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ABC MIÉRCOLES 2 11 2005 Cultura 61 La música andaluza pierde a Manuel Castillo, una de sus voces más destacadas Premio Nacional de Música en 1959, falleció a los 75 años en su casa de Sevilla b El alcalde de Sevilla expresó en nombre de la ciudad la profunda consternación por la pérdida de un gran compositor y pianista, maestro de grandes músicos andaluces ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE MADRID. Son días agridulces los que vive la generación de compositores españoles nacidos alrededor de 1930. Setenta y cinco años se han cumplido desde entonces: los suficientes como para que se celebre que sigan en la brecha Barce, González Acilu, De Pablo, Halffter, Benguerel o Guinjoan, y demasiados pocos como para tener que despedir a Blancafort, Bernaola... o Manuel Castillo. En realidad, a Castillo no cabe decirle hoy adiós, por mucho que llegue en este momento la noticia de su muerte. Su despedida viene de largo. Tiempo atrás la depresión fue encerrando al compositor en un mundo muy distinto al cotidiano hasta ayer, cuando le llegó la muerte en su casa de Sevilla. Tenía 75 años. En nombre de la ciudad, el alcalde hispalense expresó la profunda consternación por la pérdida de un gran compositor y pianista, maestro de grandes músicos andaluces Por su parte, la Banda Municipal le rendirá su último homenaje en su sepelio. Han sido casi diez años los que Manuel Castillo ha gastado en ir alejándose, sin dejar el rastro de nuevas obras. Curiosamente, ha sido un período clave para la música, pues ha servido para ter- ta al que fueron afines muchos otros compositores coetáneos. Con cierta ironía el propio autor habló en su día de constancia y sentido común y ahí incluyó su sentir de compositor andaluz que le llevó en un primer estadio a recoger ecos nacionalistas, bien es cierto que con una voluntad armónica más generosa. Turina, Albéniz y, muy singularmente Falla, aparecen de forma clara detrás de sus primeros trabajos. Al igual que el talento instrumental que será una constante desde entonces. Junto al piano, del que llegó a ser un consumado intérprete, el órgano y la voz son pilares de un catálogo coronado con tres grandes conciertos pianísticos y una singular diversidad de trabajos vocales sobre textos de Juan Ramón Jiménez, Lorca, Cernuda o Manuel Machado, inspirador de sus muy cuidados Cinco poemas Una huella en su tierra Castillo ha dejado en su tierra una huella bien marcada. Allí inició sus estudios con Norberto Almandoz, antes de trabajar el piano y la composición, primero en Madrid con Antonio Lucas Moreno y Conrado del Campo, y luego en París con Lazare Levy y Nadia Boulanger. De regreso a su ciudad natal en 1954, ingresó en el conservatorio sevillano que ahora lleva su nombre. Durante poco más de cuatro décadas fue sucesivamente profesor de Historia y Estética, catedrático de piano, de composición y orquestación, y durante un largo período también director del centro. Recibió el premio Nacional de Música por partida doble, el premio Andalucía de Música, la medalla de oro de Bellas Artes, el premio Fundación Guerrero y fue nombrado hijo predilecto de Andalucía. Manuel Castillo (Sevilla, 1930) ha muerto calladamente, sin dejar de sentirse un músico independiente. Manuel Castillo, tocando el piano en su casa minar de apaciguar muchas ambiciones estéticas. Tantas como para que en la actualidad la moderación, la concisión y el propósito continuista de la obra de Castillo se estén analizando como forma de innovación personal a partir de una tradición asimilada, antes que como prueba de resistencia y conservadurismo frente al afán vanguardis- PEPE ORTEGA Turina, Albéniz y, muy singularmente Falla, aparecen de forma clara detrás de sus primeros trabajos, al igual que el talento instrumental Fallece a los 93 años el historiador Luis Monreal Tejada, incansable defensor del patrimonio artístico JUAN PEDRO YÁNIZ BARCELONA. Luis Monreal Tejada (Zaragoza, 1912) falleció ayer a los 93 años en Barcelona. Su misa de funeral será mañana, a las 10.15 horas, en el Tanatorio de les Corts de esta ciudad. Con un amplio bagaje como historiador del Arte y jurista, en plena Guerra Civil fue reclutado por el Servicio Militar de Recuperación Artística y en 1939 fue nombrado comisario de Zona del Patrimonio Artístico Nacional para Cataluña, Valencia y Baleares. Realizó una intensa labor en la defensa de dicho patrimonio, afectado por la Guerra, en la que destacan los trabajos de restauración de la Catedral de Vic (con los famosos murales de Sert) y del monasterio de Poblet (las desgracias de este cenobio databan de 1837) Entre sus numerosas obras destacan Arte y guerra civil Els castells medievals de Catalunya escrito con Martí de Riquer; Las cien mejores obras de la arquitectura española Ingeniería militar en las crónicas catalanas que fue la ponencia de su ingreso en la Academia de Buenas Letras barcelonesa (1971) Los relojes antiguos. Colección Pérez de Olaguer o Las tallas de coro de Enrique Monjo en Tarrasa En colaboración con su hijo, Luis Monreal Agustí, escribió los siete tomos de La pintura en los grandes museos Publicó un completo diccionario, La iconografía cristiana que concibió a petición de Martí de Riquer, y escribió otras obras de divulgación erudita como Biografía de la Sopa y Antología del Chocolate Realizó también numerosas traducciones. Luis Monreal Tejada, en su biblioteca tes muestras como Arte Eucarístico Antiguo El Arte en tiempo de los Reyes Católicos Exposición de Arte Mariano y Castillos de Cataluña Pese a su avanzada edad gozó de envidiable salud e impartió la docencia hasta poco antes de su muerte. Era un habitual en los desayunos que los veteranos periodistas mantuvieron todos los 24 de enero, en memoria de San Francisco de Sales. En ellas hacía gala de su implacable JOSEP MASIP Implacable memoria A todo lo anterior se añaden sus numerosas colaboraciones en diarios y revistas, así como miles de artículos y conferencias. Fue comisario del Pabellón Español en la Exposición Internacional de Arte Sacro de Roma- -con motivo del Año Santo de 1950- y de importan- memoria y su fino sentido del humor, así como su natural bonhomía, que le permitía adaptarse a los sucesivos cambios de la vida nacional. Se casó con una hermana del novelista Ignacio Agustí Peypoch, creador de la saga de Mariona Rebull, lo que le permitió fundar una saga, a su vez, de expertos en arte y animadores culturales. En 1999, Luis Monreal fue galardonado con la Medalla de Oro a las Bellas Artes.