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50 Sociedad LUNES 31 10 2005 ABC Medio Ambiente La primera estación experimental española de ecología y oceanografía litoral, ubicada en Mallorca, es un inmejorable observatorio del cambio global en esta zona marina Un laboratorio a orillas del Mediterráneo TEXTO: ARACELI ACOSTA MADRID. A sólo cinco millas del archipiélago de Cabrera, el faro de Cap Salines, en el extremo sureste de Mallorca, sigue erguido sobre el mar aunque ya sólo sirva de atalaya para observar mejor el contraste de los azules del agua. Los barcos ya no necesitan que los guíe, y ha quedado, al igual que tantos otros faros, como testigo de los cambios de los paradigmas tecnológicos como bien lo describió Carlos Martínez, presidente del Consejo Superior Posidonia oceánica La posidonia, los bosques submarinos Las hojas y los tallos que en otoño e invierno aparecen en la orilla de las playas del Mediterráneo, y que en tantas ocasiones son retiradas por una cuestión estética, representan la mayor protección del litoral contra los temporales y, a medio plazo, contra el cambio climático. Son las hojas de la posidonia oceánica que, por su ciclo de vida, a finales de verano se desprende de las hojas, que son arrastradas hasta la playa, donde actúan como fijadores de la arena frente a las mareas. Y es que la posidonia es una planta con hojas, flores y frutos, semejante a las que nos encontramos en los ecosistemas terrestres, pero que vive en el mar, entre la superficie y los 50 metros de profundidad, y que llega a formar grandes extensiones, las praderas de posidonia. de Investigaciones Científicas, durante el acto de inauguración de lo que será su nueva misión: albergar el primer centro español de investigación costera. Y es que hasta ahora, y salvando la latitud, sólo la Base Antártica Española Juan Carlos I contaba con los medios necesarios para poder investigar estos ecosistemas. En un clima algo más templado, este nuevo centro permitirá precisamente observar los cambios que el calentamiento global está provocando a lo largo y ancho del planeta y que en el Mediterráneo han forzado ya a encender las primeras señales de alarma. El sistema biológico en que vivimos es absolutamente global y, por tanto, los cambios que se están produciendo en la distintas zonas del globo son parte de las respuestas de todo el sistema Tierra a la actividad del hombre, explica Carlos Duarte, investigador principal del proyecto y coordinador de la estación. Así, la elevación de 17 centímetros en el nivel del mar Mediterráneo durante el siglo XX tiene causas tan lejanas como la fusión de los casquetes polares. De ahí la importancia de que este centro esté situado en una zona del litoral mallorquín totalmente virgen, a lo largo de unos 35 kilómetros de costa, con unas aguas de gran calidad recientemente protegidas como reserva marina y, por tanto, libres de la influencia humana que podría enmascarar los signos del cambio global. Control de la posidonia en la zona costera cercana al faro de Cap Salines Cambios en los patrones de vida Uno de los ecosistemas que responden de forma inequívoca a las señales del cambio global son las praderas de posidonia, que en Cap Salines se extienden desde la orilla mallorquina hasta las del archipiélago de Cabrera y que confieren a estas aguas distintos tonos que van del turquesa al azul oscuro. En estas praderas de angiospermas, auténticos bosques submarinos, se centrará una de las líneas de investigación que se llevará a cabo desde este centro, con el fin de comprender hasta qué punto están cambiando sus patrones de vida. Asimismo, el calentamiento global está ocasionando la llegada de especies exóticas a las aguas del Me- Marcaje de pescados en el nuevo laboratorio JOAN MORANTA La llegada de especies exóticas a las aguas mediterráneas se ha acelerado por el calentamiento global El faro de Cap Salines, en el sureste de Mallorca T. ARRIETA Y A. TOVAR