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ABC LUNES 31 10 2005 Opinión 5 MEDITACIONES EL KORFBALL EN LOS PAÏSOS M ÁS desasosegados que un pavo en Navidad andan los socialistas valencianos alertados de lo que se está preparando en Ferraz. Al parecer, y con la intención de hacerse los simpáticos con ERC a cuenta del Estatuto catalán, en el PSOE tienen intención de enmendar a base de bien el Estatuto valenciano en lo referente al límite mínimo para obtener representación en las Cortes valencianas. El texto pactado por Camps y Pla que ha llegado al Congreso hacía inaccesible la entrada de ERC en el arco parlamentario valenciano. Hasta el partido de Llamazares lo tendría difícil. Así que se trata de bajar el porcentaje de votos necesario para ver si entra allí el partido de Carod y lo de los Països Catalans es una realidad. El korfball amplía sus expectativas. MARCO AURELIO LEER Y PENSAR LA CATÁSTROFE SILENCIOSA EL CULTIVO DE LA HUMANIDAD DE MARTHA C. NUSSBAUM Paidós Barcelona, 2005 338 páginas 22 euros Educación multicultural Entre los males de nuestro tiempo cabe citar el multiculturalismo y lo políticamente correcto, que, como un rizoma, se extienden a lo largo y ancho de la sociedad occidental. Al respecto, Martha C. Nussbaum, al socaire del relativismo dominante, propone una nueva educación liberal que, basada en la crítica y el aprecio de la diferencia, construya ciudadanos libres. Una educación en que todo es equiparable. Una educación multicultural. ¿El currículo? Según Nussbaum, el recto camino lo brindan determinadas escuelas superiores y universidades de esa patria del multiculturalismo y lo políticamente correcto que es Estados Unidos. Anoten: programas de encuentros interculturales, cursos sobre construcción de identidades, estudios de pensamiento político feminista. Y ello en el marco de una concepción del mundo que reivindica las diferencias radicales- -irreductibles incluso- -en el ámbito cultural, étnico y religioso. Y ya es casualidad que cuando se propone el estudio de la Ilustración se haga bajo el título de Pensamiento de la Ilustración y su crítica Leído el libro, uno recuerda el Allan Bloom que criticaba la cerrazón de algunos departamentos universitarios norteamericanos. Una duda: ¿por qué a eso le llaman nueva educación liberal MIQUEL PORTA PERALES E imaginan que en España los incendios forestales, las inundaciones, las olas de calor o las epidemias de gripe aviar se cobrasen cada año, pongamos por caso, cinco mil víctimas mortales, cifra a la que habría que sumar otra mucho más abultada de damnificados en diverso grado? La magnitud de la catástrofe sumiría a la sociedad española en una vorágine de caos e histeria desatada y obligaría a las autoridades a decretar un estado de excepción. Se declararía una situación de alerta máxima que la propaganda mediática amplificaría hasta convertirnos en rehenes perpetuos de la zozobra; naturalmente, tras la escabechina, se arbitrarían medidas que impidiesen que tamaña mortandad se volviera a repetir al año siguiente. Y estamos hablando de cataclismos naturales, que más allá de una hipotética incompetencia gubernativa o de una crónica falta de previJUAN MANUEL sión, son desatados por causas que el DE PRADA hombre no puede controlar. Pues ¿qué ocurriría si estas hecatombes las provocase un impulso homicida? ¿Se imaginan que cada año muriesen en España cinco mil mujeres apaleadas por sus novios y maridos (más otras treinta mil con la cara crucificada de moratones y alguna costilla rota convaleciendo en los hospitales) que cinco mil pacíficos ciudadanos fuesen anualmente sacrificados por fanáticos terroristas (cuyas bombas dejasen a su paso, como aderezo de efectos colaterales treinta mil mutilados y heridos de diversa consideración) que cinco mil jóvenes cayesen fulminados tras ingerir una pastillita de éxtasis y que otros treinta mil sufriesen lesiones mentales por haberlo hecho? Las asociaciones ciudadanas, los medios de comunicación y, en general, la sociedad diezmada reclamarían a la autoridad un esfuerzo legislativo suplementario que castigase muy severamente a maltratadores, terroristas y traficantes de droga, así como un ¿S compromiso sin ambages en la erradicación de tan mortíferas lacras. Pues bien, en España existe una causa de mortandad directa que cada año se cobra miles de vidas y decenas de miles de damnificados; una causa inclemente de mortandad que, sin embargo, aceptamos con resignación estólida, como si se tratase de un tributo debido a la madre naturaleza contra el que no cabe oponer resistencia alguna. No me estoy refiriendo al tabaco, ese sufrido chivo expiatorio que la enfermiza obsesión de las sociedades avanzadas por preservar incólume su salud ha querido declarar responsable de todas las muertes (incluidas las decretadas por puro imperativo biológico) aunque sólo haya participado en ellas como causa convergente y, desde luego, indirecta. Hablo de los accidentes automovilísticos, que año tras año rectifican nuestra demografía y avituallan nuestros cementerios; para combatirlos, se pergeñan campañas publicitarias de escaso fuste (sobre todo cuando, simultáneamente, los fabricantes de automóviles pergeñan otras campañas publicitarias mucho más atractivas que neutralizan el posible efecto disuasorio de aquéllas) y se dedican ingentes partidas presupuestarias a la mejora de carreteras, intento este último de dudosa eficacia, pues parece demostrado que una carretera mejor pavimentada y menos sinuosa provoca a la postre mayor número de accidentes, pues incita a los conductores a pisar el acelerador. En cambio, nadie se ha propuesto seriamente arbitrar soluciones más drásticas y probadamente benéficas, como la imposición a los fabricantes de cortapisas legales que los obliguen a fabricar coches con limitaciones de velocidad. En este puente de Todos los Santos morirán unas cuantas decenas de españoles en sus ataúdes con ruedas. Será un episodio más de esa catástrofe silenciosa que, año tras año, se repite sin que ni siquiera nos inmutemos. El día que por fin nos toque un boleto en esta tómbola macabra quizá ya sea demasiado tarde para lamentarnos.