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ABC JUEVES 27 10 2005 55 Cultura y espectáculos Una investigadora española establece por primera vez los gustos enológicos del faraón. Ayer presentó las conclusiones de su estudio en el destacado marco del Museo Británico A Tutankamón le gustaba el tinto TEXTO: EMILI J. BLASCO CORRESPONSAL LONDRES. Murió joven, pero tuvo tiempo de entregarse a uno de sus placeres: el vino tinto. Tutankamón, conocido como el faraón- niño porque accedió al trono a los nueve años, fue enterrado tras su muerte prematura diez años después, ocurrida en el 1323 antes de Cristo, rodeado de ánforas repletas de vino. Una investigadora de la Universidad de Barcelona, María Rosa Guasch Jané, acaba de determinar que María Rosa Guasch Jané Farmacéutica se trataba de vino tinto, probablemente el preferido del faraón, según el estudio que presentó ayer en el Museo Británico de Londres. Otro de los misterios de Tutankamón ha quedado así desvelado. Aunque por la coloración de las pinturas del antiguo Egipto conservadas se suponía que el vino que tomaban mayoritariamente los egipcios en sus celebraciones era tinto, es la primera vez que se demuestra científicamente el color rojo del vino cuyos restos han sido hallados en ánforas y vasijas de aquellas antiguas dinastías. Aunque también se conocía el vino blanco- -detrás de su demostración anda igualmente María Rosa Guasch- los restos analizados procedentes de la tumba de Tutankamón indican sólo la presencia de tinto. El vino tinto era considerado superior, era el utilizado para los ofrendas, y probablemente fue seleccionado por el propio faraón de lo que había en palacio señaló la investigadora, en un acto patrocinado por la Fundación para la Cultura del Vino, entidad integrada por algunas de las principales bodegas españolas. Farmacéutica apasionada por la egiptología Investigadora del Departamento de Nutrición y Ciencia Alimentaria de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Barcelona, María Rosa Guasch estuvo desde pequeña interesada por el mundo de las pirámides y los faraones. Quería estudiar egiptología, pero las cosas fueron por otro lado reconoce. Tras estudiar la carrera de Farmacia, realizó un máster sobre análisis de vinos y luego centró sus cursos de doctorado en egiptología. Finalmente reunió esos diversos intereses en una tesis doctoral que comenzó en 2001 y que hace un mes defendió en la Universidad de Barcelona. Las conclusiones las presentó ayer en el destacado marco del Museo Británico, uno de los centros europeos con más piezas del viejo Egipto, en un acto en el que la Fundación para la Cultura del Vino sirvió para su degustación un buen catálogo de caldos ibéricos. Vasijas con shedeh Tutankamón tenía preferencia por el líquido fermentado de uva negra. Además de vino tinto, en su tumba había vasijas con shedeh un tipo de vino calentado, similar al vino de Málaga, que también por primera vez Guasch ha podido determinar que se elaboraba a partir de uva negra y no de granada, como creían algunos especialistas. Guasch ha llevado a cabo su estudio a partir de vasijas egipcias conservadas en el Museo Británico y en el Museo Egipcio de El Cairo. En este último tuvo acceso a recipientes hallados en la tumba de Tutankamón, descubierta en 1922 por el inglés Howard Carter y que fue la única sepultura del Valle de los Reyes que llegó sin saquear hasta la edad contemporánea. La investigación sobre las preferencias enológicas del faraón se basan en el análisis químico del poso extraído de dos ánforas. Una de ellas llevaba la siguiente inscripción: Año 5. Vino de la Casa de Tutankamón, señor del On del Sur, procedente del Río Este. Por el bodeguero Khaa El texto, similar en el tipo de datos hallados en otras ánforas, detalla el año de producción- -seguramente el quinto del reinado del faraón- -y su productor, así como el lu- gar de origen: el vino consumido en el antiguo Egipto procedía de un terreno situado junto a un ramal del Nilo formado al este de su delta, hoy desértico. Un caldo neolítico La técnica utilizada por Guasch ha sido analizar la presencia de ácido tartárico con el fin de reconocer trazos de la antigua presencia de vino, y de ácido siríngico, que indica el color rojo del vino. La apreciación de este tipo de caldos llegó a Egipto, procedente del área de Palestina, hacia el año 3.150 antes de Cristo, según los descubrimientos de Patrick McGovern, arqueólogo molecular de la Universidad de Pennsylvania, que participó en la presentación realizada por Guasch en el Museo Británico. La más antigua presencia de vino ha sido detectada por McGovern en recipientes del año 5.400 antes de Cristo en un yacimiento arqueológico de Irán, aunque se supone que el uso de la fermentación ya se conocía desde el Neolítico.