Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
62 MIÉRCOLES 2 11 2005 ABC Toros Una enorme cornada partió el escalafón de 2005. Todas las figuras, Rincón, Ponce, El Juli y El Cid, cayeron heridas de gravedad en un año especialmente cruento, que se confeccionó con el hilo dorado de los éxitos y el rojo intenso del dolor La temporada se vistió de sangre y oro TEXTO: ROSARIO PÉREZ MADRID. Como el mar brama alrededor de la isla, la parca entona todas las tardes una canción sin fin en los ruedos. Su enfurecido oleaje ha teñido de dolor una temporada especialmente negra. 2005 se enfundó en sus albores un terno sangre y oro del que no se ha despojado hasta sonar los últimos clarines del calendario taurino. Los toros han pegado fuerte. Todas las figuras, toreros de segunda fila y subalternos han sentido la quemazón de las astas fieras. Ya lo sentenció Horacio tiempo ha: La pálida muerte llama con el mismo pie a las chozas de los pobres que a los palacios de los reyes Y en este curso todos han cobrado, precisamente en un año en el que desde un determinado programa rosa se han vertido insidias y falacias que ponían en entredicho la autenticidad de un espectáculo en el que se muere de verdad. César Rincón, Enrique Ponce, El Juli, El Cid, Francisco Rivera Ordóñez y Eduardo Gallo integran un interminable parte de guerra. Este último sufrió el percance más grave. La tragedia sobrevino en la Feria de San Juan de Badajoz: un toro de Conde de la Corte le cazó cuando ejecutaba la suerte suprema. El condeso lo destrozó: alcanzó el triángulo de Scarpa, rozando la femoral, y perforó veinticinco centímetros la zona rectal. El Cid cayó varias veces herido a lo largo del año de su consagración y, finalmente, vio cómo una seria lesión le privaba de cumplir con su apretada agenda septembrina. El día 4 sufrió en Mérida, además de una cornada de 15 centímetros en el periné parectal izquierdo, una luxación del codo derecho que le obligaba a permanecer más de mes y medio inactivo. Sin embargo, ayudado de las milagrosas manos del traumatólogo Ángel Villamor, reapareció en tiempo récord: el 10 de septiembre hacía el paseíllo en la Goyesca de Ronda. Su heroicidad se tornó en tragedia: se agravó la lesión y hubo de cortar la temporada. Tiempo récord Raudo y presto volvió a los ruedos El Juli tras una grave cornada en el muslo derecho- -la parte del cuerpo en la que más se ceban los toros- Un nuñezdelcuvillo lo prendió con un golpe seco y certero en la Feria de Valladolid, disecándole el vasto interno del recto anterior del cuádriceps, con una trayectoria de veinte centímetros. En contra del pronóstico de los médicos, aferrado a su madera de figura, antes de una semana actuó en Murcia. Tampoco el perínclito del toreo, Enrique Ponce, el considerado por muchos intocable hasta hace unas temporadas, se ha salvado de la cogida: en agosto, en El Puerto de Santa María, un ejemplar de El Torreón le destrozó el gemelo, pero el de Chiva prosiguió la faena mientras la sangre caía sobre la arena. César Rincón ha protagonizado la imagen más espeluznante. Ocurrió en el ma- Terrible gesto de dolor de Sebastián Castella en el momento de sufrir una cornada en el muslo derecho en Valencia ROBER SOLSONA Los muslos son la parte del cuerpo en la que más se ceban los toros, aunque cada vez abundan más las lesiones drileño serial de San Sebastián de los Reyes, donde un toro le partió literalmente la boca y por poco no le arranca la cabeza. Un mes antes, en la Feria de San Jaime, había padecido una durísima voltereta que a punto estuvo de costarle la vida. Pese al terrible percance, el maestro colombiano continuó hasta despenarlo en una de las tardes más emocionantes de 2005. Posteriormente, fue atendido por el doctor Villamor, quien no daba crédito a lo sucedido: Es incomprensible que siguiese toreando con desgarros de varios ligamentos del retropié en ambos pies y con derrame importante de algunas articulaciones. Duele una barbaridad Nueva épica: Rincón regresó al ruedo a los cinco días en Santander, cuando en cualquier persona, por ejemplo, un futbolista, hablaríamos de un período mínimo de recuperación de tres semanas El Fandi escribió una sangrienta epopeya en su actuación en solitario el 28 de mayo en Granada: estoqueó tres toros herido de gravedad. Resultó cogido al entrar a matar al tercero. Pasó a la enfermería y pisó el albero a los cuaren- ta minutos, después de ser operado- -con anestesia local- -de una cornada de veinte centímetros en el triángulo de Scarpa, con penetración en el arco crural, salida por la fosa ilíaca y una abertura de diez centímetros que afectó al músculo sartorio. Pero el granadino agarró de nuevo la muleta y la espada. Y cortó siete orejas y un rabo. Sebastián Castella, con un valor a prueba de bombas- el valor es ponerse delante del toro como quien se toma un café sentenció a ABC- -y una decena de cornadas con sólo veintidós primaveras, arrostró en la Feria de Julio de Valencia el fuego del pitón en el muslo derecho, con una extensa herida que disecaba el nervio ciático. Ya