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58 Los domingos DOMINGO 30 10 2005 ABC LA REBELIÓN DE LA GRANJA (Viene de la página anterior) De momento hay pocos estudios epidemiológicos sobre el anisakis, que produce gastroenteritis agudas y, en muchos casos, desencadena en quien lo sufre una alergia crónica al pescado. La Agencia de Seguridad Alimentaria ha llegado a calcular que el 36 por ciento del pescado que entra en nuestras lonjas está infectado. Pero ¿qué ha pasado con las enfermedades de origen animal de siempre Mientras que algunas de las más graves han quedado controladas gracias a la vacunación, como la rabia, otras de origen parasitario se han podido atajar con éxito hasta el punto de que su incidencia hoy es mínima. Cuando empecé a trabajar como veterinario en los setenta- -evoca Badiola- -existían rebaños en los que el 80 por ciento de las ovejas padecían hidatidosis, y, en consecuencia, había muchas personas en los hospitales afectadas por quistes hidatídicos Brucelosis y autonomías Una tradicional dolencia de origen animal que hoy genera renovada preocupación es la brucelosis, causante de las fiebres de malta. Normalmente, se contraen por la ingesta de leche o quesos contaminados, aunque esta vía de contagio está ahora muy limitada por los estrictos controles sanitarios. El diagnóstico de Badiola es preocupante: Los brotes de la enfermedad se están registrando con mucha frecuencia en franjas limítrofes entre autonomías. Esto puede indicar que una política sanitaria tan fragmentada genera una cierta ineficacia en el control La brucelosis es una enfermedad de declaración obligatoria y su incidencia está registrada en el boletín epidemiológico nacional. En ese documento se comprueba que antes del verano ya se habían registrado 111 casos en humanos, y que en 2004 se dieron 295. De momento, la actividad sigue sin incidencias en las granjas avícolas españolas, como ésta de Vitoria Atentos al virus del oeste del Nilo Los científicos no sólo tienen puesto el microscopio sobre la influenza de las aves; también están atentos a otras dolencias animales contagiables a las personas. Una de ellas deriva del lamado virus del oeste del valle del Nilo procedente de Sudán. Este agente infeccioso podría protagonizar la próxima gran alarma sanitaria en Europa, después (o a la vez) que la gripe de los pollos, tras algunos sobresaltos en el verano de 2004. Juan José Badiola explica que se trata de un virus peculiar, porque afecta a équidos, a aves y a personas, pero no a otros animales. Puede llegar a producir encefalitis muy graves El peligro no es meramente un futurible, sino una realidad: A Estados Unidos llegó hace cuatro o cinco años por la costa Este, por Nueva Inglaterra, y actualmente la enfermedad tiene una prevalencia significativa en estados como Colorado o Florida En los últimos años, de hecho, ha provocado en aquel país más de trescientas muertes. José Juan Chans, técnico de Doñana, recuerda que ya hay un dispositivo de vigilancia de este riesgo, con especial seguimiento en los humedales, ya que la enfermedad la transmiten los mosquitos tigre En Cataluña- -comenta- -sí se han detectado algunos de estos mosquitos portadores del virus Se han comprobado ya casos de afección en humanos en el Algarve portugués (donde en 2004 se contagiaron dos turistas irlandeses) y en Francia, por lo que el cerco se estrecha. Chans explica que actualmente en la red de vigilancia española se están tomando constantemente datos y muestras por lo que, a falta de fronteras físicas que nos protejan, sí estaremos preparados para abordar el problema Sólo en uno de cada 150 casos la picadura acarrea secuelas graves en humanos. Pero es más que suficiente para estar alerta. cuando, por cualquier razón como dejadez o furtivismo se elude esa obligación Gortázar no espera que la psicosis aviar haga estragos en la temporada de caza: No debería afectar en absoluto. Las principales aves cazables en España son la perdiz roja, la codorniz, la paloma torcaz y la becada, y ninguna de ellas parece relevante en cuanto a la influenza Loros y psitacosis Las enfermedades importadas del trópico y de las zonas ecuatoriales suponen otro capítulo de inquietud. En 2004 se registraron en España 102 casos de paludismo, mal transmitido por el mosquito anopheles. Siempre se trata de contagio importado o sea, adquirido en las zonas de riesgo. No se puede decir lo mismo de algunos casos de la llamada psitacosis, enfermedad bacteriana transmitida por picotazos de aves exóticas. En Madrid se registró el fallecimiento de un anciano por esta causa. Hay otras amenazas en marcha: los veterinarios alertan sobre la creciente importación de perros del este de Europa, por la presión de la gran demanda de mascotas en España. Los cachorros llegan en precarias condiciones y traen a estas latitudes parvovirosis y moquillo, caninas dolencias muy controladas que ahora se pueden desbocar. Eso sí, no afectarían a las personas. La sombra de la desconfianza crece más bien a la hora de sentarse a comer. Ya dejó escrito Cervantes que tuvo Dulcinea la mejor mano para salar puercos habilidad de la dama de Don Quijote muy útil para atajar la triquinosis. Mesa, mantel y recelos que siguen vivos cuatro siglos después. El riesgo de los jabalíes Entretanto, la triquinosis, enfermedad parasitaria de los cerdos que produce a las personas cuadros febriles y de fuertes dolores musculares, va a menos, aunque sigue dando algún que otro sobresalto. En 2005 se han registrado tres casos, hasta mayo, y hubo otros 24 en 2004. Dado el estricto control veterinario en las granjas, la fauna silvestre se ha convertido en el reservorio de esta enfermedad. En concreto, los jabalíes. Eso obliga a tener que desechar en ocasiones la carne de monterías y deja una puerta abierta de riesgo sanitario en el furtivismo. Otro problema colateral por ejemplo, el del cerdo ibérico que se cría en las dehesas y que, por ello, convive con el jabalí. Christian Gortázar, del Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC) explica que en casos como éste cuando algu- nas enfermedades son compartidas entre especies silvestres y domésticas, la existencia de un ciclo silvestre de enfermedad puede dificultar su control en el ganado Argumenta también que la actividad cinegética puede tener efectos positivos para atajar las enfermedades que los animales transmiten al hombre: Muchas dolencias de las especies cazables son densodependientes lo que quiere decir que su incidencia aumenta con la densidad de la población animal que la sufre. Por tanto, si la caza logra mantener densida- des animales que estén en equilibrio con la capacidad de acogida del coto, estará contribuyendo a evitar problemas sanitarios. Esto ocurre sobre todo en aquellos terrenos cinegéticos donde se buscan unos lances de calidad y unos trofeos excelentes, que normalmente sólo son posibles a densidades moderadas Además, aduce que son muy reducidos los riesgos sanitarios de la carne de caza: Cuando va a ser destinada a la comercialización, debe pasar un doble control veterinario. Los problemas surgen