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ABC DOMINGO 30 10 2005 31 El canciller Schröder sopesa la posibilidad de abandonar la política activa tras su derrota ante Merkel Mauricio Macri, estrella ascendente en la política argentina, quiere disputar la presidencia a Kirchner en 2007 LEWIS SCOOTER LIBBY Ex jefe de gabinete del vicepresidente de EE. UU. Dimitido por el espíagate formaba parte del frente neoconservador en la Administración Bush, con una influencia y unas responsabilidades muy considerables El Dick Cheney de Dick Cheney PEDRO RODRÍGUEZ Dick Cheney se dirigía ayer a la tropa en la base aérea de Robins, en Georgia AFP Hallan restos de víctimas del 11- S en una azotea cercana a las Torres Gemelas J. L. H. NUEVA YORK. Diez fragmentos óseos han sido encontrados cuatro años después de los atentados contra el World Trade Center en la azotea de un rascacielos cercano. Las piezas de hueso, que miden entre uno y cinco centímetros, fueron halladas por trabajadores de la construcción en la azotea del edificio del Deutsche Bank. Los forenses esperan identificar el ADN de los restos y contrastarlo con la base de datos de las víctimas del 11- S. Se han recuperado hasta ahora 19.964 fragmentos de hueso, de los que sólo 9.100 han sido identificados. Fueron 2.749 los muertos en los atentados, pero no se ha hallado resto alguno de 1.152 víctimas. WASHINGTON. Su maestro ha sido Paul Wolfowitz, literalmente. Lewis Libby- -apodado desde niño Scooter como un famoso jugador de los Yankees de Nueva York- -fue un alumno aventajado en la Universidad de Yale de Paul Wolfowitz, el actual presidente del Banco Mundial, considerado como el autor intelectual de la invasión de Irak desde su puesto de número dos del Pentágono. Con este eminente patronazgo, Libby ha venido escalando posiciones en el campo neoconservador con diversos gobiernos republicanos hasta desembarcar hace cinco años en la Administración Bush, acumulando tres puestos simultáneos: jefe de gabinete del vicepresidente, asesor de seguridad nacional de Cheney y asistente del presidente Bush. Su influencia y responsabilidades dentro de la Casa Blanca, descritas como similares o incluso superiores a las de algunos miembros del Gabinete, son proporcionales al poder sin precedente en la historia de Estados Unidos acumulado por el vicepresidente Richard Cheney. Una relación en la que Libby ha actuado como protector, modulador, facilitador, organizador y destacada figura en el marketing de la guerra de Irak. Siguiendo la inclinación de su jefe por el secretismo y el desdén a la Prensa, Libby tenía fama en Washington de responder educadamente a las llamadas telefónicas de algunos periodistas pero sin ofrecer respuestas sustanciosas. Una discreción conocida que contrasta con las acusaciones formuladas el pasado viernes por el fiscal especial Patrick Fitzgerald y que en el peor de los casos le podrían costar hasta 30 años de cárcel. Lewis Libby era también conocido dentro de la Casa Blanca como una figura de máxima discreción y acceso. Asistiendo a un maratón casi diario de reuniones al máximo nivel pero casi siempre en calidad de oyente conforme a una de las máximas favoritas del vicepresidente Cheney: Nadie se mete en problemas por algo que no dice La explicación más plausible para las indiscreciones supuestamente realizadas por Libby es que el jefe de gabinete del vicepresidente cruzó la línea de la legalidad en su empeño por desmentir que la Casa Blanca manipuló y exageró las evidencias sobre armas de destrucción masiva en manos del régimen de Sadam Husein para justificar el uso de la fuerza en Irak. Hijo de un banquero, Libby nació hace 55 años en Connecticut. Casado con una asesora legal del Partido Demócrata y padre de dos hijos, Libby es miembro fundador del Proyecto para el Nuevo Siglo Americano organización empeñada en promocionar el liderazgo de Estados Unidos en el mundo a través de publicaciones, congresos y demás actividades. Por cierto, que este grupo aspira a expandir sus actividades en Europa con la cooperación de figuras como José María Aznar. Durante la era Clinton, Lewis Libby ejerció la abogacía defendiendo a clientes como el fugitivo multimillonario Mark Rich, que terminó por conseguir un polémico perdón presidencial gracias a la intercesión, entre otros, de destacadas personalidades de la vida pública española. Hasta tocó el palo de la literatura y en 1996 publicó una elogiada novela, El aprendiz ambientada en el Japón decimonónico. De humor especialmente sarcástico, el Washington Post le atribuyó a Libby el pasado domingo el siguiente comentario: Voy a seguir con Cheney hasta que me procesen o algo así