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20 Nacional NACE LA INFANTA DOÑA LEONOR MIÉRCOLES 2 11 2005 ABC La necesidad de evitar cualquier duda sobre la legitimidad del Heredero impuso en la Corte castellana un estricto ceremonial reglamentario en torno a los nacimientos, a veces rodeados de testigos, que ha ido evolucionando hasta nuestros días Alumbramientos bajo lupa POR ALMUDENA MARTÍNEZ- FORNÉS El alumbramiento de Doña Letizia, en una clínica dotada con los máximos adelantos y asistida por un personal experto, nada ha tenido que ver con los de la mayoría de sus predecesoras, ya fueran Reinas o Princesas de Asturias, cuyos partos se rodeaban de complicados ceremoniales. Algunos, incluso, debían ser presenciados por numerosos testigos que identificaran reglamentariamente al recién nacido y evitaran cualquier duda sobre la legitimidad del futuro Heredero. Una ceremonia que se impuso en la Corte castellana en el siglo XIV, en tiempos de los Trastámara, para evitar que la vieja aristocracia pudiera deslegitimar un nacimiento y utilizarlo como arma arrojadiza contra el poder real, como ocurrió con Pedro I en 1334. Eran tiempos en los que los restos del feudalismo se oponían a la creación de un poder real fuerte, embrión de lo que luego sería el Estado moderno. Isabel la Católica también tuvo que cumplir con esa imposición castellana y traer al mundo a sus hijos ante varios nobles, caballeros y regidores, aunque procuró proteger su pudor: La Reina cumplió con su obligación con la condición de que su cara fuese cubierta con un velo, con lo cual no sólo ocultaba su vergüenza, sino también el que nadie pudiese detectar en ella un rictus de dolor y sufrimiento afirman los doctores Antonio GarridoLestache y Antonio Manuel Moral Roncal, autores de una investigación sobre La identificación de los recién nacidos en la Casa Real española Con velo y luz atenuada Y es que de las Reinas también se esperaba un control admirable, de acuerdo con su dignidad real. La Emperatriz Isabel, esposa de Carlos I de España, consiguió perfeccionar algo la técnica de Isabel la Católica y, además de cubrirse el rostro mientras daba a luz, ordenó que se atenuasen las luces de los candelabros que alumbraban su estancia. Aunque su parto, según relatan los citados especialistas, fue largo y laborioso la Emperatriz desoyó a quienes le aconsejaban relajarse y gritar- moriré, más no gritaré dijo- -y aguantó los dolores con un autocontrol admirable, consciente de su dignidad real Su marido, el Emperador, sin embargo, nació, contra todo pronóstico, en un retrete puntualizan los doctores. Y es que aunque su madre, Doña Juana, ya había salido de cuentas, no quiso perder de vista a su mujeriego marido, Don Felipe, y tras una fiesta palaciega se puso de parto y se retiró a una estancia en la que vino al mundo el que luego sería emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Partos inseguros Poco a poco, las Reinas fueron ganando en intimidad y, con el tiempo, los testigos se limitaron a permanecer en las salas contiguas. Con ello, los nacimientos ganaron también en higiene y salud, ya que estas personas eran portadoras de gérmenes que hacían más inseguros los partos reales que los de las campesinas. Tanto riesgo presentaban, que algunas Reinas hasta hacían testamento antes del alumbramiento. Además, en aquellos tiempos, las parturientas sólo eran asistidas por comadronas. Paradójicamente, los hombres podían asistir a los partos, pero no intervenir. Cuentan estos especialistas el caso de un médico de Hamburgo, Veithe, que se disfrazó de mujer para atender un parto y cuando se le descubrió fue condenado a la hoguera. También relatan los doctores Garrido- Lestache y Moral Roncal que diversos Reyes, como Felipe III, permanecieron junto al lecho de sus esposas mientras ellas daban a luz, por lo que la presencia del marido en el parto no es una adquisición de nuestros días Sin embargo, era tanto el pudor de la época que, incluso, muchos años des- Isabel la Católica dio a luz con el rostro cubierto por un velo Mariana de Austria ocultó por pudor un avanzado cáncer de mama La Reina Victoria Eugenia rompió con la costumbre de las nodrizas y optó por la lactancia materna