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ABC DOMINGO 30 10 2005 Espectáculos 75 CLÁSICA C. Sinfónica de Madrid Obras de L. de Pablo y S. Prokofiev. Intérpretes: Orquesta Sinfónica de Madrid. Dir. A. Posada. Solista: A. Polo. Lugar: Auditorio Nacional. Madrid. Fecha: 26- 10- 05 TEATRO: F. DE OTOÑO La estupidez Autor y director: R. Spregelburd. Escenografía: Ó. Carballo. Iluminación: M. Sendón. Vestuario: J. Álvarez. Música: N. Varchausky. Intérpretes: H. Díaz, A. Garrote, M. Raiola, R. Spregelburd y A. Suárez. Lugar: Sala Cuarta Pared. Madrid. DOS BILBAÍNOS ILUSTRES ANTONIO IGLESIAS NEUROSIS CRUZADAS JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN l siempre plausible encargo de obras a nuestros compositores no lo olvidó nuestra excelente Orquesta Sinfónica de Madrid en el programa de conmemoraciones del centenario de su existencia, dando como resultado obras como la que escuchamos el miércoles en el Auditorio Nacional: un Concerto para violonchelo y orquesta del ya muy prestigioso Luis de Pablo, que acaba de regresar de Italia, tras una serie de éxitos significativos. Una vez más, su paisano bilbaíno, el magnífico violonchelista Asier Polo fue solista en esta reposición de Frondoso misterio -éste es el título de la obra, tomado de las últimas palabras del poema sugeridor de Juan Gil- Albert- -aludiendo a la muerte. La nueva página de Luis de Pablo (estrenada hace poco más de dos años) con una duración que roza la media hora, viene a reafirmar la manera depabliana más humanizada, muy en particular por momentos tales como el sueño de su Elegía seguido del Ostinato en perfecto contraste. El violonchelo solista, aún cuando descanse en una de las siete partes que estructuran sabiamente la obra, tiene un cometido de incesante colaboración, mostrando la rica gama de recursos del instrumento, siendo lo unisonal sorpresiva y elocuente mirada hacia el perfume, diría que romántico, que tinta la composición. Su parte solista, tremendamente difícil, la resolvió con holgura técnica y bien decir nuestro admirado violonchelista, Asier Polo, que, con la excelente colaboración prestada por los admirables profesores de la Sinfónica de Madrid, conducida con excelente gobierno por el colombiano Alejandro Posada- -claridad resplandeciente a señalar- harían que el público vibrara reclamando la presencia de Luis de Pablo en el escenario. El programa lo completó una selección de la Op. 64 de Prokofiev, extraída de las dos suites de su famoso ballet Romeo y Julieta Música bien interpretada por la admirable formación madrileña centenaria, llevada con dominio y magnífica comprensión por la batuta de Posada, quizá algo excedida en la velocidad de sus momentos virtuosísticos. El aplauso premió su trabajo. E U Ana Tereza y Dino Kirilou, en plena actuación FERNANDO MARCOS DANZA CND Coreografías: Arcos de escarcha (Örjan Andersson) Prototype Hero (Jacopo Godani) Herrumbre (Nacho Duato) Intérpretes: Compañía Nacional de Danza. Director: Nacho Duato. Lugar: Teatro de la Zarzuela, Madrid. Fecha: 28- 10- 05 NO HAY LUGAR PARA LAS SORPRESAS JULIO BRAVO N acho Duato acaba de cumplir quince años al frente de la Compañía Nacional de Danza. Durante estos tres lustros han pasado muchas cosas. De la convulsión y polémicas de los primeros años se ha pasado en los últimos tiempos a una llamémosle rutina habitual en el trabajo del conjunto, que ha alcanzado una velocidad de crucero con la que desarrolla plácidamente su singladura por los teatros nacionales e internacionales, donde goza de general aprecio y aplauso. El público de Madrid, la sede de la Compañía, es desde hace quince años testigo y notario de su evolución, que ha podido seguir con detalle, ya que cada temporada acoge dos o tres actuaciones de las huestes de Nacho Duato en distintos escenarios de la capital. Para los que, por gusto o por obligación- -o por las dos cosas, como es mi caso- han visto todas y cada una de esas actuaciones (y aún alguna más) hay ya poco espacio para la sorpresa. Máxime si se presenta un programa como el que ahora ocupa el escenario de la Zarzuela, que no es ni de lejos el mejor que ha ofrecido la Compañía, y que difícilmente atraerá a un público diferente al habitual al teatro. Arcos de escarcha -del sueco Örjan Andersson- -es una pieza extraña, en la que el coreógrafo hace bailar con más tino a la escenografía y a las luces que a los propios bailarines. Duato aseguró antes del ensayo general que no había visto ni ésta ni el otro estreno absoluto de la noche- Prototype Hero en un signo de confianza hacia los dos coreógrafos, y quizás debería reconsiderar esa política, porque de vez en cuando se puede encontrar con sorpresas desagradables. No es el caso de la obra de Jacopo Godani, que comienza con vitalidad y ritmo, que explota la magnífica calidad de los bailarines de la Compañía Nacional de Danza (demostrada a lo largo de todo el programa) en una pieza abstracta que va sin embargo de más a menos. Herrumbre que ya pudo verse hace unos meses en el Real, es un alegato contra la tortura que Duato dibuja con pulso firme y con imágenes de intensidad y potencia, pero el mensaje se diluye en el excesivo ir y venir de la escenografía. n cuadro quimérico que se va borrando y que un coleccionista con visión financiera necesita vender, una fórmula matemática que resume el pasado, el presente y el futuro del mundo y contiene todas las claves del azar, un motel en las afueras de Las Vegas donde se mueven veintitantos personajes enloquecidos, una grabación de una cantante pop que la mafia siciliana quiere convertir en superventas, una enamorada pareja de patrulleros de carretera y un tercero propenso a las corruptelas, un cheque millonario a un pantalón pegado, conflictos paternofiliales y de pareja, un método para ganar poco a poco en la ruleta y, en fin, una colección de neurosis cruzadas con habilidad de prestidigitador por el dramaturgo, director y actor argentino Rafael Spregelburd en un vertiginoso cóctel que mezcla hechuras de thriller, vodevil, melodrama sociológico y comedia desatada. Como en un malabarista inmerso en el número de los platos chinos, Spregelburd hace que todas las historias que ha sacado de su chistera giren simultáneamente, se rocen, se crucen y avancen sin respiro en un maratón de cerca de cuatro horas, descanso incluido (una duración no apta para las posaderas de un espectador convencional de nuestros días, habituadas a periodos sedentes en torno a hora y media o dos horas) La habitación del motel donde coinciden los hilos que el autor tiende, las lonchas de vida que se nos sirven, evoca la atmósfera de algunas películas de Jim Jarmusch o el realismo trashumante y polvoriento cultivado por autores como Raymond Carver o Sam Shepard, ese aire de estampas de motel repetidas en series y películas estadounidenses que nos resultan familiares como terrario de personajes neuróticos, que tan lejanos nos parecen y tan próximos tenemos. Cinco estupendos actores, entre ellos el mismo Spregelburd, se multiplican hasta en cinco papeles cada uno en un abrumador ejercicio de interpretación de libro Guinness. Atónito, fascinado y, según pasa el tiempo, fatigado contempla el espectador el desarrollo de este montaje que transcurre a todo ritmo. Un excesivo, interesante, inteligente y divertido invento que certifica el talento escénico del autor argentino tanto como su dificultad para prescindir de algún elemento reiterado.