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46 Internacional MARTES 1 11 2005 ABC Bush, tras el fiasco de Miers, nomina para el Supremo a un juez ultraconservador La candidatura de Samuel Alito plantea otra vez el riesgo de una batalla campal en el Senado PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Además de empezar una guerra, una de las parceles de poder más trascendentales reservadas a todo presidente de Estados Unidos es Bush y el juez Alito, en el anuncio de su nominación ayer en la Casa Blanca REUTERS la nominación de jueces para el Tribunal Supremo. Después de haber fracasado estrepitosamente con la candidatura de su asesora legal, Harriet Miers, George W. Bush volvió ayer a la carga con un candidato de impecables y evidentes credenciales conservadores: el veterano magistrado federal Samuel Alito, conocido por el sobrenombre de Scalito por su afinidad jurídica con el magistrado Antonin Scalia, irascible baluarte de la ortodoxia republicana dentro de la máxima instancia judicial del gigante americano. Alito ha sido nominado para cubrir la plaza vacante por la jubilación de la juez Sandra Day O Connor, un proceso de renovación complicado por el fallecimiento del magistrado- jefe, William H. Rehnquist. Este puesto resulta especialmente relevante en el balance ideológico de la Corte Suprema porque O Connor se ha caracterizado por ser un voto no predeterminado en cuestiones tan decisivas como pena de muerte, aborto, financiación política, discriminación y promoción de minorías raciales. Cuestiones en las que las sentencias formuladas por Alito, nominado como juez federal por Bush padre, no dejan duda de sobre su ascendencia conservadora. Un magistrado con experiencia Intentando poner tierra de por medio con el via crucis de problemas acumulados desde el verano, Bush ha presentado al juez Alito como el nominado con mayor experiencia judicial en más de setenta años Elogio que ha establecido un llamativo contraste con la retirada candidatura de Miers, sin ninguna experiencia togada y que tanto logró molestar a la base más conservadora del Partido Republicano hasta el punto de forzar la semana pasada su retirada. La oposición demócrata no ha tardado en cuestionar las credenciales ideológicas del juez Alito, planteando una posible batalla campal en el Senado durante el proceso de confirmación. El portavoz demócrata en la Cámara Alta, Harry Reid, argumenta que Alito podría ser excesivamente radical, y critica al presidente Bush por desaprovechar la ocasión de nombrar al primer magistrado hispano del Supremo. Según Reid, la máxima corte parece un exclusivo club de blancos. En contraste, los republicanos han cerrado filas en torno a Alito. Con 55 votos conservadores entre los 100 del Senado, si los demócratas quieren bloquear esta nominación tendrán que asumir el riesgo de paralizar todo el proceso legislativo en Washington. De llegarse a ese pulso, la cuestionada Administración Bush no podría actuar tan decisivamente como en el pasado.