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76 DOMINGO 30 10 2005 ABC FIRMAS EN ABC vertirse para nosotros, pasado un tiempo, en un nutrido regalo de recuerdos y de reflexiones, de juicios y de imágenes, de informaciones y de melancolías. Las cien columnas reunidas nos confirman a quien ya lo suponíamos, y desde luego se lo demuestran a quien no lo supiera, que Manuel Alcántara es uno de los grandes del género, acaso el mayor, y que bien mirado lo que cada día escribe, no tiene vuelta de hoja. En 1978 Manuel Alcántara recibió un homenaje del pueblo malagueño Rincón de la Victoria, donde, desde hace ya mucho, reside la mayor parte del año. Allí le hicieron hijo adoptivo del Municipio, a la vez que se descubrió una lápida en una calle que lleva su nombre. Ante una gran concurrencia, Manolo pronunció unas emocionadas palabras de agradecimiento a quienes habían organizado el ágape entrañable. Guardo una página del diario Sur de aquella época, donde se reproduce el discurso entero del poeta. Creo que es bueno, dado el natural olvido del tiempo, exhumar ahora un breve resumen de lo que, cálidamente, nos dijo él entonces. Por fin- -confesó- -he conseguido dar una dirección a mi vida. Ahora sé que debo besar el suelo que piso. Gracias a vuestra benevolencia, un tipo como yo, que siempre había sido un caso, es ahora una calle. Una calle en mitad del pueblo y mi corazón en mitad de la calle. Demasiado para mí, terco aprendiz de poeta, asiduo prosador de la vida cotidiana en esos papeles fugitivos que llamamos periódicos, que se mueren de viejos al día siguiente. Demasiado. Pero quizá el amor sea una demasía y acaso es cierto que a las cosas del amor les viene bien un poco de exageración. Fuimos de Madrid, por amistosa petición de Manolo, José García Nieto y yo. Allí leí un poemilla mío, basado en los cuatro libros poéticos publicados por Alcántara hasta entonces, versos lejanos y alegres con los que quiero terminar estas líneas: Para Manuel Alcántara esta palabra amiga junto a su mar de Málaga. Junto a su mar de Málaga, que emergía con él, que con él no naufraga. Que con él no naufraga: aquel embarcadero se afirma sobre el agua. Se afirma sobre el agua el verso claro y hondo firmado por Alcántara. Firmado por Alcántara está este canto límpido tan lleno de campanas. Tan lleno de campanas que su ciudad de entonces congrega nuestras almas. Congrega nuestras almas y nos otorga siempre lo que las olas cantan. Lo que las olas cantan Manuel nos lo ha contado para que no se vayan. Para que no se vayan Manuel ha dibujado algunas velas blancas. Algunas velas blancas, nuestras por ti, Manuel, junto a tu mar de Málaga. RAFAEL DE PENAGOS ESCRITOR MANUEL ALCÁNTARA Tenemos, por de pronto, a un escritor de raza cuya prosa se cuenta entre las más límpidas que circulan por España... lo largo de mi ya no corta vida he tenido la fortuna y el honor de ser amigo de personas de excepcional inteligencia. Creo que, junto a la bondad, la inteligencia es uno de los dones supremos del alma. Resaltar la inteligencia siempre alerta, la vivacidad intelectual, la pluralidad de saberes de Manuel Alcántara es, acaso, una obviedad porque son muchos los millones de personas que le leen diariamente en los periódicos. Pero creo que también conviene recordar que esas cualidades y atributos que Alcántara posee se ven en el mundo muy de tarde en tarde. Aquí tenemos, por de pronto, a un escritor de raza cuya prosa se cuenta entre las más límpidas que circulan por España. En él se dan, a la vez, dos hechos igualmente ciertos: que es un gran poeta y un prosista excepcional. Y ambas cosas sostenidas siempre por el aliento hondo e ingrávido de la gracia, que le viene, puntual y mágicamente, de sus mejores ancestros andaluces. Nuestra amistad es larga y ancha, que diría Manolo. Parece mentira: nada menos que medio siglo en el que nos han unido muchas opiniones y aconteceres y no nos ha separado ninguno. Creo que jamás nos hemos cansado de hablar. Porque hablar con Alcántara constituye siempre una lección. De su modo de expresarse, generalmente con breves pinceladas como impresionistas, está construida su conversación, que es, junto a la de otro escritor- -César González- Ruano, a quien ambos quisimos y admiramos tanto- -una delicia por su gracecamente la adolescencia perdida. Entre los magníficos sonetos que pueblan los libros de Alcántara, creo que merece la pena reproducir- -seguro que se me agradecerá- -uno absolutamente inolvidable: el dedicado a Abderramán III: También en el dolor fui más. Lamento deciros con retraso que yo era un alfanje sin fin y una manera de aceptar mi interior derrocamiento. No quise divulgar mi sufrimiento por no haceros la envidia llevadera. Nadie me conoció más que por fuera, como al alto ciprés conoce el viento. El laurel fue costumbre de mi frente, la mujer de mi noche, el inminente jazmín bajo los astros a mi lado. Todo lo tuve. Cuanto el cielo abarca. Recordad siempre al más feliz monarca: Abderramán III el desdichado. El gran filólogo Gregorio Salvador, vicedirector de la Academia Española, escribió en Saber leer un largo ensayo titulado Bellísimas columnas sobre las cien crónicas aparecidas en el libro de Alcántara Vuelta de hoja. Es, sin duda, el estudio más amplio dedicado hasta ahora a la cotidiana labor de escritor, en un tiempo que va, esta vez, de 1989 a 1997. Con su sabiduría lingüística y su gran autoridad literaria, Salvador desentraña pormenorizadamente los extraordinarios méritos que mantienen estos textos. La cita con que acaba el estudio es algo larga, pero publicado como está en una revista minoritaria, creo oportuno traerla aquí para su mayor conocimiento. Un volumen como el que estamos comentando- -dice Gregorio Salvador- -nos viene a recordar que entre tantos textos efímeros de nuestros diarios cotidianos hay columnas perdurables que se pueden lanzar airosas a las páginas de un libro y con- A jo, su profundidad y su sabiduría. Parte de la obra poética de Alcántara oscila entre un neopopularismo lleno de personalísima novedad y un verso clásico, sostenido por asonancias y consonancias, que da muchas veces la vuelta- -sin caer en una receta- -a las palabras corrientes y a los dichos consuetudinarios, proyectando sobre ellos una nueva, sugeridora y deslumbrante luz. Esta obra descansa sobre los dos pilares que, desde siempre, sostienen a la verdadera poesía: el amor y la muerte, con los diversos afluentes que originan estas aguas. Las grandes preocupaciones líricas de Alcántara son, como las de Rubén Darío en su genial poema, no saber adónde vamos ni de dónde venimos sus dudas y vacilaciones sobre esto que llamamos vivir, su desasosiego pensando en el último destino que nos espera, su permanente asombro ante el mar: El mar es un esfuerzo hereditario, una viña varada por el puerto, un arrepentimiento azul, diario, por tanto y tanto marinero muerto La poesía de Alcántara está llena de asombradas verdades, de fulgurantes sorpresas. Escojo, al azar, cuatro endecasílabos memorables: ¡Qué quieta se está España bajo el cielo! lleno como de un sosiego planetario, ¡Qué vocación de muerto en mi esqueleto! sobrecogedoramente real, Creer en Dios es nieve y se derrite... con su angustia metafísica, y Yo estudiaba segundo de jazmines donde se evoca nostálgi- SANTIAGO TENA POETA LO QUE TE HAGA FELIZ A cosa es que ya he escrito mucho, y que no estoy seguro de hasta qué punto lo que escribo te hace efecto. Sabes que te he escrito muchas cartas, y no consigo curarme del todo con lo que escribo. Está claro que no somos el uno para el otro, y sin embargo eres como un vicio del que no puedo deshacerme. Sabes que en los últimos días decidí un par de veces dejar de fumar, sin éxito. Y decidí al final conscientemente volver a fumar, porque aquello no era vida. Me fastidia que tanta gente esté de acuerdo en que L hay que dejar de fumar, y en esto tú eres de la religión de la salud, de los que piensan que hay que dejarlo a toda costa. Y qué pena me dan los que dicen: No me como pasteles porque tienen colesterol, no fumo porque es malo, hago deporte porque es bueno. ¿No os dais cuenta de que la vida trae sus propias reglas escritas sin que haya que detenerse a leerlas? Uno tiene que hacer lo que sabe que le sienta mejor, no lo que el médico le diga que tiene que hacer. Y me dirás que esta es una filosofía fácil y equivocada, pero quiero vivir bien y voy a vivir bien, y me da igual que me digas que me engaño a mí mismo. Toda religión me da asco, y la de la salud también es una religión, y no lo es sin embargo la de la vida, la que obedece ciegamente a lo que la vida le pide en cada momento. Ya lo escribí en Palabras bonitas Dios es vida, no religión, y si leo a todas horas el Evangelio y lo llevo encima y trato de que toque todo lo que amo es porque el Evangelio también es vida, y tampoco religión, y lo bueno que hay en él es lo que tiene de vida, no lo que tiene de prescripción ni de moral, sí lo que tiene de amor y de esperanza, que es muchísimo. Con solo leerlo te llenas de vida, aunque se haya malinterpretado diez mil veces. No dudes nunca: haz siempre lo que más feliz te haga, por muchas reglas que vulneres.