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6 Opinión SÁBADO 29 10 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JORGE TRIAS ABOGADO CAUSA CATALANA, EFECTO ESPAÑOL M ARIONA Rebull, la gran novela de Ignacio Agustí, describe una trama amorosa apasionante para, utilizándola como bastidor, tejer sobre ella la emoción, no siempre fácil, de lo que fue el desarrollo de Barcelona desde los años de la I Exposición Universal. Creo ser fiel al autor si recuerdo que en la presentación del protagonista, Joaquín Rius, el enamorado de Mariona, le define como un fabricante de tejidos que podría seguir siendo rico sino desbordara sus hábitos y siguiera la moderada vida de su costumbre. Algo científico. Josep Plá, en lo que afecta a su alma, y Agustí, en todo cuanto atañe a sus pasiones, son los escritores que más me han M. MARTÍN ayudado a entender y FERRAND querer a Cataluña. Siguen siéndome útiles porque a la Barcelona de hoy le ocurre lo mismo que a Joaquín Rius en la novela que es el retrato moral y evolutivo de la burguesía catalana: tiene que moderarse y contenerse si quiere seguir siendo rica y, de hecho, la capital económica de España. En ese sentido Mariano Rajoy estuvo bien en llegarse al Alto Penedés y, con una copa de cava en la mano, recordar que los productos catalanes son productos españoles una obviedad que, con frecuencia, olvidan los catalanes y buena parte del resto de los españoles. Vincular, como torpemente pretenden algunos, el nou Estatut al consumo del cava, el uso de servicios financieros, la utilización de éste o aquél sopicaldo o de una determinada marca de yogur- -como ya expliqué aquí mismo el último martes- -es una reacción desmedida y muy poco inteligente. Algo tan separatista como una proclama de ERC. Lo que quizás le faltó a Rajoy en su última presencia catalana es una matizada distinción entre causas y efectos: recordarle al empresariado catalán, a los Rius del tiempo presente, que el Estatut que tanto nos perturba no es un fruto espontáneo, como las setas del bosque. Nace en el Parlament con el apoyo unánime, excepción hecha del disminuido PP catalán, de todos los partidos en él instalados: cerca del noventa por ciento de la representación política catalana. Esa es la causa catalana del problema y el efecto, desmedido y perverso, la injusta pretensión de un boicot español a los productos provenientes de una de las porciones integrantes de la Nación. ¿Están mal representados los empresarios catalanes en su Parlament? Podría ser que, como en la novela, Mariona, aburrida, pretenda darle el salto a Rius y se dedique al coqueteo con Ernesto Villar. Por eso es necesario dejar claras las circunstancias y sus consecuencias. Nada de boicot a los productos catalanes, el indeseable efecto a una iniciativa del tripartito; pero a Mariona, quizás, le hubiera salvado la vida el cuidado de las formas y el atendimiento a su causa principal. Supongo que Rajoy está a la espera de algún gesto de parte del empresariado al que con tanta razón defiende. EL ESTATUTO Y LOS CATÓLICOS Ante las críticas que ha despertado un escrito suyo sobre las repercusiones del nuevo Estatuto catalán en la sociedad, el autor apuntala aquí su tesis sobre los riesgos que encierra el proyecto al tratar asuntos trascendentales como el matrimonio, el aborto y la eutanasia C UANDO la fundación FAES me propuso hacer un análisis sobre las consecuencias que se derivarían para Cataluña y para el resto de España si se aplicase tal y como fue aprobado por el Parlamento catalán el proyecto de Estatuto, me planteé un doble objetivo. Por un lado, mostrar desde la mesura y la literalidad del propio texto el disparate constitucional que supondría su aprobación ya que su aplicación sería prácticamente imposible, a no ser que se estuviese dispuesto a arruinar a todo el Estado, incluido el catalán, que emergería tras su promulgación. Y, por otro lado, pretendí excitar las conciencias de los católicos, especialmente de los católicos catalanes, por las insólitas afirmaciones que se formulan en ese original documento, votado positivamente por muchos católicos que se sientan en los escaños del Parlamento catalán. Pues bien, el informe, que lleva mi firma y del que me responsabilizo en su integridad, ha conseguido, al menos, el segundo objetivo. Hasta el presidente del Gobierno ha salido al paso dando su opinión sobre el documento; y la consejera de Salud de la Generalitat ha dicho que yo mentía y tergiversaba el texto por afirmar que se abría la puerta al aborto libre, al asesinato piadoso y a uniones o matrimonios extravagantes. Incluso un profesor y diputado socialista ha sostenido que mi informe imputaba delitos a partidos catalanes, lo cual supone una tontería de grueso calibre, que no merece ni comentario. La estrategia que han seguido los redactores del Estatuto, que luego aprobó, afortunadamente con los votos en contra del PP catalán, el Parlamento de Cataluña, es la de afirmar que se respetan las competencias exclusivas del Estado del artículo 149.1 de la Constitución para luego invadirlas, subrepticiamente y de forma sistemática, una a una y todas en conjunto. Ocurre exactamente lo mismo en aquellas cuestiones que afectan al matrimonio, a la interrupción del embarazo o a la eutanasia. Por ejemplo, no es cierto, como afirma la consejera de Salud, que cuando se habla de otras formas de convivencia se esté refiriendo a promover la igualdad de las diferentes uniones estables de pareja con independencia de la orientación sexual de sus miembros El proyecto de Estatuto dice lo que dice y no lo que la señora consejera interpreta que dice. Y el estatuto dice que la ley debe regular dichas uniones refiriéndose en el párrafo anterior a que los poderes públicos de Catalunya deben promover la igualdad, etcétera Y a continuación- -ese es el pequeño detalle que se le escapa a la consejera- -se afirma que deben regularse esas uniones, así como otras formas de convivencia y sus efectos Es decir, que por un lado están las uniones estables de pareja y, por otro, están las otras formas de convivencia ¿A qué otras formas de convivencia se están refiriendo en el Estatuto? En mi escrito decía, y lo sigo afirmando, que se abría la puerta para legalizar uniones extravagantes en nuestra cultura, como el matrimonio de un hombre con dos o tres mujeres, autorizado por la religión islámica. Nunca he dicho que el -Tengo conflictos con los agricultores y con los pescadores, porque soy solamente ministra de Pesca y Agricultura.