Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
6 Opinión MIÉRCOLES 2 11 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA CARLOS RUIZ MIGUEL CATEDRÁTICO DE DERECHO CONSTITUCIONAL DE LA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO DISCUSIONES BIZANTINAS ANUELA de Madre, la vicepresidenta y directora espiritual del PSC en el que manda José Montilla y figura Pasqual Maragall, es una de los tres comandos del Parlament de Cataluña que tratarán hoy de que el proyecto de nou Estatut allí alumbrado sea admitido a trámite en las Cortes españolas. No estará sola en el intento y colaborarán con ella Artur Mas, el hereu que no supo, o no pudo, aprovechar el legado de Jordi Pujol, y Josep Lluís Carod- Rovira, que, revestido de moderación, pronunciará, en voz muy baja y bien podada de agudos, palabras muy aparentes para avalar el disparate separatista en el que ha conseguido involucrar a sus socios de M. MARTÍN Govern y de proyecto. FERRAND Es tan bizantina la discusión que promueven que, para que lo fuera del todo, sólo nos faltarían un montón de otomanos sitiando nuestra particular Constantinopla. Es, por decirlo con la exageración que marcan nuestras costumbres políticas, el fin del imperio constitucional español y nosotros permanecemos entregados, de espaldas a la población y sin atención alguna a la demanda social, a buscar el sexo del Título VIII o a contar el número de ángeles que caben en las cabecitas de ERC. ¿Que no es para tanto? Podría ser y ojalá sea. Ya veremos en el largo proceso que hoy se inicia las intenciones finales y, si los hubiere, los pactos alcanzados, de espaldas el PP, por todos los pobladores del Parlament; pero, en el mejor de los casos, no deja de ser un gran despilfarro nacional la dedicación de tanta fuerza y energía a un asunto que, emocionante para los inventores de la Historia, le cae muy lejos a la mayoría de la población española, catalana o de cualquier otra circunscripción. Como en aquellas discusiones de Constantinopla, con sesenta mil turcos vociferantes a las puertas de la ciudad, dispuestos a entrar en ella y cambiar el color de Santa Sofía, el argumento del debate sólo les interesa a quienes lo mantienen. Quizá porque han hecho de él, en sus distintos grados separatistas, el único posible para unas tallas políticas determinadas y, por ello, condenadas a hablar de lo mínimo cuando la exigencia, dadas las circunstancias y vistas las posibilidades, exigiría la contemplación de horizontes más amplios y menos domésticos. Gastaremos mucha de la poca inteligencia política disponible para, en los próximos meses, conseguir que las aguas del Estatut no lleguen a dañar los cimientos de la Nación. El instinto de la supervivencia, que también asiste a los pueblos, se encargará de ello; pero, como de costumbre, habremos perdido el tiempo de una generación y la oportunidad de un momento en el que serían posibles empresas nacionales de mayor enjundia. El número de ángeles que caben en la cabeza de un alfiler es algo tan irrelevante como el número de alfileres que caben en la cabeza de un Carod. M NO ES UNA REFORMA ESTATUTARIA El autor sostiene que las Cortes Generales no pueden dar curso como reforma estatutaria a una iniciativa que, a su juicio, es la derogación del Estatuto vigente, algo para lo que no está facultado el Parlamento catalán, según recoge la Constitución N el Derecho las formas son muy importantes. Sin respeto a las formas hay despotismo. Sólo hay Estado de Derecho con respeto a las formas. Sin un mínimo de regulaciones formales que ordenen la actividad del poder, los ciudadanos quedarían librados a las veleidades personales de los gobernantes de turno, lo cual atentaría flagrantemente contra los principios más básicos del Estado de Derecho. Y si en el Derecho en general las formas son importantes, tanto más lo serán en el Derecho Constitucional que regula la actividad más política del poder público, la que tiene más efectos para el conjunto de la ciudadanía. Quiero argumentar que lo que se va a discutir hoy es formalmente inconstitucional. Para ello, empezaré por aclarar que no es lo mismo la reforma que la derogación de una ley. Expuesto lo anterior, argumentaré que el proyecto que se discutirá no es una reforma estatutaria, sino un nuevo Estatuto que deroga el anterior. A continuación argumentaré que los parlamentos autonómicos, y el Parlamento catalán en concreto, no pueden hacer un nuevo Estatuto, sino sólo reformarlo. Por eso mismo, sostendré que las Cortes Generales no pueden dar curso a una iniciativa que vulnera la Constitución en cuanto deroga el Estatuto actualmente vigente. Todo ello es así, aunque se quiera falsear la realidad con las palabras. ¿Qué diferencia hay entrela reforma y la derogación de una ley? Muy sencilla: la misma que hay entre la reparación de una vivienda y el derribo y construcción sobre el solar de una nueva. La reforma es una técnica que se emplea para suprimir, añadir o cambiar partes de una ley, salvaguardan- E doesa ley. Si se quiere suprimir un precepto de la ley reformada, se dirá: Queda suprimido el artículo n de la ley X Si, por el contrario, se quiere añadir un nuevo precepto, la ley de reforma rezará Se añade un nuevo artículo n bis con el siguiente texto: Cuando se decide cambiar una parte de una ley, la reforma contendrá algo como esto: El artículo n de la ley X quedará redactado del siguiente modo: Y es que una reforma, por definición, se opera para mejorar la ley existente, no para liquidarla. Por contra, la derogación es una operación que presupone que nada de la anterior ley es salvable. Por eso la misma es enteramente eliminada para construir una nueva norma que sustituya íntegramente a la vieja La práctica legislativa nos ofrece muchos ejemplos de esto. La Ley de Enjuiciamiento Civil de 1889 experimentó numerosas reformas durante su vigencia, pero, finalmente, el legislador decidió que las reformas no eran suficientes y se aprobó una nueva ley de Enjuiciamiento Civil en 2000 que derogó la anterior. Sentada la distinción entre reforma y derogación (que debe estar clara en un alumno de 1 de Derecho) el paso siguiente es determinar si lo que se está tramitando es una reforma o una derogación del Estatuto de Autonomía de Cataluñade 1979. La cuestión no es difícil de responder. En nuestra reciente historia constitucional existen numerosas leyes orgánicas de reforma de Estatutos. La lectura de las mismas es ilustrativa de lo que es una reforma que suprime, añade o cambia partes de un Estatuto para mejorarlo, nunca para derogarlo. Véanse, por ejemplo, las leyes orgánicas 1 a 7 de