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60 Cultura SÁBADO 29 10 2005 ABC Enya viaja desde el rock al haiku en su nuevo disco, Amarantine El título del álbum, con una canción en japonés, se refiere a una flor que nunca pierde su color b Cinco años después de A Day Without Rain la irlandesa volvió a encerrarse en un estudio para grabar su octavo trabajo, que saldrá a la venta el 21 de noviembre ABC PARÍS. El primer sencillo, que tiene el mismo nombre que el disco- Amarantine -ya suena en todo el mundo y la cantante reconoció que es una de las canciones preferidas de su nuevo álbum, junto a If I Could Be Where You Are Enya explicó que los cinco años que han pasado desde su último trabajo se deben, sobre todo, a la dedicación que prestó a las dos canciones que sirvieron de banda sonora para la trilogía cinematográfica El señor de los anillos y que le valieron una nominación para los Oscar, informa Efe. Preocupada siempre por buscar nuevos lenguajes musicales y artísticos, Enya ha grabado en su nuevo trabajo una canción en japonés y tres en un idioma inventado por su letrista, Roma Ryan, mientras que el resto están en inglés. Cada canción ha sido interpretada en el idioma que mejor se adaptaba a la melodía, según los criterios de la cantante, la letrista y el productor y arreglista Nicky Ryan. No aparece el gaélico, típico de sus trabajos anteriores, porque, según la cantante, no se adaptaba a las canciones del disco. Ryan relató que Amarantine contiene un tema instrumental y que, pese a que la discográfica les pidió que le pusieran letra, no encontraron ninguna que se adaptara, por lo que se mantuvo sólo con música. Inclasificable, según la propia Enya, la música de Amarantine contiene sonidos que van desde el rock a los suaves tonos del haiku (composición poética breve característica de la literatura nipona) del poeta japonés Matsuo Basho, pasando por tonos de música clásica. El título hace referencia a una flor mítica que nunca pierde su color. Rosana, en plena actuación DANIEL G. LÓPEZ CANCIÓN Rosana Lugar: Palacio de Congresos de Madrid. Fecha: jueves, 27 de octubre. ÁNGEL Y DIABLILLO MANUEL DE LA FUENTE iempre tiene a mano un talismán, el amparo de la luna (nueva o rota, pero luminosa) y si es necesario echa mano de la magia, Magia potagia como la de su último disco, que lleva ese título sacado de la chistera una vez más por Rosana, una canaria dulce, suave, divertida y sonriente, siempre sonriente, y hasta por momentos dicharachera, como el pasado jueves en el repleto Palacio de Congresos madrileño, en un recital en el que, además de cantar, emocionar y divertir, se mostró como digna aspirante a estrella de los monólogos del Club de la Comedia. Rosana pertenece a un tipo de cantante y compositora habitual en otras latitudes, pero no tanto en España. Porque pertenece a ese género de cantautores honrados, fieles a sí mismos, a su público y a sus gustos, artistas tocados por la varita del éxito, la varita que consigue que, sin sobresaltos y sin aspavientos, sus piezas pueblen las estanterías, las emisoras y los escenarios con unos estribillos S siempre agradables, fáciles y espumosos, unas canciones asequibles que siempre apetece escuchar y que servidas en directo aún ganan en naturalidad y calidez, y exigen (por las buenas) la complicidad (a raudales) de los espectadores. Acompañada por una formación rockera ortodoxa (bajo, batería, guitarra y un corista) Rosana apareció sobre el escenario a solas y con una guitarra eléctrica entre las manos, una declaración de principios, el anuncio de que sobre las tablas no se iban a escatimar los watios ni la energía, ni, por supuesto, un repertorio a la medida de los espectadores. Por eso no faltó ninguno de sus clásicos: El talismán A fuego lento Si tú no estás Bebes de mí Sin miedo Contigo Pa ti no estoy Ni tampoco los nuevos éxitos: Magia Carta urgente Agua bendita la setentera Si tú lo adivinas la nuevaolera Soñaré (parecía que iban a salir Los Nikis, bueno, o los Hombres G) y esa preciosa ranchera que es Aquel corazón que muy bien podría haber firmado el siempre recordado Enrique Urquijo. El resto lo ponen sus chistes, sus bromas, las sorpresas (una espontánea subió al escenario tras pedírselo desde el patio de butacas y se cantó a capella- -y no mal, por cierto- El talismán o subirse al entresuelo y mezclarse con el público. Tras cerca de dos horas de concierto, parecía como si un ángel hubiera pasado por el 99 de la Castellana. Un ángel, sí, pero que cada vez se parece más al diablo de su paisano César Manrique, al diablilo de Timanfaya.