Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC MARTES 1 11 2005 Nace la Infanta Doña Leonor 27 de una alegría desbordante, inocultable. Sus encuentros con familiares, amigos, con los propios periodistas en la madrileña clínica de Loreto, mostraban a un hombre radiante, pletórico, ocurrente. A la tercera va la vencida... exclamaba y sonreía orgulloso por la varonía del heredero. Fueron unos días inolvidables. Aún Don Juan Carlos no era Príncipe de España. Era el Príncipe de Asturias de los monárquicos, con una situación tan delicada como incómoda. Representaba a su padre, el Rey en el exilio, sorteando con discreción y silencios los odios que Don Juan generaba en los ambientes oficiales del Régimen dirigidos por una Prensa falangista ferozmente antimonárquica. ABC se fajó de lo lindo en aquel natalicio. Arriesgó al máximo frente a la censura. Con una foto de Don Juan Carlos y Doña Sofía en portada tituló el 31 de enero: Primer nieto varón del Conde de Barcelona y se volcó en la información aquel día y los siguientes. Doña Sofía había ingresado en la habitación 604 de la clínica de Loreto a las ocho y cuarto de la mañana. Le acompañaban Don Juan Carlos, su madre la Reina Federica y su hermana la Princesa Irene. El parto fue entre las doce y la una menos cuarto. Rápido y normal. Asistió a Doña Sofía el doctor Mendizábal, a quien acompañaban los doctores Olmedo- -que era su ayudante- -e Iraola, la matrona doña Elvira Morera, la enfermera doña Pilar Carrascal y la religiosa Sor Asunción. Precioso, rubio y con ojos azules El niño medía cincuenta y cinco centímetros y pesaba cuatro kilos y trescientos gramos. La noticia la difundió una enfermera por los pasillos: ¡Es precioso! Rubio y con los ojos azules Inmediatamente empezaron a sonar los teléfonos y a organizarse los grupos monárquicos. Mientras, Don Juan Carlos, radiante, daba la noticia a sus padres, que estaban en Miami. Luego se marchó con su suegra, la Reina Federica, a almorzar con los Duques de Alba, en el palacio de Liria. Desde allí llamó por teléfono a su abuela, la Reina Victoria Eugenia, viuda de Alfonso XIII, que se hallaba en Mónaco. A las seis y cuarto de la tarde y en la biblioteca de la clínica Don Juan Carlos se reunió con los periodistas nacionales y extranjeros, a quienes ofreció una copa de champán. Fue el redactor de ABC, José Baró Quesada, el que, en nombre de los presentes, brindó por el nuevo Infante y por la Familia Real española, brindis al que correspondió Don Juan Carlos con otro por los informadores. Mientras tanto, un grupo de jóvenes monárquicos controlábamos y anotábamos las cestas de flores que iban llegando sin parar a la clínica y el libro de firmas que se había puesto en el salón de visitas. El nacimiento de su heredero le supuso a Don Juan Carlos tal cúmulo de fuerza y esperanza que hizo una apuesta tan valiente como arriesgada. Para ser padrinos de bautismo de Don Felipe nada mejor que seguir los eslabones de la Dinastía: madrina, la Reina Victoria Eugenia, bisabuela del recién nacido; padrino, su abuelo, Don Juan, jefe de la Casa Real española. Pero los dos estaban en el exilio. La Reina Victoria no había vuelto a España desde abril de 1931. Don Juan vivía desterrado en Estoril, en abierta ruptura con Franco. Don Juan Carlos y Doña Sofía, con las Infantas y Don Felipe recién nacido Organizar aquel bautizo fue un auténtico encaje de bolillos donde se aunaron diplomacia, tensiones, esperanzas, suspicacias, generosidades y cicaterías. Pero Don Juan volvió a Madrid. Jaime Miralles y Julita Sangro, en cuya casa de la calle Ponzano se hacían las reuniones clandestinas de Unión Española organizaron una expedición improvisada hacia los alrededores de Valmojado. Allí, bajo las estrellas frías del invierno toledano y sobre la vieja carretera que llevaba a Extremadura, un grupo de españoles esperamos la llegada de los Condes de Barcelona. Aún recuerdo la emoción de Don Juan, en medio de la soledad del campo, iluminado débilmente por los faros de los coches, agradeciendo con sus manos el grito unánime y fervoroso de aquel ¡Viva el Rey! inesperado. Don Juan, que apenas venía con escolta a España, entró en Madrid rodeado de automóviles con banderas nacionales, algarabía de claxons y millares de octavillas con su imagen mientras la Policía, desconcertada y atónita, no sabía qué hacer y optó por no hacer nada... Al día siguiente volvió del exilio la Reina Victoria Eugenia. Resultó tan impresionante el recibimiento en Barajas que el hecho fue detectado tanto dentro de España, nerviosamente, como, expectantes, por las cancillerías extranjeras. Era la primera vez que se veía en Madrid- -en casi cuarenta años- -tan rotunda afirmación monárquica. Allí, entre los miles de personas que abarrotaban el aeropuerto, la Reina hizo la reverencia a Don Juan en presencia de un Don Juan Carlos emocionado y satisfecho. Tres generaciones de la Familia Real al encuentro con su pueblo y con un niño- -cuarta generación- -que aseguraba la Dinastía. No nos han olvidado susurraba la anciana Reina. No nos han olvidado Aquellas pancartas con vítores al Rey en los puentes de la autopista de Barajas, que la Policía en un principio no se atrevió a retirar, habían sido confeccionadas en casa de Jaime Miralles con sábanas que habíamos llevado de nuestras casas en una inolvidable noche de clandestinidades... Luego, el besamanos del pueblo madrileño a la Reina Victoria, interminable y emocionante, en el palacio de Liria, donde se alojaba; los paseos de Don Juan por Madrid... Todo era tan increíble y tan exacto. Y, sin embargo, estaba ahí. Se palpaba. Había una sensación aleteante y extraña. Algo estaba cambiando. Era como un pulso en el aire donde no se veían las fuerzas, pero cortaba el aliento. El bautizo se celebró. Don Juan Carlos y Doña Sofía estaban orgullosos. Se hicieron una fotografía en color con las Infantas niñas y el recién nacido en brazos de su madre con la que obsequiaron a los leales días más tarde. No era una foto más ni había sido un bautizo más. El nacimiento de Don Felipe, aquel enero de 1968, supuso un antes y un después en la historia de la Dinastía que es lo mismo que decir en la historia de España. Un año más tarde, Don Juan Carlos sería nombrado sucesor a título de Rey. Lo demás es bien sabido. El alumbramiento de Don Felipe, en enero de 1968, supuso un antes y un después en la historia de la Dinastía, que es lo mismo que decir en la historia de España. Un año más tarde, Don Juan Carlos sería nombrado sucesor a título de Rey Tres generaciones de la Familia Real al encuentro con su pueblo y con un niño- -cuarta generación- -que aseguraba la Dinastía. No nos han olvidado susurraba la anciana Reina. No nos han olvidado