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6 Opinión VIERNES 28 10 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JUAN ANTONIO SAGARDOY BENGOECHEA CATEDRÁTICO DE DERECHO DEL TRABAJO HUELGAS DE PATRONOS L A huelga, entendida como una reivindicación de los empleados ante sus empleadores, como una protesta de los trabajadores contra su correspondiente patronal es, además de un derecho constitucional, una vía de progreso social que ha dado más frutos que quebraderos de cabeza desde que, como expresión de las sociedades industriales, ocupó el panorama a principios del XIX. En la actualidad, al hilo de los últimos acontecimientos impulsados en la vida española como consecuencia de la elevación de los precios de los combustibles, hemos aceptado la corrupción, lingüística e ideológica, de llamarle huelga a lo que son, más propiamente, cierres patronales M. MARTÍN Se habla de una huelga FERRAND de transportistas o de otra de pescadores y, con más precisión, habría que hacerlo del lock- out iniciado por los empresarios del transporte o de los armadores pesqueros, convertidos en dueños de las bocanas de los puertos de España. Para mayor perversión conceptual, lejos de castigar a los responsables de los incrementos de costes que tanto les perturban, se ceban con los ciudadanos que, sin arte ni parte en el asunto, se ven privados, caprichosa y violentamente, de algunos de sus derechos fundamentales. Ya se sabe que la autoridad es un concepto en desuso y su ejercicio, lejos de ser reclamado por una mayoría consciente, tiende a ser bautizado como fascista o cualquier despropósito equivalente. La Unión Europea ha consagrado lo que ya era una realidad operativa, y hasta moral, en la España tradicional: la subvención. Sin ella, independientemente del ropaje que utilice en cada una de sus presencias, ya no pueden entenderse actividades como la agricultura o la ganadería. ¿Hasta dónde hay que alargar el índice general de subvencionados? Es tanta el ansia que las ubres del Estado se van secando con tanto mamoneo y, de hecho, muchos de los productos de nuestro consumo habitual los pagamos dos veces. Una, al adquirirlos en el mercado y otra con cargo al Presupuesto que engorda con nuestros impuestos. Añadirle a la obscenidad que toda subvención lleva consigo la violencia explícita en sus reclamaciones es negar la función del Estado, evidenciar la dejación del Gobierno y, al tiempo, un ejercicio de provocación para quienes, sin subvención alguna, tenemos que llenar los depósitos de nuestros automóviles y además dejar pagado parte del fuel de los airados empresarios de la pesca y el transporte. Añádesele a todo ello, que no requiere muchas explicaciones, la actuación, más cómica que perversa, de las Administraciones y tendremos el marco total de una situación insostenible que, paradójicamente, se sostiene. La resignación puede ser una gran virtud personal; pero, convertida en colectiva, en social, es la llave que cierra el grillete que nos convierte en súbditos después de arrancarnos la condición ciudadana. NUNCA LLUEVE A GUSTO DE TODOS El autor analiza los parámetros por los que debería discurrir la reforma laboral que, a su juicio, será difícil que se produzca si, en esta etapa de globalización y deslocalización, no se asientan antes las bases del modelo que se persigue y se conjugan con un estándar social razonable D UDO mucho, aunque no lo desee, que haya reforma laboral que merezca tal nombre. Desde julio de 2004, en que se produjo la Declaración para el Diálogo Social, no se ha dado ningún avance, entre otras razones porque al tener los agentes sociales plena disposición en cuanto a los términos de la reforma no desean ceder, motu proprio, en sus posiciones. Es muy difícil la autocirugía en el ámbito laboral, como demuestra la historia. Pero si la reforma es necesaria, y eso parece que nadie lo duda, habrá de hacerse de un modo o de otro. Y en esa reforma los empresarios desean que se les otorgue una mayor flexibilidad en la creación y gestión del empleo y los trabajadores que el sacrificio que ello suponga, merezca la pena. En esa línea, entiendo que la posible reforma laboral debe producir un mayor dinamismo de nuestras empresas y que, por el contrario, la inactividad, podrían llevar a la empresa a la esclerosis. Pero mal nos iría si, además, no se abordasen otras operaciones de reforma que impulsen el crecimiento económico. Fiscalidad, formación, investigación, ánimo de emprender, etcétera, son tareas de ineludible tratamiento si no queremos hacer una reforma laboral de gran coste social y magros resultados. El BOE no crea empleo, pero puede ayudar a destruirlo por la rigidez de sus normas. Allanemos el camino, pongamos el campo de juego económico limpio de obstáculos para invertir y emplear, pero después hay que jugar, hay que invertir, hay que crear empleo. Y eso requiere que simultáneamente se aborden los demás aspectos de la reforma global que necesita nuestro país. Ahora el Gobierno ha propuesto una base de discusión, una herramienta para centrar las discusiones y apuntar zonas de encuentro Y por ello propone- -con declaración explícita de que no va a imponerlas- -una serie de medidas centradas fundamentalmente en la reducción de la temporalidad y el fomento de la contratación indefinida, además de una nueva regulación, más restrictiva, de las contratas y subcontratas. Son doce temas los que se abordan con propuestas concretas. Obviamente no es posible en este artículo abordar y enjuiciar todas las medidas, que por otra parte han producido en los destinatarios reacciones esperadas y lógicas. A los empresarios no les gusta lo que les coarta sus facultades emprendedoras y directivas, a través de un intervencionismo excesivo y a los sindicatos no les parece apropiado ni ceder en derechos adquiridos ni aceptar recortes en materia de despido. Pero como ambas partes han demostrado a lo largo de estos últimos 25 años una gran capacidad de negociación, con frutos apreciables, es de esperar que al menos en materia de contratación se pongan de acuerdo, pues falta hace. En España tenemos un porcentaje de contratos temporales muy alto, de los más altos de Europa. Y además de ser temporales son de muy corta duración. Somos un -Ahora entiendo la despreocupación del Gobierno por prevenir la gripe aviar.