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ABC MIÉRCOLES 2 11 2005 Opinión 5 MEDITACIONES ESCARAMUZAS A NTE el crucial pleno de hoy en el Congreso de los Diputados, los equipos de La Moncloa y de Génova han testado en sus particulares laboratorios una amplia gama de respuestas en función de los distintos escenarios que pudieran plantearse en el transcurso del debate. Si Rajoy te sale por aquí, tú le respondes que... O si Zapatero viene ahora con que, lo mejor es decirle... Los abogados del diablo han jugado un papel fundamental estos días atrás, aunque en el PP reconocen que hacer de Zapatero- -aunque sea de mentira- -es un ejercicio imposible, porque te sale con el amor perpetuo, la libertad y la solidaridad sin fronteras y no sabes qué hacer: si enfadarte, reír o llorar... En La Moncloa lo tienen más fácil, porque Rajoy es mucho más previsible aunque los suyos no descartan que guarde un as bajo la manga. MARCO AURELIO LEER Y PENSAR EL PO- YA- QUE DE LA CONSTITUCIÓN MODERNIDADES EN DISPUTA DE JOSETXO BERIAIN Anthropos Barcelona, 2005 338 páginas Polémica modernidad Puesta en la hoguera de la sospecha posmoderna, la Modernidad parece descomponerse en medio del crepitar de infinidad de llamas. El apetito inquisitorial de los nuevos profetas se muestra así insaciable en su voracidad destructiva. La dialéctica de la Ilustración de Horkheimer y Adorno, abrió la veda y hoy casi nadie se declara ya moderno, quizá porque la búsqueda de solidez y convicciones en un escenario de progreso y racionalidad ya no es tan estimulante como cuando fue formulada. Por otro lado, un inquietante deseo de vivir nuevas experiencias fuertes en el ámbito de la reflexión lleva a toda una generación de pensadores a adentrarse en la aventura heroica de vivir o, mejor dicho, de pensar peligrosamente dentro de los parámetros de una geografía de provocación y subversión que trata de cuestionar todo lo dado. Sin embargo, como pone de manifiesto este excelente libro de Josetxo Beriain, la Modernidad no es un bloque homogéneo, sino un complejo poliedro que permite recrearlo autocorrectoramente, incluso en medio de la aporía y el desencanto estructural al que nos ha conducido. Hemos vivido una posibilidad de Modernidad, pero no hemos de olvidar que hay otras que siguen siendo posibles. JOSÉ MARÍA LASSALLE OY de Letras, pero entiendo lo mío de una cuestión de números tan importante para la economía nacional como el po- ya- que. El po- ya- que es tan decisivo para las escalas personales de la economía como los presupuestos generales del Estado para los caudales del común. O más todavía. El dominio del po- ya- que es al equilibrio económico familiar como la posesión de los mares a los antiguos imperios coloniales. Si no dominas el po- ya- que, los irresistibles deseos de po- ya- que, tu economía va al agua y a los baños el río de tus dineros. Ilustres economistas españoles e hispanoamericanos han estudiado el po- ya- que y me sería muy fácil ahora remitirme a la bibliografía clásica. De la que les hago gracia, resumiéndoles que el poya- que es el deseo, habitualmente irrefrenable, de hacer un gasto no previsto cuando se pretendía realizar otro. El po- ya- que más conocido ANTONIO es el de las pequeñas obras de reforBURGOS ma en la vivienda propia: el cambio de los muebles de cocina, la mejora del cuarto de baño y otras llevaderas arquitecturas de interior. Aplicando el principio agrario de toda finca es mejorable hasta la absoluta ruina de su propietario toda cocina, todo cuarto de baño, todo apartamento, todo dormitorio de los niños es reformable vía po- ya- que hasta que nos quedemos sin un duro. Sobre todo si, saltándonos a la torera el presupuesto que nos dieron los artistas, no reprimimos ese bajo instinto del hombre, ese deseo de su pasión de mejora, y como los ángeles rebeldes, caemos en el po- ya- que. Por eso se hicieron demonios los ángeles rebeldes, por el po- yaque: -Po- ya- que estamos aquí en el paraíso, ¿por qué no somos igual que Dios? que diría mi maestro en Potrística (no Patrística, Potrística) el profesor don Miguel Criado. Como un ángel rebelde, el español con obras en su S casa quiere convertir su apartamentito en el Palacio de Liria, su señora esposa créese Cayetana, y caen ambos en la tentación del po- ya- que: -Po- ya- que vamos a cambiar la bañera, ¿por qué no ponemos una con yacuzi, como las que anuncia Isabel Preysler? Y po- ya- que van a tener que tirar el techo falso, ¿por qué no metemos aire acondicionado centralizado? La obra llevadera de los 3.000 euros se sube a las barbas presupuestarias de los 40.000. Yo he visto caer así muy sólidas economías familiares, gastarse muy consolidadas haciendas. Y me temo que con ocasión del nacimiento de la Infanta Doña Leonor y de las ganas de reforma de la Constitución para suprimir la primacía del varón en la sucesión a la Corona, caigamos en el peligroso po- ya- que institucional. De la lógica de los tiempos esgrimida por el Príncipe de Asturias al po- ya- que media una distancia exactamente igual que el canto de un euro. Que nos pongamos a reformar la Constitución para que Doña Leonor pueda reinar por propio derecho es como meter los albañiles en casa. Un peligro, si nos salimos de lo presupuestado. Al igual que el po- ya- que de las mejoras hogareñas, nadie nos asegura que podamos resistir a la tentación del po- ya- que cuando empiece la reforma de la Constitución. Un día será: -Hombre, po- ya- que reformamos la Constitución por lo de la niña del Príncipe, ¿por qué no quitamos también eso de que el Rey es inviolable y no está sujeto a responsabilidad? ¡Naturalmente! Y po- ya- que reformamos eso, ¿por qué no vamos a recortarle un poquito las alas, que no sea Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, ni que proponga presidente del Gobierno? -Bien dicho. Pero yo voy más lejos: po- ya- que vamos a cambiar todo esto en la Constitución, ¿por qué no ponemos que España no es una nación de ninguna de las maneras y que mejor que sea directamente Rey el que elijamos de presidente de la República? ¡Qué de po- ya- que!