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70 DOMINGO 30 10 2005 ABC Cultura y espectáculos Temporalmente, el artista vasco ha trasladado su centro de operaciones a la localidad abulense de Muñogalindo. Allí pretende abrir sede la Fundación Agustín Ibarrola de aquí a un año o año y medio Está inmerso ya en la primera fase del proyecto Ibarrola vuela de Oma a Ávila TEXTO: ITSASO ÁLVAREZ FOTO: MAITE BARTOLOMÉ ÁVILA. Ajeno a la conversación que sostiene el grupo, Agustín Ibarrola, quien con ese jersey de lana y el pantalón de pana tostado parece mimetizarse con el paisaje otoñal de encinas, se ha apartado por un instante y se muestra más bien enfrascado en dialogar con sus piedras de granito. Y no es un desvarío. A su edad, mantiene una mente lúcida y rápida, una planta atlética, los ojillos inquietos. Es un niño revoltoso de 75 años que ofrece una sonrisa juguetona mientras da explicaciones. Adopta cada vez un aire pensativo, pero cuida de fijar la mirada en el interlocutor, para luego regalar su inteligencia. Ibarrola es un artista en su universo con un ambicioso proyecto entre manos, repletos sus dedos como están de pintura titanlús Ibarrola vuela de Oma a Ávila. Ha trasladado su centro de operaciones a la localidad abulense de Muñogalindo. Allí quiere abrir sede la Fundación Agustín Ibarrola de aquí a un año o año y medio El autor está inmerso ya en la primera fase del proyecto: una intervención paisajística, un Bosque de Oma a la castellana en la finca de 20 hectáreas que albergará su legado. Es todavía un plan en ciernes, plagado de ilusiones, conversaciones a medias con posibles patrocinadores e instituciones colaboradoras, ideas sin cerrar y muchas más aún por descubrir, una estimación presupuestaria en borrador... Alfredo Melgar, un buen amigo uno de esos tipos que se cruzan una vez y se quedan para siempre, ha donado los terrenos, fruto de una herencia familiar. Ibarrola está convencido de que el lugar donde, dice, acabará sus días tiene algo de premonitorio. Se llama Garoza de Bracamonte y fue, en los siglos XI y XII, repoblado por vascos. La peste había acabado con la mayor parte de los lugareños y había que cubrir las vacantes en las canteras de la zona. Consta en la documentación histórica que se conserva que las gentes recién llegadas bautizaron su nueva cuna garoa es helecho o rocío, en euskera) trabajaron las tierras y tuvieron descendencia. Mi abuela era vasca avala Alfredo Melgar, ex cirujano, editor y organizador de eventos culturales y exposiciones internacionales de arte. Melgar e Ibarrola se conocieron a prin- cipios de año por medio de los bilbaínos Guillermo Barredo y Mercedes Valbuena, amigos comunes de ambos. Yo sólo sabía de su txapela; solía colocarme detrás de él en las concentraciones de Basta ya evoca el mecenas. Junto a Melgar, Barredo y Valbuena, integran el Patronato de la Fundación el hijo mayor del artista, José Ibarrola; el diputado popular Fernando Maura y el escritor Basilio Baltasar. Se discute quién de ellos se ha atrevido a acuñar la expresión parque temático de la cultura, más que un museo estático para referirse al proyecto que albergará la pequeña localidad abulense de 435 habitantes, en el valle de Amblés. Cuando han vuelto a visitar la finca han encontrado novedades desde la última vez. Ibarrola trabaja a un ritmo impresionante coinciden. Esto le ha hecho muy fuerte. Está lleno de vitalidad les explica Mari Luz Bellido, la inseparable mujer del artista, encargada de velar por su sosiego. Ella le trae y le lleva en coche, atiende las múltiples llamadas de teléfono, se ocupa de los quehaceres del hogar... Todo para no truncar la inspiración del creador. El matrimonio, que cumple años el mismo día de agosto, celebró en diciembre de 2004 sus bodas de oro. Ella, natural de Begoña; él, nacido en el también bilbaíno Zabalbide. ¿Y sabes cómo la conquisté? suelta Agustín Ibarrola en un arrebato. La invité a comer morcilla un Viernes Santo, para que se fijara en mí. Fui un auténtico estratega Unas vacas muy guapas Cada mañana se abriga, cubre su cabeza con la txapela, llena su mochila de botes de pintura y brochas y emprende, hasta hace poco a pie, pues una máquina apisonadora ha abierto ya una pista accesible para vehículos, el camino hasta la parte más elevada de la finca y comienza a pintar sus piedras. El trabajo previo lo realiza en su caserío de Oma, en el municipio vizcaíno de Kortezubi. Hay muchos bocetos, en mente unos y