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28 Internacional MIÉRCOLES 2 11 2005 ABC LAS BARBAS DEL IRANÍ a prensa española es visceralmente antisemita. O antijudía, para ser más exacto y evitar que salga hoy algún enterado puntualizando que los árabes también son semitas. Y esa irracional fiebre afecta también a profesores universitarios, políticos y supuestos expertos. Imagine que cada mañana, cuando sus hijos se encaraman al autobús escolar, tuviera que ir contando minutos y lo que sentiría si sonase el teléfono, porque en su memoria están grabadas a fuego el centenar de ocasiones en que un terrorista suicida se ha hecho saltar en pedazos en medio de los chicos que acudían a clase. O si tuviera que ALFONSO ir al mercado, mirando ROJO con recelo de cualquier extraño. Y en la categoría de extraño cabe todo, porque en la lista de asesinos suicidas hay niños, viejos y hasta mujeres embarazadas. Aquí sólo hemos tenido algo parecido el fatídico 11- M y no hemos sido capaces de sacar conclusiones. Si los israelíes levantan un muro para evitar que crucen a sus ciudades sujetos con cinturones explosivos, se les denigra. Si sus comandos penetran en Cisjordania y detienen a 23 miembros del Yihad Islámico, como ayer, se publica que reprimen sin piedad. Si eliminan a un jefecillo siniestro, atizando un misilazo a su coche, se les condena. Pues yo me niego. Cuando mataron al jeque Yasin, se limitaron a ejercer la legítima defensa, porque el viejo líder de Hamás llevaba 12 años predicando el crimen desde su silla de ruedas y en su negra conciencia, ofuscada por el velo religioso, pesaban decenas de vidas inocentes. No habrá una operación similar para darle lo suyo a Mahmud Ahmadineyad, el presidente de Irán y bien que lo siento. Sólo horas antes de que un palestino perpetrara una masacre en el mercado de Hadera, como si las palabras se hubiesen coordinado con los hechos, el barbudo Ahmadineyad lanzó desde Teherán un tenebroso ataque contra Israel en el que abogaba sin tapujos por borrarlo del mapa. Habrá quien argumente que se trata sólo de un parloteo brutal, aunque irrelevante, pero viniendo del líder de un país que fabrica la bomba atómica, se pone la comunidad internacional por montera y financia el terrorismo, las cosas no son para tomarlas a broma. El Estado de los ayatolás tiene un largo pedigrí de atrocidad. Ahmadineyad ha repetido lo que ya dijo Jomeini y Rafsanyani también pidió que algún Estado musulmán arrojara la bomba atómica sobre Israel, lo que entonces sólo podía hacer Pakistán, afortunadamente ajeno a esa locura. No serán el mundo, ni la ONU quienes acudan en auxilio de Israel si llega el caso. No ocurrió cuando los malvados eran nazis y no islamistas. Que los israelíes se agiten cada vez que ven asomar las barbas del malvado tiene su lógica, aunque aquí cueste entenderlo. Bush se bate por el Supremo Una mayoría conservadora impulsaría un cambio social copernicano b Ante la judicialización de la política, y con delicados equilibrios ideológicos, las vacantes en el Supremo monopolizan el juego político en Washington PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. En 1803, el Tribunal Supremo de EE. UU. en el histórico caso Marbury contra Madison estableció su poder para revisar no sólo decisiones judiciales, sino también los actos del Congreso federal. En casos posteriores, establecería su derecho a enjuiciar las decisiones del Ejecutivo. Desde entonces, la centralidad de la cúpula judicial no ha hecho más que crecer. Una tendencia multiplicada en el siglo XX con decisiones literalmente de vida o muerte con un impacto decisivo en el Gobierno y en la sociedad. Esta judicialización de la política de EE. UU. ayuda a explicar los retos- -y oportunidades- -planteados cada vez que se produce una baja entre los nueve magistrados que componen la Corte Suprema. Un proceso que implica tanto la nominación de reemplazos por el presidente como su visto bueno por el Senado, cuerpo legislativo de cien escaños donde se requiere al menos una mayoría de sesenta para superar maniobras de bloqueo. Números que en la actualidad otorgan a una minoría de senadores moderados la última palabra. Junto a este entramado institucional, una vacante en el Supremo es el equivalente al santo grial pa- L George W. Bush Samuel Alito Harriet Miers dría cimentar una mayoría claramente conservadora con repercusión en los múltiples frentes de la guerra cultural que EE. UU. libra consigo mismo desde los años sesenta. Tal relevancia no se le escapa a la minoría demócrata, y abre las puertas a una batalla campal en el Senado durante el proceso de confirmación. Este tipo de enfrentamiento nuclear se pudo evitar tras el fallecimiento del magistrado- jefe William Rehnquist porque supuso simplemente cambiar a un juez conservador por otro conservador, John Roberts. De lograr Bush la incorporación de Alito al Supremo, se podrían forzar cambios copernicanos en múltiples cuestiones muy polémicas para la sociedad estadounidense: Aborto. Seis magistrados actuales, incluida O Connor, respaldan el aborto libre. Una reducción de esta mayoría aumentaría las posibilidades de aprobar eventuales restricciones sobre los derechos reproductivos reconocidos durante los años setenta en la histórica sentencia Roe contra Wade Discriminación positiva. En el mosaico étnico de EE. UU. el otorgar ventajas para mitigar los efectos de la discriminación racial es una cuestión especialmente divisiva para el Supremo. La limitada mayoría conservadora rechazó en varias ocasiones este tipo de medidas pero hace dos años, en parte con el voto de O Connor, se permitió introducir el objetivo de diversidad racial como parte del competitivo proceso de admisiones universitarias. Derechos de los gay. Hace dos años, el Supremo declaró inconstitucional cualquier legislación que criminalizase la orientación sexual de lesbianas y homosexuales. Decisión que abrió la polémica actual sobre matrimonios gay en diversos estados. Esta clara mayoría podría verse comprometida con el acceso de magistrados más conservadores. Separación de Iglesia y Estado. En este delicado capítulo, el Supremo también carece de una mayoría clara. En 2002, la mayoría conservadora aprobó por un solo voto el uso de cheque escolares para subvencionar a padres sin recursos interesados en enviar a sus hijos a colegios religiosos. ra infinidad de grupos de presión y activistas. En las candidaturas más polémicas, millones de dólares- -en el equivalente a una minicampaña presidencial- -son invertidos a favor o en contra. En este sentido, todo hace indiciar que la nominación del juez conservador Samuel Alito, anunciada por la Casa Blanca tras la renuncia de su primera opción, Harriet Miers, se va a convertir en un pulso de magnitud épica. Desequilibrio La jurisprudencia del juez Alito, nominado para la jurisdicción federal por Bush padre, anticipa un significativo impacto en el delicado status quo ideológico de la Corte Suprema, que ejerce como tribunal constitucional y como máxima instancia de apelación. La vacante a cubrir se produce por los deseos de jubilación expresados por la magistrada Sandra Day O Connor. Esta juez centrista se caracterizó por ser un voto no fácilmente predecible. Su sustitución por Alito supon- REUTERS Londres honra a las víctimas del 7- J ABC. Las víctimas de los atentados del 7 de julio en Londres fueron recordadas ayer en la catedral de San Pablo en una ceremonia ecuménica (en la imagen) que fue boicoteada por algunos de los familiares de los muertos. La Reina Isabel II y el primer ministro, Tony Blair, participaron en el acto, al que también asistieron parientes, supervivientes y miembros de los equipos de socorro. Sin embargo, otros familiares rechazaron participar como protesta por la decisión de Blair de invadir Irak.