la afición para perderme luego en los ojos de mi pequeño Manuel. con el vasto interno despedazado; su hermano Cayetano, herido en el escroto; otros dos novilleros, Julio Benítez El Cordobés y El Jose, con un parte facultativo estremecedor; Juan José Padilla, prendido en Francia; Iván Vicente, con el músculo sartorio roto; Matías Tejela, con fractura de escafoides; José Luis Torres; los rejoneadores Fermín Bohórquez y Sergio Galán, o los banderilleros Gimeno Mora y Pepín Monje. Cada gota de sangre derramada por estos toreros de plata y oro refleja la verdad de la Fiesta. Engrosa esta interminable lista azabache el novel Raúl Cuadrado, un novillero herido en septiembre en Madrid y que en octubre, en el penúltimo festejo del calendario venteño, volvía a probar el gélido corte del bisturí. Otra vez en idéntico escenario, otra vez con las carnes atravesadas por dos pitones como dagas, otra vez el muslo remendado... Y, de nuevo, esperanzado en romper un paseíllo futuro a las cinco en punto de la tarde, dispuesto a postrarse a portagayola ante el túnel negro del miedo y a ceñirse la taleguilla de sangre y oro.