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74 Espectáculos DOMINGO 30 10 2005 ABC JAZZ XXIV F. San Juan Evangelista Concierto de Erik Truffaz Ladyland Quartet. Lugar: San Juan Evangelista. Madrid. Fecha: 28- 10- 05 APISONADORA TRUFFAZ LUIS MARTÍN ientras otros todavía andan enzarzados con las naderías de Paquito D Rivera, este festival autónomo encara con valentía el jazz de ahora mismo. Sobre la escena, el grupo del francés Erik Truffaz, un trompetista cuya producción, áspera y escasamente conciliadora, transcurre en un impreciso punto de intersección entre dos mundos sonoros complementarios: el jazz y el género amigo del rock. La alquimia creativa de Erik Truffaz no se basa en la acumulación de estos ingredientes, porque no hay una línea divisoria entre ellos. Todos fluyen naturales en la inspiración del músico. Truffaz es un jazzista de latido rockero, multicultural también, o, si se prefiere, un artista multicultural con técnica de jazzman educado en el rock. Hay buen entendimiento entre los componentes de este cuarteto, convertido en quinteto cuando se incorpora la voz del magrebí Munir Trudi. Una maquinaria fogosa en la que la batería y el bajo están dispuestos a demoler cualquier inercia accidental, y a la que se une una guitarra que, de vez en cuando, abandona la vigilancia rítmica para salir en primer plano. Buen clima sonoro, comprometido con lo que se edifica. Llegan los temas del reciente disco Saloua y la escena amenaza tormenta eléctrica. La apisonadora avanza. Se suceden las brutales capas de sonido, armadas con vértices impares, de King Crimson, de Glenn Branca. Y, finalmente, la tempestad amaina y aparece un espejismo de In a silent way de Miles Davis, vía Zawinul. El concierto aún reserva espacios para Munir Trudi, doblando prodigiosamente en voz y violín, como si de un Linn el Airoso se tratase. M Manolo García, durante su concierto en el Palacio de Deportes de Madrid REUTERS POP Manolo García Músicos: M. García (voz) Í. Goldaracena (bajo) C. Sardá (batería) J. C. García (percusión y voces) S. Cabezas (percusión) R. Martín (guitarras eléctricas y acústicas) E. de Wit (guitarra eléctrica y acústica) P. Javier González (guitarra española) N. Lesko (teclado y acordeón) y C. Burguera (violín) Lugar: Palacio de los Deportes de Madrid. Fecha: 28- 10- 05 SOBREDOSIS DE GARCÍA PABLO MARTÍNEZ PITA ra el fin de fiesta, y Manolo García quiso celebrarlo en Madrid. Sabe que aquí puede darse un baño de multitudes, y, literalmente, se lo dio, ya que en los últimos compases de la actuación no dudó en recorrer parte de la grada o lanzarse en plancha sobre las primeras filas. Son los excesos de cariño de un artis- E ta que no sólo consigue que su público se identifique totalmente con su aspecto de señor García de la calle, sino que él mismo se siente uno más, a pesar de su carácter algo excéntrico. Ponía punto y final de esta forma a una gira que ha constado de 106 conciertos destinados a la puesta en escena de su más reciente trabajo, Para que no se duerman mis sentidos Y, para la ocasión, programó una verdadera sobredosis: nada menos que veintiséis temas, uno detrás de otro, que los presentes coreaban sin excepciones, admirados y felices porque aquello no se acababa nunca. Además, el enorme escenario del Palacio de los Deportes estaba lleno de efectos luminotécnicos- -de buen gusto, todo hay que decirlo- -y el propio protagonista no paraba de bailar, de acercarse, de agradecer el entusiasmo recibido y de lanzar gritos de ánimo: ¡oeh! ¡oeh! Se echó de menos, quizás, más guiños hacia El Último de la Fila, algo que, observando la edad media de los presentes, es previsible que hubiera sido agradecido. Manolo García es hoy uno de los pocos artistas que puede garantizar a la discográfica que lo cobije unas ventas al- go más que sorprendentes. Y eso que la complejidad de sus melodías y de sus versos espantaría a cualquier programador de productos prefabricados. Sus melodías poseen acentos flamencos, toques étnicos (sobre todo, árabes) metáforas bucólicas, algún pequeño despliegue guitarrero... Todo ello con pocas variaciones a lo largo de sus muchos discos, y el caso es que todo ello consigue arrastrar a miles de personas, que compran sus álbumes y acuden sistemáticamente a sus conciertos. En esta despedida de gira empezó con el tema Suave siguió con Zapatero y continuó con canciones como A quien tanto he querido Ardió mi memoria Malva Nunca el tiempo es perdido Hombres azules y Niña Candela (esta última, una de las más celebradas gracias a su ritmo pegadizo) Después, en los bises, cayeron Libélulas Tarde de sol Rosa de Alejandría y hasta un total de ocho temas de regalo. Nada hace pensar que sus próximos trabajos no obtengan igual respuesta. El señor García, con vaqueros y camiseta, ya se ha instalado en el subconsciente de una generación. Y suma y sigue.