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10 La Entrevista DOMINGO 30 10 2005 ABC GABRIEL CISNEROS Vicepresidente del Congreso y ponente de la Constitución Hay que enmendar todos y cada uno de los artículos del Estatuto El único padre de la Constitución que sigue en la brecha de la política activa avisa de que estamos ante una mutación profunda del gran acuerdo de reconciliación de 1977 ÁNGEL COLLADO MADRID. Gabriel Cisneros (Tarazona, 1940) suma siete de las ocho legislaturas de la democracia en el Congreso- -sólo le gana Alfonso Guerra- -y es el único de los siete ponentes de la Constitución de 1978 que sigue en la política activa. Participó en la fundación de UCD y en la del régimen democrático más largo y quizá único que ha tenido España. Sufrió un atentado de ETA y estuvo en la refundación del Partido Popular. Ahora se acaba de enfrentar al desafío del nuevo Estatuto catalán en la Mesa del Congreso, convencido de que el proyecto es un severo ataque a la Constitución, y sostiene que su partido, llegado el caso, tendrá que defender en comisión todas y cada una de las enmiendas que planteó en Cataluña, pero eso sin mancharse las manos con cualquier transacción. ¿Estamos ante un cambio de régimen? -Recurriendo a tecnicismos diríamos que estamos ante una mutación constitucional o un falseamiento de la Constitución, pero en términos políticos sí que cabe concluir que se trata de una mutación profunda de los supuestos del gran acuerdo nacional de reconciliación que se produjo en 1977. ¿Da por muerto el llamado espíritu de consenso de la Transición? -No. Lo que pasa es que Zapatero, que es uno de los personajes más sectarios que ha circulado por la vida política española, ensaya construir un nuevo consenso que desplace al de 1977. Y sería el acuerdo entre una izquierda de ámbito nacional y los nacionalismos periféricos de todo signo, dejando fuera, con un papel testimonial o legitimador, a la derecha de ámbito nacional. A mí me parece una empresa imposible. En todo caso, sería un ejercicio de aquello que Ortega llamaba la hemiplejia moral. Es decir, condenar o excluir a un hemisferio de la vida española. -Como observador privilegiado de la etapa constitucional y todo lo que ha venido después, ¿cómo se explica el momento actual? -Todo este proceso parte de un gigan- tesco equívoco. En las elecciones catalanas, salvo el PP, todos los partidos que concurrieron a las urnas entraron en una competencia desaforada por ver quién exalta más la voluntad de autogobierno. Pero todo ese debate partía del supuesto de que en 2004 el PP iba a repetir la victoria, y eso les venía muy bien para alimentar el permanente e insaciable discurso reivindicativo de los nacionalismos y de los sectores nacionalistas del PSC, que lo hegemonizan pese a que la realidad social de sus bases no es esa. Después ocurrió lo que ocurrió en las elecciones generales y se encontraron de frente con el ejercicio de una responsabilidad con la que no habían contado. Incluso después demoraron el trámite; parecían esperar que desde el poder central se marcara una línea roja, lo que no se produjo. ¿Qué ha pasado en algunos protagonistas del pacto constitucional, como el PSOE? -Al PSOE, francamente, no lo conozco. Un partido de izquierda que renuncia a la igualdad como idea fuerza, como valor predominante, y asume como suyo el discurso nacionalista sólo lo puedo entender como signo de confusión de la izquierda española, que se generaliza a toda la europea en cuestión de programas, con la excepción de Blair. -Usted que mantiene buenas relaciones con dirigentes socialistas de la época de la Transición, como Guerra, ¿cree que las presiones internas en el PSOE pueden hacer cambiar de planes a Zapatero? -He de decir que mis conversaciones con Alfonso Guerra, con quien tengo una excelente amistad, no dejan de ser desahogos de outsiders ¿Por parte de ambos? -Pues sí. Pero no me importa revelarle que Guerra estaba bastante esperanzado a partir del informe de los expertos del PSOE. Considera que contiene, si se quieren explotar, grandes potencialidades reformadoras del Estatuto. ¿Está Zapatero revisando el papel Gabriel Cisneros, en el hemiciclo del Congreso de los Diputados EL PRESIDENTE DEL GOBIERNO Zapatero es uno de los personajes más sectarios que ha circulado por la vida política española Nos cree (al PP) aritmética, política e históricamente prescindibles ALFONSO GUERRA Mis conversaciones con Guerra no dejan de ser desahogos de outsiders PARTIDO SOCIALISTA En la vieja guardia está asentado el consenso constitucional, pero el elemento posmoderno domina en el Grupo Parlamentario, que no es partidario del entendimiento del PSOE en la Transición? -Sí, porque el funcionamiento de nuestro sistema político necesita imperiosamente el acuerdo entre los dos grandes partidos nacionales en un elenco mínimo de cuestiones, y ese acuerdo, desde 1978, funcionó. Esos asuntos son la ley electoral, las reglas del juego, cuyas reformas se han hecho siempre por unanimidad o por pacto entre los dos grandes partidos, y el reglamento del Congreso. Y la otra gran cuestión es la ordenación territorial del poder, porque sólo en virtud de ese entendimiento se pueden compensar los riesgos implícitos en el Título octavo. Queda la política exterior, que funcionó bajo esos parámetros hasta Irak. -Dicen los nacionalistas que lo del Estado plurinacional no pudo ser en la Transición por presiones de poderes fácticos -El conocimiento del debate constituyente desmiente esa teoría. Se discutió abiertamente, por ejemplo, del derecho de autodeterminación. Lo defendieron Letamendía, Bandrés y Barrera y no lo secundaron los nacionalismos democráticos vasco y catalán. En