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ABC SÁBADO 29 10 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC LA RETROHISTORIA POR FERNANDO FERNÁN- GÓMEZ DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA Al partir de la investigación retrohistórica del presente español hallan que tiene su causa en nuestra guerra civil, y que ésta no se inició en la fecha que hasta ahora todos los historiadores daban por válida, julio de 1936, sino que tuvo su causa y no solamente su causa sino también su inicio, en la revolución obrera de Asturias de 1934... S EGÚN una definición no menos acertada que otras, la historia es el conjunto de todos los hechos ocurridos en tiempos pasados. Según otra más prolija, puede considerarse la historia, y es también definición que muchos historiadores consideran válida, como la narración y el estudio de los hechos del pasado, públicos y privados, pero trascendentes, merecedores de recuerdo, y su relación con el hombre civilizado y las sociedades humanas. Pero algunos historiadores prefieren el término investigación a narración. Recogen la opinión de Volney: La palabra historia parece haber sido empleada por los antiguos en una acepción muy diferente de la de los modernos; los griegos, sus autores, entendían por ella una persquisición, una investigación hecha con cuidado. Y en ese sentido la emplea Herodoto Hay otras definiciones del término historia, supongo que muchas, mas para entendernos en la divagación con que hoy pienso perder el tiempo, creo que con estas dos tenemos bastante. guien se dispone a trabajar sobre ellos. No se diferencian en la calidad de dichos materiales sino en el orden en que se narra su aparición y su fugaz existencia. Puede aceptarse la idea, sostenida por algunos comentaristas actuales, de que el concepto de retrohistoria ha surgido de la necesidad de estudiar no sólo los acontecimientos históricos sino, casi podría afirmarse que muy primordialmente, las respectivas causas de esos acontecimientos. Poco importa al hombre conocer lo que ha sucedido o lo que está sucediendo, para bien o para mal, si desconoce el porqué del suceso, su causa. Al no conocerse las causas de los acontecimientos la historia pierde lo que puede tener para el ser humano de enseñanza provechosa y quedarse en mero entretenimiento. Esta causa siempre necesariamente fue anterior al acontecimiento. El investigador histórico debe, por consiguiente, retroceder en el tiempo en vez de avanzar o de quedarse quieto o de saltarse varios siglos de un golpe o de embarcarse con Herbert George Wells en viajes al futuro. Pero he aquí que la causa suele ser al mismo tiempo un acontecimiento y, por lo tanto, el investigador histórico, si es consciente y riguroso, deberá investigar también la causa de este acontecimiento, retrocediendo, por lo Recientemente ha surgido de manera todavía imprecisa este otro término: retrohistoria, que algunos utilizan humorísticamente y otros, que lo toman más en serio, lo entienden como opuesto a la historia, pero en realidad no es así, sino que significa un modo diferente de describir o investigar- -o quizás simplemente de ordenar para su estudio- -los acontecimientos históricos. La retrohistoria es opuesta a la historia, tal como a la historia se la ha entendido hasta ahora, pero no la niega ni la rechaza sino que la complementa. Y pretende dotarla de mayor eficacia. Esta es su intención y lo que impulsa a los historiadores partidarios de esta tendencia. En la historia destaca, y esta es la voluntad del historiador, la narración (o investigación) de la sucesión de los hechos, de su encadenamiento desde el remoto ayer hasta el presente, sin adentrarse vanamente en las incógnitas del insondable futuro. Aun siendo opuestas, en algo se asemejan la historia y la retrohistoria: en ambas se trabaja con materiales inexistentes. Inexistentes en el momento en que al- tanto, en el tiempo histórico; y al proceder así sucesivamente se hallará inmerso en plena retrohistoria. Y para ello habrá utilizado un cambio radical de perspectiva. Aquí, en España, entre un grupo de exigentes, escrupulosos, historiadores ya ha prendido esta tendencia retrohistoricista. Al partir de la investigación retrohistórica del presente español hallan que tiene su causa en nuestra guerra civil, y que ésta no se inició en la fecha que hasta ahora todos los historiadores daban por válida, julio de 1936, sino que tuvo su causa, y no solamente su causa sino también su inicio, en la revolución obrera de Asturias de 1934. Como es sabido, para sofocar el brote revolucionario se trajeron apresuradamente de Marruecos fuerzas de la Legión que operaron según las directrices marcadas por el general Franco. Para los historiadores adictos a la retrohistoria había estallado la guerra civil sin esperar al 18 de julio de 1936. Aquel fue el acontecimiento. ¿Cuál fue la causa del acontecimiento? Ahora, sumergidos ya en plena retrohistoria, los retrohistoriadores de esta tendencia retrohistoricista deben cuanto antes poner manos a la obra de investigar cuál fue la causa- -o cuáles fueron las causas- -de aquella revolución obrera de 1934, pues si investigan con la aplicación y la honradez obligadas en su magisterio, hallarán en esa causa o causas el origen no sólo de la guerra civil sino de todos los hechos históricos que, para bien o para mal, han acontecido después. Siempre que mis divagaciones son de esta índole me viene el recuerdo de una tarde en el Café Gijón, hace muchos años, en aquella tertulia de la Juventud Creadora que presidía el poeta José García Nieto. Fue una de las pocas tardes en que asistió un sacerdote, cuyo nombre no hace al caso, muy relacionado con la gente de letras. En respuesta a una pregunta, un tanto impertinente, que le hizo uno de los tertulios, respondió: -Sí, es verdad que la Iglesia se pone siempre del lado de los ricos; pero lo hace para procurar su salvación. ¿Y los pobres? -insistió el otro. -Los pobres se salvan solos.