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66 Espectáculos VIERNES 28 10 2005 ABC BANDA SONORA Eros Erotismo de autor EE. UU. 104 m. Director: Michelangelo Antonioni, Steven Soderbergh, Kar Wai Wong Intérpretes: Gong Li, Robert Downey jr. Christopher Bucholz, Regin Nemni ANTONIO WEINRICHTER Goal Varios autores JESÚS LILLO ese al tiempo transcurrido, aún resulta difícil componer alrededor del fútbol- -británico, como el buen pop- -un álbum de canciones tan redondo como aquel The Beautiful Game editado en 1996 como banda sonora del Campeonato de Europa celebrado aquel año en Inglaterra, y en el que España, en su línea, no pasó de cuartos. La banda sonora de la película Goal! (Sony- BMG) del realizador Danny Canon, lo intenta con una equipación de nuevos talentos de la Liga inglesa (Kasabian, The Bees, Dirty Vegas) algún fichaje extranjero (los galácticos Trail Of Dead, rugby puro) y un aparatoso lote de remezclas firmadas por UNKLE sobre originales de Oasis, que además incluyen un inédito, la tierna Who Put The Weight Of The World On My Shoulders? El gol lo meten, sin embargo, los Happy Mondays de Shaun Ryder, el único delantero que sigue en la alineación titular desde The Beautiful Game y cuyo Playground Superstar abre el disco desde la banda. Mucho Manchester... P a idea de hacer una película de sketches de tema erótico y encargárselos a directores de nota no es nueva: hace diez años se hizo la similar Erotic Tales y en los años 60 era casi habitual entre autores franceses e italianos. Es difícil que un cineasta haga obra con este tipo de trabajos y sus fans suelen quedarse más bien interruptus con ellos, pero en ocasiones alguno aprovecha la ocasión para ensayar al menos un divertimento de interés. Es el caso de uno de los tres participantes en este Eros al parecer Almodovar iba a ser el cuarto pero se apeó en marcha. Tal como queda, la sucesión de viñetas cumple el predica- L do erótico: empieza con un precalentamiento, traza un desvío para no llegar al clímax demasiado pronto y deja el orgasmo para el final (originalmente el orden era el inverso, lo que parece tener menos sentido) Juego previo: Antonioni recupera uno de sus viejos relatos- -o proyectos de guión- -de Bowling sul Tevere sobre los juegos de amor de la burguesía terminal. Los personajes se incomunican verbalmente o en silencio, la cámara trenza coreografías sobre sus movimientos, el vacío se llena con sus cuerpos gloriosos. Maniobra de distracción: un chiste de Soderbergh en torno a las fantasías de un paciente y su psicoanalista. El erotismo está fuera de campo. El clímax: en esta addenda a Deseando amar Wong Kar- wai cambia a Maggie Cheung por Gong Li pero sigue vistiéndola con esos qipaos que quitan el hipo. En realidad la viste su sastre y el amor no consumado que siente por ella se desborda en una escena escalofriante en que le toma las medidas sin cinta métrica. Eros por fin hace honor a su título. Arcadia Ejecutivo agresivo Bélgica Francia, 122 m. Director: Costa Gavras Intérpretes: José García, Karin Viard ANTONIO WEINRICHTER a obra de Donald Westlake está en la base de clásicos del cine negro moderno como A quemarropa o Los timadores y también del Two Much de Trueba. Ahora Costa- Gavras se ha fijado en otra de sus novelas y ha trasladado la acción a Europa; no debe haber perdido con el viaje porque la historia que cuenta es, por desgracia, bastante universal: un trabajador perfectamente capaz se queda sin trabajo a causa de la política ahorrativa de su empresa. El que sea un alto ejecutivo y no un currante hace que la historia pueda estar más cerca del humor negro que de Ladrón de bicicletas pero la angustia y la pérdida de autoestima que siente el protagonista son genuinas y le llevan a adoptar una decisión radical: eliminar sistemáticamente a la competencia que se interpone entre él y el nuevo puesto al que aspira. Costa- Gavras le compara con el M. Verdoux que encarnó polémicamente Chaplin pero está más cerca de ser una versión en trivial y en ejecutivo agresivo de Ricardo III sin taras físicas apreciables. Al contrario, José García es más bien atractivo y de él depende que sigamos de cerca a su personaje en su terrible campaña de mejora curricular. Pese a su buen hacer la peripecia acaba por estirarse demasiado, o por parecer que lo hace: para evitarlo, habría hecho falta la refinada malicia narrativa del Claude Chabrol de aquellos crueles retratos de la burguesía francesa que aquí se hacen añorar. L Ilusiones rotas Una escena del episodio dirigido por Michelangelo Antonioni Recorrido sin final España, 2005 Director: Alex Quiroga Intérpretes: Lilian Caro, Teresa Hurtado de Ori, Jemmi Paretas JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Hostage Bruce y sus camisas sucias EE. UU. 95 minutos Director: Florent Siri Intérpretes: Bruce Willis, Kevin Pollak, immy Bennet JOSÉ MANUEL CUÉLLAR Vuelve el héroe. En realidad, Bruce Willis es el héroe de la humanidad, con sus resoplidos callados y su mirada serpentina, llena de peligro y esperanza al mismo tiempo. Es lo que mejor sabe hacer y a lo que se dedica con prisa y sin pausa. He aquí otra de las suyas, con mucha brutalidad, mucho fuego y muchas balas. Una trama bien dibujada con rehenes y sentimientos a flor de piel. Es un correcto esbozo el de Florent Siri aunque tiene lagunas en un guión que lleva a un desenlace apresurado y Bruce Willis confuso, amén de hacer demasiados homenajes de discutible merecimiento. Navega este trabajo por sen- deros reales hasta que la historia se desmadra y se le va de las manos a sus creadores, que han tenido que pergeñar las líneas a tono con heroicidades poco creíbles y tirando de la camisa sucia y negra de Bruce, que es algo que nunca falla en la taquilla (ya está en el horno La jungla de cristal 4 Si no hubiera sido por este final atrapado al vuelo y con alfileres de trapo, la película habría tenido más valor que el que generalmente se confiere a relatos de acción como éste. Porque tiene esta obra una subcapa interna de fracasos reales y humanos detrás de la pared de vacas y tiros. Mantiene un ritmo alto y luego se desboca con rapidez para atrapar al espectador. Pero han sellado los caminos de una relativa grandeza en pos del final bonachón e improbable. Quizás era pedirle mucho al bueno de Bruce. Al menos hace lo que sabe hacer y en estos duros tiempos ya es bastante. rata Quiroga de cuatro historias alrededor del 11 M, pero el atentado en sí parece, tal y como está tratada la película, una excusa para llamar la atención sobre las historias, y no al revés. Carece de importancia la tragedia nacional y cobra trascendencia la narración individual sobre las esperanzas de cuatro grupos con sus problemas y disyuntivas. En este aspecto, la película, esbozada en forma de documental, tiene sentimiento y cierto interés. Es en el fondo global de la película cuando todo se pierde pues se queda corta en el desenlace final. Nada se sabe de ellos después de, ni del atentado en sí, ni si en realidad todas sus ilusiones se rompieron. Se supone que se deja al libre albedrío del espectador, pero tras un recorrido similar se esperaba una respuesta. T